EL NIÑO EN LA VENTANA



Se sabe de muchas visiones inquietantes en múltiples escenarios distintos. Algunas menos creíbles que otras, pero que dejan dudas para seguir con el interés de saber que es lo que realmente sucede o sucedió…

Este relato es de buena fuente. De alguien sin expectativas de impresionar ni darse crédito. Lo vivió con gran sorpresa y  se pasó un  largo rato preguntando a sí misma que había ocurrido. 

Era una mañana en la que ella había invitado a compañeritos de sus hijos en edad escolar a venir de visita a casa. La casa era “nueva” para su familia, pero le faltaban terminados y accesorios como las cortinas.  Hacía poco que se habían mudado por la conveniente cercanía de la escuela para los niños, el bosque en los alrededores, un lago a unas cuantas cuadras, el terreno que era grande, la zona tranquila, y bonita. Así que era ideal para que todos jugaran a sus anchas corriendo en el frente y por la parte posterior que también tenía un amplio espacio. 

Ese día, la señora se dedicó a hacer los preparativos para la comida, y platicó un poco con la mujer viejita que le ayudaba en los quehaceres. La ancianita era una bendición por su invaluable ayuda para asear la casa, ayudar en la cocina, cuidar de todo con absoluta honrradez, y atenta disposición de servicio. Se había quedado en la casa para cuidarla hasta que hubo un comprador, y conocía muy bien todo para  apoyar en lo que fuera necesario, por lo que cuando se compró la casa solicitó a la señora  quedarse con el trabajo. Su oferta  fué más que bien recibida, y desde entonces  trabajó con constancia  y dedicación para la familia.

Los niños continuaban afuera jugando y la señora se asomaba de vez en cuándo para ver que hacían los invitados y sus hijos. La sopa y el guisado casi estaban en su punto, y ella decidió que podía ya cambiarse de ropa para estar a tono y salir al jardín con ellos. Como las recámaras tenían ventanas sin cubrir y la  suya estaba del lado posterior, no pensó que pudieran verla al cambiarse, pero mejor salió para advertir que no se pasaran  por un momento para el patio trasero. Que se cambiaría de ropa y saldría a organizarles un juego. 

Se metió en la casa y se dirigió a la recámara. Empezó a quitarse el sweater, y de reojo alcanzó a ver a; ¡Un niño asomado en una esquina de la ventana! Al verlo claramente, el niño como agachado, dio pasos rápidos para escabullirse y correr fuera de su vista.  La señora de inmediato se puso la prenda y salió muy enfadada diciendo en voz alta que: !Quien había desobedecido! Que les había pedido no pasar, y era muy feo que alguien estuviera espiando lo que no debía. 

Su asombro fue mayúsculo cuando observó que todos los niños estaban juntos hasta abajo cerca de la puerta de entrada y voltearon a verla diciendo que ahí se habían quedado como les  había dicho. 

Ella sólo dio media vuelta y no supo que decir. Pensó detenidamente si alguno se había escapado y pudo asomarse a la ventana para luego reunirse con ellos sin que lo hubieran notado. O si alguno estaba en el patio de atrás solo y no escuchó la orden de quedarse adelante, o; Quién era aquel niño que ella estaba segura había visto agazapado y luego caminar rápido para no ser descubierto;

O …???!!!

Regresó a la cocina y le contó a la señora anciana que seguía ahí,terminando lo necesario para servir, lo que había visto. La viejita muy tranquila le dijo que no se preocupara; Que era muy común que en el lugar en dónde hubiera niños, el “niño Fidencio” se aparecía, pero que no había porqué alarmarse. Que todo estaba bien y él cuidaba siempre de los niños en todas partes.















LOS ABUELOS


Milenarios robles de inmensa estatura. Cálida presencia que nos llena de paz y seguridad.

Cada uno guarda la emoción que viste a esas personas que si se tiene la fortuna de que estén vivos recibe un abrazo y un saludo cariñoso. Oferta de apapachos y hasta de malcrianza. Si están muertos, conservar el recuerdo vivo de su amor incondicional.

Sus historias son reales. Tanto si son relatos de cuentos que escuchamos cuando niños, como de su vida personal cuando de adultos nos enteramos de anécdotas y experiencias que como seres humanos vivieron con errores, “pecados” y aciertos.

De cualquier manera, prevalece en mí por los relatos en familia, su buen hacer como padres al recordar como hacían para que se tomara una medicina. Ponerla en una cuchara, “saborearla” e invitar a probar al enfermo que se rehusaba aferrado a abrir la boca.

Alentar la confrontación, con su respaldo, en situaciones o tareas complicadas para dar la seguridad de poder contra las circunstancias atemorizantes. Dar órdenes firmes, o la exigencia sin discusión de los comportamientos debidos para encontrar salidas y no quejarse de las condiciones.

Tener aprecio por un libro y animarse a leer mucho como un medio de aprender, desarrollar la imaginación y construir lo que la mente es capaz de crear. Pensar mucho más allá de lo conocido y sentir lo infinito como una fuerza al alcance para no claudicar, y mantenerse firme.

Herencia de valores transmitida por generaciones encarnada en nuestra madre y padre, inmenso orgullo personal, para afinar con inteligencia el presente y seguir adelante.

Son cronistas confiables de sucesos históricos como los asaltos al tren en la época de la revolución, o los fusilamientos a los contrarios a una causa. Portadores de medallas o actores importantes en asuntos públicos, así como de actos de caridad en las cárceles y hospitales.

Mi abuelo, maestro estricto para “regresar “a grados escolares anteriores a su propia hija para mostrar la disciplina debida al estudio. Abogado de las causas sociales y de las medidas exactas para las balanzas que pesan los alimentos que se venden. Buscador incansable de la Justicia y el conocimiento.

Mi abuela, con manos fuertes pero capaces de dar una caricia tierna y cobijarnos con su rebozo. Ceño austero por haber librado batallas personales difíciles emocional y materialmente. Pero siempre presente a pesar de su propio bienestar.

Es poco lo que se dice en estas líneas. Pero es posible provocar en su lectura recuerdos inefables, propios, gratos o amargos de los cuales estamos hechos para orgullo, o para el cambio que por su remembranza sigan siendo guía en nuestro andar.

Tal vez no me equivoque si escribo que habrá más cosas por las cuales agradecer a ellos quienes “como a hombros de gigantes” nos permiten ver el pasado, lo presente y el horizonte con mayor claridad.

¡Salve abuelos! Se lo merecen.

CIRENIO


 

 Existen lugares maravillosos que se confabulan para crear un encuentro inesperado y dejar una huella que se graba profundamente y para siempre. Sucedió en un punto de la sierra cálida en el estado de Guerrero.Ahí donde la gente de campo cultiva maizales que se pierden en el horizonte hasta donde alcanza la vista, y  a veces un pastor cruza con sus animales.

 Fue de pronto  que unos ojos enormes negros azabache, brillantes como capulines regados con lluvia, se me quedaron mirando.

Los ojos con forma de almendra en una carita morena entre curiosa y asustada eran de Cirenio. Un niño indígena de la sierra  guerrerense. Estaba sentado en un tecorral a pleno sol con su sombrero de Tlapehuala que le cubría la cabeza, pero dejaba ver el fleco lacio de su cabello color también negro, brillante, igual que la obsidiana.

No dijo algo, solo sonrió  un poco para observar el torpe caminar de alguien que viene de la ciudad a pisar su tierra que para él es su hogar y le asombra que para otros sea desconocida. Seguramente también le llamó la atención la indumentaria extraña en comparación con su camisa y pantaloncitos de manta blanca bordados, como su fajilla con franjas coloridas, y sus huaraches atados con correas de cuero.

En algún momento le pregunté su nombre, viendo con admiración su estampa como la de un cuadro que se exhibe en una galería de arte. Un niño indígena con la dignidad y hermosura para despertar el respeto a  su persona, y a nuestros antepasados. A la magnífica creación artesanal de sus trajes que Cirenio complementaba con un morralito colgado terciado al hombro que contenía su almuerzo, para cuando los animales que pastaban le permitieran un descanso, y un guaje con agua para refrescarse un poco.

Después de que mutuamente nos observamos, su sonrisa ya más alegre y franca, iluminó su carita dejando ver sus pequeños dientes blancos. Se bajó de un brinco de la barda de piedras para continuar con su trabajo, y corrió para juntar a los borregos y chivas que se dispersaban. 

Lo vi alejarse cuesta abajo de la loma hacia otro campo. Cirenio volteó para decir adiós agitando su mano y siguió corriendo. No me quedó más que su imagen perfecta en la mente como una comunión en medio del silencio, el viento caluroso, y esa mirada negra, inolvidable, llena de luz que vive en la tierra que se ama.  

Deseo fervientemente que Cirenio no haya perdido su gracia, su inocencia. Pero también que  haya realizado para bien, lo que su imaginación  hubiera creado en aquellas montañas apacibles que lo vieron crecer con tanta belleza.



EL PICHI


Realmente su nombre era Pichicuas. Tenía un color como del trigo, pajita, con algo de blanco en sus patas. Su talla pequeña, pero con un andar garboso y ligero. Muy alegre, activo, súper inteligente. 


El haber crecido junto a niños le desarrolló su instinto explorador y de caza. Su sensibilidad para entender el lenguaje de las señas lo hizo alerta para observar cada detalle. “Quieto; ¡Vamos!; Busca! No te muevas” …


Cuando fue cachorro, sus compañeros de aventuras también lo eran, así que conjuntaron sus energías para correr, jugar, y darse un descanso al final de la jornada comiendo toda clase de golosinas y frutas.


De adolescente y joven acompañó todos los días a su ama mayor muy temprano por la mañana a comprar la leche para la familia. En ese entonces había un establo un poco lejano de la casa en donde vivían, pero a su ama mayor le gustaba la caminata y sobre todo conseguir buenas cosas como la leche recién ordeñada. En la primavera y verano a veces iban también los niños, pero en tiempo de invierno, ellos se quedaban dormidos y él y su ama mayor hacían el recorrido solos. 


El frío se sentía fuerte, el vaho salía de la boca así que los cachorros humanos se quedaban bien cobijados en casa. 


Cuando ellos crecieron y tenían la edad aproximada a su vida perruna, la jornada era compartida bajo la supervisión del ama mayor. Se acompañaban todos y en el camino había carreras, juegos, trucos, pero sobre todo estaban alerta para avistar a las bandas de los callejeros que amenazaban con darle una tunda. A veces lo habían logrado y él salía lastimado. Por eso el mayor reto era que sus compañeros lo defendieran, esquivaran a los malosos, espantaran a los peleoneros y como último recurso, lo cargaran en brazos para que no le hicieran daño. 




Los domingos eran días de misa. Como él no podía entrar se quedaba en la puerta del templo. Escuchaba toda la ceremonia echado. Movía las orejas para monitorear cualquier sonido, con lo cual sabía cuándo la celebración había concluido y se sentaba atento oliendo el paso de la gente. Cuando veía a su manada daba brincos emocionado y partían todos de regreso a casa. 




¡Llegó a tanto su inteligencia y buen comportamiento que lo llevaban de vacaciones a Acapulco!
Se metía al mar, lo tapaban con arena, tomaba agua de coco, hacía las mismas escalas “estratégicas” nunca sufrió de mareos ni se ensució en el auto. A tal grado que unos vecinos humanos lo “pidieron prestado” para llevarlo también con ellos a Acapulco. Él ya conocía el mar, y no hubo problema.
Precioso canito, espero que en dónde estés ahora, tengas todo lo que te ganaste por ser un maravilloso amigo y compañero. :)

TORTAS PASEADAS


Hay recuerdos de la niñez que posibilitan en cualquier día, hacer un cambio de humor muy afortunado.


Se confabulan para traer imágenes con las cuales se vuelve a sitios de recreo, paseos, vacaciones, escuela o casa en donde existen emociones de todo tipo. Aunado al reconocimiento del gran esfuerzo de los padres y madres que pese a muchas circunstancias adversas y no pocos desacuerdos de pareja, por las distintas crianzas, costumbres, ideales y aspiraciones, mantienen el compromiso de criar a los hijos y brindarles lo mejor que tienen en cada momento. 


El resultado de todas esas vivencias, configuran estilos de vida. Personalmente considero que es un asunto tan valioso, que me hace pensar en una adaptación “multimodal” que es útil para siempre y para todo. 


Me explico:  Para los incontables paseos dominicales, mi madre disponía en una canasta comida lo que tenía a mano. Particularmente preparaba tortas.  Ya fuera que nos llevaran al campo, a un parque, al tradicional bosque de Chapultepec, o un lugar más lejos por cualquiera de las carreteras que confluyen en la gran Ciudad de México hacia Cuernavaca, Hidalgo, Puebla, Toluca etc. cuando había que comer, se hacía un alto para empezara el reparto de lo que había en la cesta. 


Sobra decir que las “tortas paseadas” eran mis preferidas. ¡Qué bien que sabían!  Entre que de niño uno disfruta con todo entusiasmo lo que hay. Como el agua; No importa si es de un río, lago o charco. Lo verde; Que tampoco importa si es de bosques, llanos, praderas, cerros o jardines. Explorar; Con todo cuidado o a toda carrera, el caso es que después del ejercicio las tortas sabían a gloria. 


Con la cantidad de comida que se llevaba, gracias al ahorro y al cuidado que ejercía absolutamente mi madre, era frecuente que hubiera sobrantes. Así que, inclusive después de haber llegado a casa ya tarde-noche, se me ocurría hurgar entre el mantel que cubría la canasta. Busca, busca, ¡y… bien! Una torta paseada y re-paseada era una cena inmejorable. 


Es un verdadero privilegio el haber tenido esa comida, esos paseos, y valorar profundamente el como un estilo de vida se transforma “multimodalmente” para aprovechar en cualquier circunstancia lo que se nos ofrece y optar siempre porque se perciba como lo mejor.

 

UNA HISTORIA EXTRAÑA


Sucedió como corolario de una serie de noticias trágicas por el fallecimiento de una persona cercana, muy querida. Involucra a gente de la familia, otras personas también conocidas, de quienes no habría que dudar por sus declaraciones.

Era un día normal en el mes de Octubre, dentro de la rutina del protagonista. Él estaba en ruta para hacer algunos pagos. Llevaba su caja de herramientas, para más tarde abrir su negocio y empezar a trabajar.

De pronto sintió un dolor agudo muy fuerte en el pecho. Era difícil respirar y el dolor aumentaba. Apretó contra sí sus cosas y los pasajeros del autobús desconfiaron de su comportamiento. No sabían que ocurría, alertaron al chofer para que detuviera la unidad y viniera a revisar que estaba pasando.
El chofer se dio cuenta de que el pasajero estaba grave. Bajó a todos y llamó a los servicios públicos de auxilio. De acuerdo con los relatos, no hubo ya algo que hacer. Un infarto terminó en poco tiempo inesperadamente con la vida de aquel señor.

Ambulancia, policías, ministerio público y traslado del cuerpo a una delegación para abrir un expediente en un acontecimiento que se persigue de oficio en esas circunstancias. Llamar a los familiares, empezar los trámites terribles aunados al desconcierto, la pena y el dolor…

Cerrado ese caótico episodio, el hijo regresó al lugar de trabajo de su padre. Como hijo mayor, siempre estuvo al pendiente de ayudarlo. Lo visitaba para platicar con él y procuraba hacerle compañía. Tuvo que dar por terminados los asuntos de trámites, trabajos pendientes, avisar a los clientes, ordenar todas las herramientas y notas de trabajo. Muchas veces mientras tanto, pasaban por la calle personas que conocían al señor, y preguntaban por él. 

Los vecinos de otros negocios también preguntaban, dado que habían notado que su local permanecía cerrado. Cada vez era más pesado y abrumador dar la misma noticia: “Mi padre ha muerto. Gracias, ya no vendrá más por estos lugares”. La gente le decía que lo sentía mucho. Le daban la mano, un abrazo, y continuaban su camino.

Finalmente, terminada esa labor de despedida, bajó la cortina. De vez en cuando regresaba para revisar el local, ponerlo en venta, y mantener los pagos al corriente.

En el mes de enero pasadas las fiestas de fin de Navidad y año nuevo, los dueños de un restaurante al que acudía el señor, vieron al hijo. Le preguntaron “Si a su papá le había gustado la cena de Navidad”. Con gran tristeza él les contó que su padre había fallecido.

Lo siguiente dejó a todos impactados. El hijo señaló que en la fecha de la Navidad su padre ya no estuvo presente, que había muerto en el mes de Octubre. Los dueños del restaurante amablemente dijeron que con eso no se jugaba. Que no les hiciera esos comentarios. ¡ELLOS habían despachado la cena de Navidad a su padre en persona!...

Lo desconocido es impresionante. Inexplicable. Hay muchas suposiciones. Tomamos la que más nos tranquiliza para seguir viviendo, hasta que llegue el momento personal de descubrir el gran misterio todavía no revelado.

Paz para todos. Amen.

CÓMO TE VA EN LA FERIA?


Cuando repasamos etapas de vida personal o de alguien que ha convivido muy de cerca con nosotros, seguro encontramos que la vida nos confronta con situaciones difíciles para aprender, y sobre la base de vivencias críticas buscar salidas y alternativas.

 Cómo te va en la feria, es tal vez una manera muy dura de darte cuenta de que, si no pones la atención total para crear un anhelo que oriente la acción, hay muchos callejones y laberintos que parecen insalvables. Como ejemplo, he tenido encuentros con personas que han superado obstáculos increíbles. 

Puedes imaginar a una persona, trabajar en lo que se pueda, aprender algo útil que sirva de modo de vida, para ganar dinero y solventar las necesidades de una familia como algo ineludible.

 
Este muchacho, llegó a una casa de gente adinerada, en donde se había solicitado un servicio. Él era joven, tenía toda la energía, pero se había desarrollado con carencias extremas. A tal grado que cuando atravesó un patio vio las charolas de la comida de los perros. Contenían un guisado de mollejas de pollo. Cómo explicar esa visión y las ganas de comerlas…

Cómo entender la frustración y el dolor de saberse obligado a asumir responsabilidades fuera de tiempo. El no tener la oportunidad de estudio ni diversión, ni algo tan sencillo como crecer y formarse una sana ambición de trabajo honesto que posibilite un mejor futuro…

Sin embargo, en el laberinto que lo acorraló durante mucho tiempo y puso a prueba todas sus capacidades, él pudo encontrar la salida.

Leyó cuanto libro cayó en sus manos, se adiestró en un oficio, siempre estuvo dispuesto a viajar para conocer otros lugares, ejerció su voluntad para dejar vicios, cultivó su imaginación para algún día pisar realmente las tierras de países lejanos, se acompañó de personas ejemplares, y dejó a quienes le invitaban a seguir en ambientes deplorables, apreció el silencio y la soledad como grandes maestros.  

Seguramente insisto, has conocido historias similares. Lecciones de vida que te marcan.  Personas que nos dan la oportunidad de reflexionar y darnos cuenta de que la feria de la vida transcurre con momentos y situaciones temporales.

Se dice que cada uno habla “según le va en la feria”. No obstante, como es Tú feria puedes cambiar los juegos. Elige. Se trata de no perderse, buscar salidas, y resolver laberintos.

ASÍ ES SU MODO

Esta frase se integró a nuestro vocabulario familiar en una visita al mercado de Iguala.
Aunque actualmente es una gran ciudad, el mercado sigue en su lugar original conservando las costumbres de compra y venta en los pobladores y la gente de los lugares vecinos.

Desde siempre Iguala se ha caracterizado por su gran actividad comercial. Es el centro de comercio más importante de la zona. Ahí llega mercancía de todo tipo, es conocida su fama por la venta de joyería de oro que poco a poco se ha ido trasladando a locales y edificios especiales. 

El mercado, por lo tanto, conserva su mayor intercambio sobre productos frescos. Muchos de los cuales son de fabricación artesanal, como los quesos y la longaniza, de recolección en los huertos o patios familiares, y en el campo. Mangos criollos, ciruelas, tamarindos, pipichas, nanches entre otros.

De temporal como los jumiles, y a veces desgraciadamente, dada la pobreza imperante en lugares de la sierra la gente viene a ofrecer animales que atrapan como iguanas, armadillos, víboras y ardillas.  
Esa parte del recorrido en el mercado o en las aceras que lo rodean es muy desagradable. La vista de animales atados o en jaulas es triste de muchas maneras. Son recordatorios de la necesidad lacerante en los lugares apartados, donde las personas tienen que supervivir con lo que tienen a mano y en este caso a costa de la depredación de otras especies que tampoco cuentan con la protección debida. 

En una ocasión, vi a una ardilla que corría sin parar en la rueda de la jaula. Es lo único que un pobre animal preso puede hacer. Personalmente fue una visión de verdad angustiante. Para ver si se podía hacer algo que aliviara esa situación, pero sin pensar en comprar, dije al vendedor que esos animales no son mascotas, que era cruel tenerla encerrada etc.  El señor solo volteó a verla. Me dijo: “Así es su modo”, y volvió a su estado de letargo. 

Ese “modo” se ha quedado en la mente para referirse tanto a estados de ánimo que muestran: Alegría; Tristeza; Entusiasmo; Desgano y cualquier otro en la variedad que presentamos en la convivencia diaria.
Puede que sea para “ver y callar” o pensar más profundamente en la comprensión de la manera de ser de otros. Aceptar el punto de vista tan diverso sobre un asunto, el cómo cada quien entiende al mundo, y no obstante el desacuerdo en muchos temas y actitudes, seguir adelante, de todos modos.

LA SEÑITO MATILDE


Ella era una profesora jubilada, de quien  en su honor una escuela llevara su nombre. En casa le decíamos La Señito, como una muestra de respeto a su profesión y a que tenía muuuchos años. Vivía cerca de nuestra casa. No recuerdo exactamente a partir de que fecha, pero mi madre, al ver que le costaba trabajo caminar y pasaba a diario rumbo a la tienda a comprar algo para comer, le ofreció que de la comida que preparaba para nosotros, podía ponerle sopa y guisado en unos recipientes para llevar. Ella aceptó de muy buena gana.

Con el paso del tiempo, mi mamá se fue enterando un poco de su vida, y como éramos niños, nos contaba su historia para que fuéramos acomedidos, le ayudáramos a cargar su bolsa del mandado, y la acompañáramos hasta su casa. Supimos que había sido maestra de educación primaria para niños y niñas. Que vivía en aquella casa cercana, con un hijo retirado del ejército, pero que su compañía realmente era un viejo perro al que llamaba el “Oso”, el cual siempre iba a su paso, tan cansado como ella, a recorrer la media cuadra para llegar a la tienda en donde compraba su “mandado”.

La Maestra le contó que algunas veces se paraba frente a nuestra puerta que era de barrotes, para vernos jugar. Una vez quedó encantada al ver que habíamos llenado el largo patio con un montón de ramas secas que en nuestra imaginación formaban un bosque. Les habíamos enredado listones y flores de papel. Para ella, cuya vida había transcurrido entre gritos, alboroto y carreras de niños, esa visión la cautivó de manera que eso facilitó que se acercara a mi madre y aceptara pasar agradecida todos los días por la comida cuándo le ofreció ese servicio.

A partir de ese día cuándo me tocaba el turno de llevar su bolsa y la comida, entraba a su casa con un sentimiento de recelo. El ambiente era frío, estaba como en penumbra a pesar de ser de día. A veces se oía ruido en el piso de arriba al que se llegaba por una escalera semicircular de color rojo como de piedra molida.

Una vez al voltear vi en lo alto a su hijo. Era un hombre mayor muy delgado de rostro huesudo. Por lo que sabíamos, pasaba su vida  en solitario y casi nunca bajaba. Me sorprendió ver su cara con un parche negro que le cubría un ojo. Así que puse las cosas en la mesa de la cocina lo más rápido que pude y salí corriendo hacia la calle.

En otras ocasiones ella decía que su hijo no estaba. Entonces con más calma y curiosidad me asomaba al jardín que estaba en la parte posterior de la casa. Se veía totalmente descuidado, lleno de basura de hojas y plantas secas. Si el Oso escuchaba ruido entre la hojarasca, o alcanzaba a ver algún gato, casi se arrastraba, pero lo perseguía con todas sus fuerzas.  

La Señito se angustiaba por su querido perro, me decía que si ella se moría que iba a ser de él. Tan viejo y enfermo nadie lo iba a querer. Por eso ella deseaba que él partiera primero, para estar tranquila y luego ella se iría en paz.

Años más tarde se concedió su deseo. El Oso se puso muy enfermo, me tocó ver su agonía. Vi las lágrimas que ella derramó con la tristeza profunda por su compañero de vida. Tiempo después le tocó a mi madre presenciar la muerte de la maestra. De acuerdo con su relato, le quería decir algo, pero ya no podía hablar. Tal vez era que tomara dinero debajo de su colchón que le quería regalar, o que me diera la cajita con un prendedor de una escuelita con su campana que me había prometido. Ya nada de eso fue posible. Sólo quedó su recuerdo y mi deseo de que en donde quiera que esté sea muy feliz, acompañada de su fiel  perro el Oso.

EL POPOCATÉPETL


De las historias de familia que son para toda la vida, ir a escalar al imponente Popocatépetl o a la majestuosa Iztaccíhuatl es otra enseñanza de mi papá.

Él tenía alma de alpinista. Amaba especialmente al volcán. Cuando era la temporada para subir por las condiciones más seguras de la nieve, ya tenía listos los piolets, los crampones, chocolates, té de limón, y jugos. Llevaba a quienes queríamos ir con él.

Emprendíamos el viaje hacia Amecameca. De ahí había que tomar una camioneta que nos llevaba hasta el refugio de Tlamacas. El primer punto para pasar la noche y atacar la cima en la madrugada.

Para mí, estar en ese refugio era casi no dormir. El frío y la emoción se combinaban para estar atenta a los sonidos. En la obscuridad se escuchaban hasta muy tarde, las pláticas y risas de otros montañistas jóvenes que llegaban a todas horas y se preparaban también para intentar subir. Muchos de ellos realmente no sabían a lo que se iban a enfrentar.

Los alpinistas conocedores, respetan el silencio. llevan todo el equipo necesario y al final acallan las voces para que la noche sea apacible. Mi papá alguna vez perteneció a los grupos de alpinismo que se proponen conquistar los picos más altos de México y logran un reconocimiento a su esfuerzo. Sabía bien el solemne significado de pisar el suelo sagrado de los volcanes. Como no tenía los medios económicos para comprar buenos equipos, él mismo fabricaba las herramientas necesarias.

La Montaña y el Volcán son símbolos de Fuerza; De Resistencia; De Honor. La confrontación consigo mismo está en el fondo de una escalada. Caminar en la blanquísima nieve “eterna” de las alturas libera el espíritu y te llena de humildad.

Todas las ocasiones que fuí a esa aventura tuve esa sensación y un valioso aprendizaje. Cada paso en el terreno pedregoso y en la arena suelta de algunos tramos, me provocaban desaliento y mucho cansancio. Me animaba el ver a los cuervos negros graznar, volando cerca de nosotros. También ver a mi padre que no aceptaba pretextos de dolor de cabeza, ni de dientes, ni mareos causados por el acenso.

Cuando por fin hacíamos un descanso, el agradecimiento silencioso era enorme. Mi papá nos daba una taza de té caliente, y un trozo de chocolate que sacaba de su mochila. Lo repartía, y al tomar el pequeño refrigerio, sabíamos que era para que se tuviera la idea fija en llegar al siguiente refugio a más de 4,500 metros de altura.  

Si las condiciones del tiempo cambiaban, no importaba si ya se veía el borde del labio menor del volcán, regresábamos todos sin hablar con ese sentimiento de no haber llegado a la cumbre ese día, pero con la certeza de que el volcán con sus nieves eternas estaría para retarnos nuevamente.

No importaba si en alguna ocasión no pude ni subir las escaleras en casa para ir a mi recámara a dormir, sucia, despeinada, con la ropa arrugada, pero con la fascinación de haber pisado esa nieve blanca y brillante que a veces había visto desde lejos, pero que también conocía con la cara de frente al viento helado, y con el corazón latiendo a tope.



EL IZTACCÍHUATL

¡Que privilegio para México tener al “Popo” y al “Izta”!
Que privilegio para mi haber tenido un papá que amaba a la majestuosa Iztaccíhuatl. En alguna ocasión lo acompañé a una caminata maravillosa desde las faldas de la montaña. Uno de los caminos inicia desde el pueblo de San. Rafael.

Teníamos la meta de subir hasta el refugio de La Joya a 3,890 metros de altura, visitar las cascadas del Diamante, y posiblemente seguir hasta el segundo refugio en Chalchoapan que se encontraba a 4,630 metros de altura.

El recorrido entre el bosque de grandes árboles era en silencio, acompañado por el sonido de las pisadas en la la tierra llena de hojas de color marrón y amarillo, piñitas de los pinos, cantos de aves y de pequeños arroyos que se forman por el deshielo. Había que andar con cuidado para no resbalar.

Por la tarde-noche llegamos al refugio que era una nave de dos aguas con suelo de piedra durísima y espacio para albergar a muchas personas, nada más.

Así que; A poner “algo” en el piso para acostarse, apretar bien mi chamarra con un auto abrazo, y cerrar los ojos para tratar de dormir, porque a la mañana siguiente sería la visita a las cascadas. Eso, si no me despertaba el frío, y como no había un baño…, tenía que salir en la noche helada o, mejor dicho, gélida.

No obstante, ¡El espectáculo era de ensueño! La luna enorme brillando entre las copas de los árboles, iluminaba todo el terreno. Las pozas de agua del deshielo hacían un murmullo suave, y reflejaban a la luna llena.

Se podía escuchar el ulular de los Búhos y, ver el vuelo fantasmal de las lechuzas. Con esas imágenes grabadas para siempre, por la mañana no se sentía mucho el dolor de espalda.

Emprendimos la caminata. Con el rocío nocturno y el de la madrugada el sendero era resbaloso. En un momento se angostaba de tal manera que solamente en fila india se podía avanzar. Por un lado, la pared de roca altísima, y por el otro, un desfiladero con una inclinación peligrosa por lo que mi papá me había dado por precaución un piolet que yo llevaba bien agarrado.

Siguiendo el sendero di un paso en falso, y clavé el piolet en la tierra, tan fuerte, que se partió. La cara de mi papá cambió de color, dio media vuelta y lo seguí. La caminata había terminado. Para un alpinista, un piolet quebrado es señal de no continuar.

Nunca he olvidado esa experiencia. La belleza mágica y el respeto por el “Izta”, sigue para la admiración de todo el mundo desde lejos o de cerca. Yo la tengo en el corazón y en el orgullo de haber pisado su suelo desde adentro.  Gracias Pa.

SÓLO PARA CUADERNOS, NO PARA HOJAS SUELTAS


La pertenencia a grupos y la aceptación entre los integrantes es uno de los motivos para la creación de grandes obras.

Especialmente me refiero al sentido de amistad que se desarrolla entre personas geniales, inquietas, generosas, alegres, líderes en multitud de tareas productivas, con altos beneficios que se distribuyen en abundancia.  

No es fácil ser un cuaderno. Es más bien simple, cuando se tienen principios de vida semejantes.
He tenido la fortuna de conocer a personas que suman inteligencia, sencillez, educación y por eso mismo, se encuentran en posiciones de gran trascendencia. Su trabajo sostiene gran parte de los avances reales en áreas de desarrollo que de otra manera estarían desiertas.

Los resultados que producen a veces son exhibidos por gente oportunista ávida de reconocimiento mediante la farsa. A esos se les dice hojas sueltas que no caben ni pueden formar cuadernos valiosos.
 
Sólo para cuadernos es la sinceridad hasta de una crítica. Un consejo siempre con el permiso acordado mutuamente para opinar por la hermandad que los une. Son Contlapaches genuinos dispuestos a la ayuda sin demoras, aun en medio de juntas y  la toma de decisiones cruciales.  

Es un hecho que las situaciones de vida cambian. La edad, el trabajo, la familia, las rutinas están inmersas en una constante modificación. Pero los cuadernos armados con materiales fuertes resisten esas condiciones. No importa el tiempo se reconocen como la primera vez. Se alegran con los triunfos de otros y mantienen como una fuente brotante su derrama de actitudes de Fe y Confianza para sí mismos y para los demás.

Entiendo que es algo rebuscada mi explicación. ¡La lectura entre líneas no obstante es provocadora para la curiosidad de los verdaderos cuadernos!


Gracias a la Física; Gracias a la Ingeniería; Gracias a las Redes; Gracias a la maravilla y poder de la Tecnología; Gracias a las Finanzas; Gracias a la Actuaría; Gracias  a los GEEKs; Gracias al Conocimiento; Gracias a la Disciplina. Esos son parte   de otros materiales fuertes que forman cuadernos entrañables.




DE QUE LADO MASCA LA IGUANA


DE QUE LADO MASCA LA IGUANA.
Era una frase dicha por mi papá. La aplicaba en diferentes ocasiones para resaltar un buen logro, una manera exitosa de conseguir algo, como reafirmación para mí, porque él se sentía orgulloso, a su manera, de cada uno de sus hijos. 

De que lado masca la iguana también era un recordatorio de la mucha satisfacción que sentía por él mismo, cuando en sus tiempos de infancia y juventud fue superviviente del barrio bravo de la colonia Guerrero en la ciudad de México en donde creció.

A veces nos contaba muy brevemente, de las peleas callejeras que tuvo que enfrentar como autodefensa y para consolidar una fama de ganador que amedrentara a otros niños y jóvenes de bandas que dominaban en la cuadra o en la colonia. Los retos de bravucones, que había que ganar o literalmente echarse a correr para salvar su vida fue su estado “normal”. Peligros y trampas de otros tipos que atentaron contra sí mismo y lo atraparon para autodestruirse se los callaba pero estuvieron presentes de muchas maneras.
 
Salir a caminar, cuando se podía en los días de descanso, con sus pantalones anchos de pinzas que ajustan la cintura  eran la moda para lucirse con propios, extraños, y sobre todo con las muchachas, lo cual era  el complemento de las batallas ganadas.


Por eso la frase le alegraba. Él sabía en cuántas ocasiones se impuso por la fuerza, con agilidad de piernas, de inteligencia instintiva, y también de la  inteligencia que de manera autodidacta adquirió por su gusto a la lectura de poemas, historia, geografía, temas de todo tipo, que gracias a su gran memoria atesoró durante los años. Lo cual, amplió su visión para superar  en principio un entorno hostil que no le daba tregua para mostrarse dominante, destructivo. Luego,  para dejar lastres, y retomar con el tiempo su vida de trabajo.  

En algunas ocasiones nos llevaba a visitar la iglesia de San Fernando, templo muy significativo para él. Central en su barrio y  en su vida. Nos decía que ahí su madre pasaba muchas horas. Casi nunca llegaba al fondo de sus recuerdos. Se veía que eran tristes, pero a la vez se animaba sabiendo que tuvo que asumir responsabilidades y tareas de hermano mayor para compensar las muchas carencias económicas, de seguridad, apoyo y acompañamiento de las que a él le faltaron pero que cumplió para sus hermanos menores.

Con esta perspectiva, personalmente la frase y sus enseñanzas tienen un significado muy importante. Es una reflexión que  me ha heredado junto con un aspecto reservado de su carácter.

Me enseñó a su modo a ver  desde diversos planos, ¡De qué lado masca la iguana y se lo agradezco profundamente! 



2 DE NOVIEMBRE, IGUALA Y CASA


En torno a lápidas, altares, y en cualquier lugar en donde está puesta una señal en recuerdo de alguien, es el día en donde las almas de los vivos y de los muertos se juntan.

La vida del panteón de Iguala en esta fecha es según la tradición, una fiesta para celebrar. Se escuchan las melodías de bandas, mariachis, tríos, y toda clase de músicos interpretando las canciones preferidas de los muertos.  Hay abundancia de comida que se comparte con conocidos o desconocidos. Cada tumba florece con una variedad de colores entre los que destaca el amarillo brillante del Cempaxúchitl, el morado intenso del Terciopelo, las Siemprevivas , Nubes, Lilis, cadenas de una flor blanca con centro rojo que forman cruces, collares y más, que se ponen como adorno Junto con velas de cebo y veladoras.

Cada año como un ritual solemne entre risas y recuerdos se vive la tristeza apacible por los seres queridos. Se encienden velas, se sahúma con incienso y copal el lugar, así que el ambiente se llena de ese olor intenso que en los altares de las casas impregna toda la ofrenda. Ese aroma característico me encanta. No obstante, de niña me disgustaba porque al día siguiente los alimentos expuestos toda la noche en el altar, se comen. Se dan a los vecinos, familiares y conocidos. Igual que se los recibe como intercambio.

Era una pena porque en mi paladar se perdía el sabor del pan de canela, naranja o azahar, con forma de animales y fantasmas; De los tamales de ciruela, los de dulce que en Iguala se les conoce como “heridos” por una línea roja que los distingue. Los tamales nejos que acompañan al mole verde; También la fruta como los nanches, y los mangos, todo tenía un gusto uniforme a incienso y copal.

Sin embargo, es un modo tan propio, tan sincero de celebrar, que hoy, después de haber participado desde la infancia con mis abuelos, mi madre, me llena de alegría. Porque he visto que en la casa  de uno de mis hijos, él puso un altar para los muertos, hizo un caminito con los pétalos del Cempaxúchitl que en la noche adquiere un tono brillante para que se siga iluminado el camino de las almas. AMEN.

AL BUEN ENTENDEDOR POCAS PALABRAS


El lenguaje y las palabras han sido determinantes tanto para la evolución de la especie humana, así como para gestar su propia destrucción en todos sentidos.

La frase puede parecer simple. En “realidad” es un conjuro de inteligencia. Entendido como algo para alejar lo indeseable, o atraer lo que sí queremos.

El significado y uso de las palabras depende de cada persona. En la comunicación humana existe un deseo para darse a entender y poder conciliar lo que los otros nos quieren decir.
Lo más que se puede hacer, es emplear los términos y significados comunes que se encuentran en los diccionarios. No obstante, es usual que se hable, se escriba, se hagan señas o se usen símbolos, que es frecuente causan malentendidos, prejuicios, y comportamientos complicados de interpretar.

Todo esto aunado a la manera en como se lo dice con la carga emocional de cada quien, resulta en verdaderos enredos con consecuencias de pronóstico reservado.

Se pueden observar conductas que sugieren que mientras más susceptibilidad y escandalo producen en un diálogo, el Ego es el que reacciona. El ego ignorante, soberbio, necio y arbitrario.

La imagen personal se defiende sobre cualquier intento de negociar. Se aleja la conciliación y por esa misma causa se impone a cualquier precio la famosa “última palabra”.

Sin embargo, también se nota cuando alguien entiende. Más allá de la sobre reacción y alarde en un afán de convencer y demostrar lo que probablemente no se ha acabado de SABER.

Por eso al buen entendedor pocas palabras y en casos extraordinarios, nada. El silencio sabe hablar mucho mejor y la réplica es innecesaria.

OLOR COMO DE TORTA COMPUESTA.


Hilando recuerdos y frases de familia, mi madre decía que su delantal y a veces toda ella; ¡Olía a torta compuesta! Nos causaba gracia la frase, era muchas veces repetida, sin que se le prestara mayor atención. 

Sería porque no se sabe, ni se aprecia el valor de lo que significa, hasta más tarde.

Lo que ahora sé y reconozco, es que ella dedicaba gran parte de su tiempo en preparar la comida. 
El desayuno, la comida del medio día, y la cena. Interminable labor de creatividad, de magia, de malabares económicos, de nutrición y variedad. Nunca nos enteramos si para ella era cansado, y rutinario.   

Cada día, durante muchos años, preparó algo diferente. Con ingredientes de todo tipo para hacer rendir el dinero del “gasto”, y básicamnte con  el gusto y la sazón de su tierra Igualteca.

Describo brevemente algunos ejemplos. 

El aporreado estilo Guerrero para el desayuno, era un revuelto de huevo con cecina machacada y frita, rebosante de salsa roja de jitomate. Tortillas calientes o recalentadas.! Mmm!

Para la comida del medio día; Clemole de pollo, sazonado con epazote. Una mezcla de chile pasilla y guajillo secos, ajos, y para servirlo, cebolla fresca picadita. ¡Otro Mmmm!

La cena sencilla. Siempre con la presencia del maíz. La masa para preparar las delicias que son comunes en las casas de todo México en diferentes formas de gordita, enchiladas, picaditas, tostadas con salsa verde, roja,  de chiles serranos, jalapeños,de árbol, pasilla, entre otros, hecha en el molcajete. 

 
Después de hacer este corto recuento, ya veo el porqué de su frase. Con un solo día al frente de la mesa de trabajo en la cocina, y la estufa en donde se funden tantos sabores y olores no cabe duda de que el olor a torta compuesta era de esperarse.  

¡Solo queda agradecer y, mucho!  Esa dedicación. Ese olor que se ha transformado en aroma.

DON PEPE


Hay personas que, aunque no son de la familia, forman parte de nuestra vida porque completan el cuadro, por ejemplo; De tu infancia. Las celebro con mucho cariño.


En la cuadra donde estaba mi casa, casi en la esquina había un estanquillo o tiendita que atendían una pareja de viejitos. No los recuerdo ni más ni menos jóvenes. No sé cómo, pero se han fijado en la memoria solamente como personas mayores. Eran Don Pepe y su esposa. 


Don Pepe era un viejito callado, muy trabajador. Desde que levantaba la cortina de su negocio empezaba su rutina. Sacaba un medio barril de madera con un cincho de metal, y dentro acomodaba un bote de lámina. Procedía a cortar en trozos un gran bloque de hielo el cual había sido dejado previamente junto a su cortina por el camión que lo surtía a diario. Acomodaba los trozos alrededor del bote, y agregaba mucha sal.


Luego se sentaba en un banquito y en una tabla encima de sus piernas partía limones, los exprimía en una cubeta llena de agua, agregaba azúcar, hacía la limonada y la vertía en el bote. Empezaba entonces con mucha paciencia a darle vuelta tras vuelta. Izquierda, derecha, por un buen rato hasta que se formaba la nieve de limón que los niños de la colonia venían a comprar todos los días.


También se dedicaba a preparar mermelada de guayaba o de alguna fruta que ya no estaba en muy buen estado, pero que con el azúcar y con el gusto que tiene uno de niño por lo dulce, nos vendía untando una cucharada bien servida en un cuadrito de papel de estraza. Esa misma técnica era aplicada a la venta de cajeta de no sé qué procedencia, pero que sabía tan rica que pasando la lengua un sinfín de veces se agotaba en el papel que quedaba limpio para tirarlo. 😊


Su esposa Doña Rebequita era la que a veces ponía orden en esas ventas de dulce y nieve. Ella era menos generosa en las porciones. Se notaba que no estaba de acuerdo en que Don Pepe sirviera de más. Por eso él siempre estaba callado, no discutía. Se dedicaba a trabajar en lo suyo con calma infinita.


En la tiendita ellos vendían toda clase de mercancías. Frutas y legumbres, café molido, lazos para tendedero, fibras para limpiar los trastes, abarrotes, y en una especie de vitrina había queso “blanco”.

 ¡Ah, ese queso! El color blanco era su distintivo, pero la variedad me resulta a la fecha desconocida. Es, un recuerdo imborrable, igual que el guacamole con cilantro que mezclaba Don Pepe con los aguacates ya a punto de no venderse. Pero que eran muy bien aprovechados para la preparación de tortas, que Doña Rebequita se encargaba de componer para los trabajadores de una fábrica.


Como la tiendita estaba enfrente de una panadería, los trabajadores pasaban a comprar bolillos o teleras recién horneadas. Se las llevaban a Doña Rebequita y ella consultaba si las querían de queso de puerco o de queso blanco. ¡Agregaba el guacamole y listo! La comida cotidiana para ellos, a quienes yo veía sentados en la banqueta, tomando refresco y mordiendo la “antojable” torta, que me hacía pensar a que sabría.


Cuando por alguna razón Doña Rebequita no estaba en la tienda Don Pepe era el que hacía las tortas. Partía el pan con el mismo cuchillo que cortaba los limones, la fruta, los aguacates, el papel, las guayabas, o lo que fuera. Con esa higiene la hoja del cuchillo podía dejar una marca negra o verde, amarilla o de algún otro color en la blancura del queso. No obstante, el día que tuve dinero que no gastaba en la escuela, corría a comprar un bolillo, ordenaba la torta de queso blanco que me consta, ¡era una delicia!

VEJIGAS PARA NADAR


Aunque es una frase corta, describe cualquier cosa de la cual se tenga que desprender para disfrutar la autosuficiencia. Depender de objetos y personas es nocivo. Cansa, aburre, es indigno y limita la realización como persona humana. 

La dependencia emocional, económica, o de cualquier tipo, en una persona íntegra, es un desaire hacia la Vida. La frase completa es: “No necesito de vejigas para nadar!”

 Es una frase  dicha por mi padre. Es para el momento en que alguien se daba  cuenta que puede tomar decisiones y anticipar las consecuencias de sus actos. Así se inicia un  viaje personal. La existencia que a modo propio se elige como la mejor.

Es un momento de evolución. Se reconoce el apoyo, sustento, ayuda y demás demostraciones de todas las personas que han sido parte de nuestro crecimiento. Se percibe la interrelación que existe entre lo que nos rodea y se quiere encarar lo que significa ser independiente. 

Cabe la analogía cuando a los niños  que están aprendiendo a nadar, se les colocan objetos inflables ajustados en sus brazos con los cuales no se hunden. Eso les da la seguridad para intentar las brazadas y pataleo que los mantiene a flote. Así que intentan echarse hacia adelante y avanzan en el agua. 

Durante las primeras etapas esos objetos así como los instructores son necesarios. Pero en cierto momento hay que quitarles las vejigas, y la mayoría de las veces ellos mismos las desechan. 

¡Saben que ya pueden nadar en el agua que está confinada en un lugar “seguro” o quizás si se presenta la oportunidad, en mar abierto! Reto que se espera con la emoción de enfrentar aguas en libertad que son calmas o turbulentas pero que hechizan con su vaivén. 

¡No desaires a La Vida! ¡Practica todos tus aprendizajes! Si estás aquí, seguro has superado tormentas, y tu solo has salido a flote. las vejigas ya no te sirven, ya las puedes tirar.

¡NO SABES EL ALACRÁN QUE TE ACABAS DE ECHAR ENCIMA!


¿Qué tal eres para aceptar críticas?

Esta frase recientemente me la dijo un apreciable amigo. La voy a desmenuzar con dos significados.
El primero en agradecimiento a quien, como un acto de camarada, te dice algo que has hecho erróneamente. ¡Eso es de “cuates”!

Un alacrán de ese tipo es certero, rápido, muy ágil para moverse. Busca a su presa con precisión y lanza el aguijón sin fallar.

Con esa manera, uno actúa de igual modo con presteza. Se alerta para que en la siguiente oportunidad se eviten errores, las ideas fluyan con armonía, sean claras, y aterricen correctamente.
El otro tipo de “alacranes” no merecen el nombre. Se disfrazan para tratar de molestar. La famosa “crítica constructiva” hay que considerarla de quien viene, y cual es su intención.

Normalmente delata a una persona resentida. No se sabe estrictamente hacia quien o que dirigen el ataque, pero la torpeza de su actuar los limita. Posiblemente la misma lanceta se vuelva hacia ellos y acaben bien “trabados” como cuando se inyecta una toxina sin un sentido auténtico y eficaz.

Anoto finalmente, que; ¡Amo a los alacranes!  Esos que son “güeros” sumamente peligrosos. habitantes comunes en la tierra de Guerrero y otros estados en la República Mexicana.

Bichos que muestran su naturaleza sin tapujos. Bien conocidos, para tenerles cuidado. Inteligentes para no exhibirse. Solo viven en paz. 😊

EL QUE CON LOBOS ANDA, AULLAR SE ENSEÑA


En casa era frecuente como advertencia para no imitar comportamientos dañinos para uno mismo.
Normalmente las madres sufren de antemano cualquier cosa que pueda lastimar a sus hijos. Como saben que no siempre estarán a su cuidado señalan lo que en su experiencia debe evitarse. Las “malas” compañías son algo que hasta en la actualidad se percibe como peligroso.

Con la enseñanza de los Lobos entiendo que se imitan las características que enaltecen y preservan a su especie.  El aullido escalofriante y poderoso que conlleva su lenguaje los prepara para una cacería. Se advierten de los peligros para la manada. Saben en donde se encuentran otros, y los convoca para reunirse en la comida y en el cuidado de sus cachorros.

En ese sentido si el que con lobos anda a aullar se enseña, sirva para fortalecer las conductas que reafirmen lo que se puede enfocar como el motivo para que se consolide lo que podemos hacer de nuestra vida individual y en grupo.

La imitación sin sentido sigue siendo peligrosa.  Copiar comportamientos distorsiona nuestra identidad.

La imitación en otro aspecto es una manera primitiva de actuar.  De ahí esta advertencia de años con la sabiduría popular.

HACER DE SU SACO UNA CUBETA


O lo que es lo mismo: Esta Frase se volvió reiterada en casa particularmente en la etapa de transición entre la adolescencia y la mayoría de edad con un diálogo entre mi madre, mis hermanos y yo. Por separado, en grupo y a veces fue un monólogo en el que solamente hablaba mi madre. Porque nosotros seguro estábamos oyendo, pero no escuchando.  Era algo así: 


Madre: Si sientes que tienes toda la energía, crees que sabes todo, que puedes acabarte al mundo entero, está bien. Haz de tu saco una cubeta si así te parece. ¡Pero mientras estés en esta casa seguirás las reglas! 


Susodichos: ¡Mmja!


Madre: Y ponme atención, no es cualquier cosa lo que decidas. ¡Es tu futuro el que está en juego!

Susodichos: ¡Mmja!


Madre: Creen que todo es a su gusto. ¡Pero hay que tener orden, disciplina, respeto!

Susodichos: ¡Mmja! (Con una que otra mirada retadora y fría).


Madre: ¡A ver cuándo entienden! Repito; ¡Hagan de su saco una cubeta si quieren! ¡Pero que les salgan bien las cosas! Como decía mi papá: ¡Háganle como quieran pero que salga bien!

Fin del “diálogo”.


El asunto es que se tienen ciertamente en cada momento las decisiones de vida en nuestras manos. 50, 50. 


Hay elecciones hacia nuestros ideales. Para experimentar, crear, comprometerse, disfrutar intensamente el momento de estar vivo, con la conciencia alerta.


De igual manera se puede optar por recorrer el camino con miseria y aflicción dejando que la mente enfoque con miedo todos los obstáculos de manera inconsciente a pesar de estar vivo.

Estar con plena atención a lo que hay en cada momento puede hacer la diferencia.

CAMISA DE ONCE VARAS

Meterse en camisa de once varas tiene varios significados. Si los buscamos en Internet, hay muchas páginas que lo muestran.  Se refieren en general a  involucrarse en un asunto complicado.

No obstante, yo solita ahora me pongo esa prenda para tratar de entender una palabra que he escuchado reiteradamente en noticieros, comentarios, pláticas con personas de todas las edades y criterios. 

La Palabra es: Recreación. 


Como también hay infinidad de diccionarios de papel o digitalizados electrónicamente, para dar una definición de este término, elijo enredarme con una.

RE-CREAR. Construir en un proceso permanente de creación-destrucción para renovar, renacer, resurgir, revolucionar.

Si en algo, personalmente me enfoco para recrear, es en las capacidades y potencial del ser humano. 
Todavía no han sido descubiertas en su totalidad y sin embargo en lo poco que sabemos se pueden hacer maravillas o cosas desastrosas. 
 
Se sabe, por ejemplo; Que el género humano comparte cromosomas muy similares a los de los grandes simios. Es impresionante que el material base de todas las especies sea el mismo pero "configurado" de diversas maneras.

Además en el ser humano se ha  manifestado como algo extraordinario la conciencia de sí mismo como distintivo  para ser más creativos!

Cuando he visto imágenes de cómo se pretenden recrear las personas en el mundo y las aspiraciones de recreación por las que se pugna en todo el planeta cada vez con mayor exigencia, me resulta incomprensible que perdiendo la característica que diferencia a los otros animales de los animales humanos, pueda ser un avance para la creación y recreación de la especie humana.

.¿Que ésa pequeña diferencia ya no cuenta?

Será por eso por lo que a pesar de tantas definiciones no acabo de entender.
Esto para mí, es meterse en camisa de once varas.

LA VIDA Y SUS ROPAS DE GALA


Dedicado a mi padre y mi madre.


¡De cuantas maneras se interpreta la vida!

Fiesta, bienestar, salud, riqueza, realización.  Se puede extender la lista al infinito.
Para todas esas interpretaciones, como en una obra de teatro, LA VIDA se cambia el vestuario y representa los personajes que amerita la cartelera del día, del mes o del año. ELLA tiene esa capacidad admirable.

¡Hay personajes que le fascinan! Extrañamente son los más sencillos. Son apacibles, de gran sabiduría y nada ostentosos, pero determinan la trama de la obra.

Accede a veces a tomar un papel protagonista, pero invariablemente se relaciona con una situación de crisis. Así que realmente se complica para la audiencia entender de qué se trata el argumento.
Sin embargo, su magistral participación, logra conmover hasta la mente más acuciosa fría o insensible.

Después de una larga temporada en cartelera, LA VIDA necesita manifestar su libertad, y su grandeza.

Los trajes con el paso del tiempo no le acomodan. A veces los siente estrechos, otros ya muy ajados, en ocasiones muy cortitos o demasiado largos. Los de mucha pedrería y lentejuela hasta le parecen molestos.

Llega entonces el momento que desea explorar nuevos retos, ver que hay más allá del horizonte, al menos así se los explica a los que la tienen por contrato temporal y quieren que permanezca como artista exclusiva.

La verdad es que ELLA SABE QUE ES INMORTAL y no puede quedarse por el capricho, ni el miedo, ni el llanto, ni la felicidad. ¡Mucho menos por contratos de la que ELLA ES LA DUEÑA!


¡Así que desecha todas sus ropas de gala, y es cuando luce con más esplendor!

LA GENDARMERÍA



No cabe duda de que las lecciones de vida son atemporales. Al parecer aprendemos lento.
Sobre todo, es un conflicto permanente el mantenerse en el equilibrio necesario para evolucionar como ser humano con la gracia de la sencillez.

Mi abuela entre sus muchas amistades contaba con una persona que además era su compadre. Compadrito y comadrita se decían.

El compadrito trabajaba en la oficina de la gendarmería. Nombre dado en el pueblo al lugar en donde se presentan los guardias del orden público.

La gendarmería era un galerón con toda clase de artefactos, muebles desvencijados, papeles oficiales y comunes, archiveros de casos, investigaciones en curso y terminadas, sitio para comer, dormir, y descansar. Todo en uno. para uso indistinto según lo que se ofreciera en determinado momento.

En este ambiente laboraba el compadrito que ante tal panorama procuraba acomodar lo mejor posible todo el espacio. No obstante, nadie apreciaba tanto esfuerzo. Todo mundo entraba y salía sin poner mucha atención.

El compadrito por lo tanto se quejaba y su sentencia era cotidiana: ¡Ya verán!  Ya verán cuándo yo no esté.  ¡Se acabó la gendarmería!

Yo creo que no lo decía en tono impertinente. Pero para otros el acento que ponía era muestra de soberbia. “¡Se cree mucho, como si fuera indispensable”!

Mucho tiempo pasó en tratar de que se guardara el orden, se reconociera su esfuerzo, se hiciera la gente más gente.

Al final el compadrito se murió. La gendarmería efectivamente siguió funcionando como si nada.
Ya no sé si reír o llorar. :)(