Uno de los más
gratos recuerdos del carácter alegre y paciente que tenía mi madre, es la
historia del Buey Limón.
Este cuento
cortito, ella lo sabía decir en diferentes momentos, con los cambios adecuados,
pero de cualquier forma siempre terminaba, con que el Buey Limón se quebraba la
pata, aunque por lo regular, ¡permanecía echado!
Ahora hasta
puedo imaginar el paraje de color paja, en algún sitio cercano a Iguala, la
tierra natal de mi familia materna, en dónde estaría el tal Buey Limón echado
al rayo del sol en ese caluroso lugar Guerrerense, rodeado de montones de
rastrojo, una cerca hecha de ramas espinosas, y piedras apiladas para que no se
fuera lejos. Cuando que el pobre quizás no quería ni escaparse ,sino buscar la escasa
sombra de un huizache que le cubriera del ardiente sol, para seguir echado.
Total, que el
cuento de forma graciosa se refiere a la gente inactiva, un tanto perezosa, tal
vez indolente quejumbrosa, que por una razón u otra algo le sucede. Casi casi
como el Buey limón que de la nada, se quiebra la pata.
Estas personas
se quejan, sufren accidentes, son exigentes, pero no responsables, tienen el
pretexto de que se lastiman a diestra y siniestra. Así que uno al darse cuenta
de su juego puede decirles:
¡Ya hombre! Te
pareces al Buey Limón. ¡Ya basta!
Un cuento muy interesante, saludos!
ResponderBorrarConoces a alguien así???
BorrarGracias por escribir!
a veces hasta sin lastimarse, tooooodo es quejarse, aunque haya tenido un excelente día, "un pelo en la sopa" suele ser suficiente para tirarse al suelo y quejarse de la miseria de vida...
ResponderBorrarPues el Buey Limón SOLITO se quebraba la pata!
BorrarLa vida transcurre. Tú haces tu camino.