Hay que hacer
caso a los niños y jóvenes. Ellos son en situaciones importantes, más
observadores de lo que creemos.
El asunto fue
que uno de los hijos quería tener un gato en casa. Así que le pidió a la mamá que
fueran a la tienda de un veterinario para ver si había gatitos en adopción.
Justo estaba en el local, una camada como de bolitas de pelo con la edad para
que alguien se los llevara. La mamá señaló a una de las crías color plata con
rayitas y el hijo aceptó aún que con la duda de si era macho como habían
acordado, para que no se complicara el cuidado al animalito si era una hembra.
La mamá, por la
insistencia sobre la duda del hijo, preguntó al veterinario si el gatito
elegido era macho. Él muy seguro lo volteó para arriba y para abajo diciendo
que aún que era pequeño se podía asegurar que era macho.
El hijo volteó
los ojos al cielo conservando la duda, pero aceptando la opinión de los dos
adultos que quedaron de acuerdo en el precio o mejor dicho donativo para
llevarse al gatito. Veinte pesos, que pagó el hijo, con lo que oficialmente se
convirtió en el “dueño” de un inquieto y gracioso felino bebé.
Se sabe que los
gatos eligen a los humanos que les ofrecen sus casas y les permiten convivir
con ellos en los espacios que han desechado, puesto que se apropian de los lugares más
confortables para su devenir gatuno, como las recámaras más calientitas, los
sillones más mullidos o los rincones con temperaturas más agradables según el
clima cálido o frío de la temporada.
El gatito se
acomodó de esa manera en su nuevo hogar, y creció muy apacible no haciendo caso
de los nombres que le habían puesto. Primero porque no se ponían de acuerdo.
Que si “Iron”, que si Plata, que si, alguno que lo distinguiera por su color y género masculino, asunto que al gato realmente le daba lo mismo. Luego, porque
también se sabe que los felinos domésticos “toman nota de un llamado”, pero
acuden cuando les da la gana. Por lo que cada miembro de la familia intentaba
llamar su atención con nombres improvisados diciendo: Ven Iron, ven gato, ven mishi, mishi, lo que
a él le daba igual.
Pasó el tiempo, el gato creció, se
comportaba de manera muy libre. Tenía un gran patio para salir a rascar y nunca
se ensuciaba dentro de la casa. A veces se iba de paseo y regresaba sin
problema.
No obstante, un día, lo encontraron en una de las recámaras de la casa tendido en medio de un a mancha de sangre! No supieron nunca que le habría ocurrido pero tenía una de las patas traseras dislocada. Emergencia! lo llevaron con el veterinario quien suturó la herida, y no pudo componer todos los deditos en dos de los cuales se quedaron a medio contraer las garras.
Salvo ese incidente, todo era apacible. Tanto, que empezó a quedarse más tiempo dentro de la casa. Dormía más de lo usual y poco a poquito su vientre comenzó a crecer y a verse abultado…
No obstante, un día, lo encontraron en una de las recámaras de la casa tendido en medio de un a mancha de sangre! No supieron nunca que le habría ocurrido pero tenía una de las patas traseras dislocada. Emergencia! lo llevaron con el veterinario quien suturó la herida, y no pudo componer todos los deditos en dos de los cuales se quedaron a medio contraer las garras.
Salvo ese incidente, todo era apacible. Tanto, que empezó a quedarse más tiempo dentro de la casa. Dormía más de lo usual y poco a poquito su vientre comenzó a crecer y a verse abultado…
Ante esos
acontecimientos no faltó el consabido: ¡Te lo dije!” que resonó como la profecía que se cumple. “Se
veía que era gata!” “Es hembra!” “¿¿¿¿Pero no, el veterinario aseguró que era
macho verdad????”
Desde aquel momento
se confirmó que la Nena, Manena, gatitA, tendría hijitos y ni hablar.
Esperar el tiempo de la gestación procurando darle una mejor dieta, cariñitos,
dentro de la reflexión materna acerca de la atinada observación del hijo de la cual
se hizo caso omiso, nada más que por las falsas creencias de la infalibilidad
de los adultos. (y tal vez por el interés del veterinario de que no fueran
rechazados los gatitos en adopción por la discriminación usual hacia las
hembras).
Total, que un día
la mamá llegó de su trabajo y encontró a la Nena tendida en la cama. Se veía
que tenía ya las contracciones y de prisa llamó al hijo dueño de la felina por
haber sido su gusto adoptarla y los dos salieron de prisa hacia el consultorio
de la veterinaria.
La mamá gata
primeriza, estaba desconcertada, y por más esfuerzo que hacía se demoraba el
alumbramiento de los gatitos. Se decidió hacerle una cesárea. Durante todo el procedimiento estuvo el hijo
pendiente de ayudar, muy atento de todo lo que se le hacía a su querida gata.
Tenía muy
presente durante la intervención que ella lo quería de igual manera puesto que
se dejaba hacer toda clase de apapachos. Él la estiraba como si fuera una flecha
a punto de ser lanzada, la sostenía contra la pared extendiéndole las patas
delanteras para hacerla “confesar”, la Hipnotizaba recostándola en sus rodillas
hasta que la gata ponía hacia atrás la cabeza y cerraba los ojos, hacían el
acto del león que abre las fauces para que el domador ponga la cabeza entre los
colmillos, ¡a la inversa! Es decir que el hijo abría la boca y la gata husmeaba
en la boca. muchas cosas más que la gata toleraba sin protestar.
Con esos
recuerdos en mente, de pronto se dio cuenta que la veterinaria sacó a un gatito
que se había atorado por lo que se dificultó todo el proceso de nacimiento de
los otros tres que permanecían en espera, y de los cuatro que había, sólo un
animalito logró ser salvado. Terminado todo el procedimiento médico se llevaron
a la cría y a la madre gata a casa, con la consigna de estimular al gatito
recién nacido y darle de comer mientras se recuperaba su mamá de la anestesia. Advertidos de la posibilidad de que ella no quisiera darle de comer ni lo cuidara si
desconocía su olor por los medicamentos y el entorno en donde lo había tenido.
Fue una noche larga de cuidados para los dos felinos, pero afortunadamente por
la mañana la gata tomó a su cargo a su gatito. lo crio con mucho cuidado, y lo
escondía de las miradas curiosas.
Hasta entonces
nunca había sido agresiva dejaba que agarraran al gatito un poco inquieta y lo
rescataba para acurrucarlo. pero una vez que estaban cerca de la puerta de la
casa su dueño, y ella con el gatito, se metió el perro! ella reaccionó con lo primero
que sintió cerca de su cría, mordiendo la mano de su dueño, quien desde luego
la justificó y aun que adolorido siguió tratándola con mucho cariño.
Al pasar el
tiempo el gatito creció, el dueño también y la gata veía cómo iban y venían
ambos cada día. El hijo decidió que ya
era tiempo de independizarse y se fue de la casa. El gatito como era macho
también se iba por temporadas, pero un día ya no regresó a casa.
La Manena, Nena,
Gorda, Gata, etc. ya no tuvo más bebes. Pero es ejemplo de longevidad de su
especie. todavía recibe con dulzura y tolerancia a su dueño que ahora es ya
todo un hombre. Cuando él regresa de visita a su casa de infancia y juventud de vez
en cuando, la saluda con el mismo cariño para hacer los mismos trucos con su
gata, que se deja complaciente estirar, poner contra la pared, confiesa y se
hipnotiza como si nunca se hubieran
separado :)