Existen personas
especiales que prefieren la lectura de historias que en algún momento son
inquietantes, ponen en suspenso, y siguen siendo inciertas para los que las escuchan,
pero muy reales para los que las han vivido. En algunas personas no dejan ganas
de averiguar más. Pero en otras les mueve la emoción de imaginar la causa,
preguntarse sobre la veracidad y hasta les motivan los sucesos espeluznantes,
para recapacitar en algo.
Personalmente me
reservo el recordar historias y leyendas de ese tipo. Pero como las que se
relatan a continuación han estado ligadas con personas conocidas que dicen
haberlas vivenciado sin lugar a duda, vale la pena describirlas con santo y
seña tal cual me las contaron.
La primera surge
en una época en donde un grito desgarrador, doloroso, se transforma en aterrador. Proviene de la garganta de una mujer que lamenta la pérdida de sus hijos... es una de las leyendas clásicas que se cuenta en muchos sitios. Pero el relato que escuché le sucedió a alguien en la capital de México. Él conocía la leyenda como la mayoría de la gente, pero según su dicho, no estaba en
busca de emociones fuertes sobre historias de aparecidos o relatos de terror. No obstante en una ocasión en que tardó más de lo previsto en realizar un trabajo empezó a ponerse nervioso.
La casa en donde estaba trabajando se ubicaba en la calle de Gelati
por el rumbo de Chapultepec, desde donde confluyen varias calles que desembocan
en las avenidas Tacubaya, Parque Lira entre las más conocidas para los otrora
“defeños”.
Esa calle tenía una fama siniestra. Su historia trascendía a otros lugares puesto que se decía que,
en la tranquilidad del crepúsculo al caer la noche, el ambiente se tornaba
lúgubre. El viento no soplaba y si ponías atención se escuchaba un alarido que
daba escalofríos…
La persona que lo vivenció decía: “-No me lo contaron! - Yo lo escuché! Me quedé sin aliento, petrificado. ya no sé si con el corazón temblando o casi inmóvil como mi persona. ¡Aquel sonido era espantoso! Empezaba desde el Bosque de Chapultepec y bajaba lentamente arrastrando a su paso un gemido ahogado,cansado, lleno de amargura y llanto. “Ayyyyyy mis hiiijos!... El lamento se hacía más audible a medida que se acercaba. " Lo percibí cerca de mí, y la piel se me puso "de gallina" mientras un escalofrío recorría todo el cuerpo. Ayyyy mis hiiiiijos!!! Lo escuché bien claro! Luego se alejó lentamente para continuar por la pendiente de bajada de toda la calle y se perdíó a lo lejos como si se disolviera sin un rumbo fijo entre las avenidas en donde la calle desembocaba. Aquel recuerdo me acompañó para siempre".
Años más tarde cuándo se realizó una de las primeras películas en blanco y negro sobre la leyenda de La Llorona protagonizada por la estupenda actriz María Elena Marquez, tuvimos una invitación especial al cine. Era una tarde de Domingo, nos subimos a la camionetita de redilas, que era el medio de transporte que nos llevaría. Nos sentamos en la parte posterior o cajón que estaba al descubierto y llegamos a la sala de exhibición. La persona que nos invitó compró los boletos y entramos para tomar nuestros lugares. Sobra decir que aquella persona ya nos había relatado la leyenda y sobre todo la experiencia que tuvo con cada detalle a flor de piel.
Cuando se apagaron las luces para dar inicio a la película, al menos yo me acurruqué muy tensa al observar las imágenes. La historia que yo conocía puso en imágenes en un nuevo contexto el cómo en una casa de gente rica llegaba una mujer misteriosa para ser la nana de un niño. Día tras día bajo su cuidado al pequeño le sucedían cosas que lo ponían al borde del peligro. Ella premeditaba cómo hacerle daño. Su imagen siempre vestida de negro quedaba en suspenso al contemplar como el niño se acercaba a sufrir un accidente mortal. Ella tenía un gesto de crueldad contenida hacia el niño, y sus ojos brillaban con una mirada llena de maldad. En una escena se veía como la mujer se debatía en la desesperación para formular una situación definitiva porque se acercaba la hora crítica de la media noche antes de la cual ella tenía que terminar su labor de acabar con la vida de aquel pequeño para que no se rompiera la cadena de venganza hacia ésa familia que era descendiente del hombre que le hizo daño a ella. La traicionó. La abandonó, y por eso ella había matado a sus propios hijos para después lamentar su terrible acción, quedandole solamente la oportunidad abierta, un día de cada año hasta las doce de la noche, para desquitar su pena eterna.
Por eso tenía que darse prisa. Maquinaba situaciones de riesgo con la única intención de causarle al niño heredero del apellido que ella maldecía un daño mortal. Entre juego y juego, ella aparecía con el rostro cada vez más demacrado. A
pesar de ser una señora muy guapa, al ver al pequeño, su cara se demudaba
en un todo grisáceo, con ojeras y una mirada fija llena de odio.
Invitaba al niño a subirse en el borde de una fuente, y con su mirada lo empujaba a asomarse al fondo. Puso una pelota que rodaba hacia la calle para que él la persiguiera en el momento que se veía aproximarse un automóvil; El niño corría con la complacencia de su nana que esperaba con aquella mirada fija que lo atropellaran. Después de todos sus intentos, el reloj empezó a tocar la primera de las doce campanadas para señalar la media noche. Como la mujer no consiguió hacer el daño que quería; Al final se oía un lamento y el famoso grito retumbaba en toda la sala: Ayyyyyyy mis hiiiiiijos!!!
La película cumplió su cometido de dejar a la audiencia llena de miedo, especialmente a los niños.
Cuando salimos del cine ya estaba obscuro. casi me
quedo sin aliento al sentir el aire frío de la noche. Nos subimos nuevamente a
la camionetita, pero esta vez nos sentamos más juntos y con la mirada puesta en
todos lados. En los árboles que se mecían y proyectaban alguna sombra que se
veían entre las maderas del cajón, o sobre nuestras caras. Cualquier ruido
fuerte nos hacía dar un brinco y latir el corazón con más fuerza.
Al llegar a la casa y tener que subir cada uno a su recámara entre la obscuridad inicial por las luces apagadas era grande la expectativa por las visiones que se quedaron en la mente. La sensación de peligro, espanto, y suspenso de lo inesperado.
Hasta la fecha La Leyenda es una de las más comentadas. Se ha representado en una gran variedad de géneros y se mantiene como un clásico de terror. Cuando la has escuchado, visto y sentido tan cerca es todavía causa de una sensación de escalofríos a cualquier hora que se le recuerde.
LA MARAMONTA
Este nombre por sí
mismo dispara sensaciones de suspenso. Es otra leyenda que por el nombre tal
vez venga de otro país, pero yo la incluí en mi repertorio de miedo cuando nos
mudamos a una casa en pleno bosque.
La maramonta es
una especie de aparición fantasmal. Tiene a su cuidado a la naturaleza, pero
especialmente a los bosques. Cualquiera que se atreva a lastimar o peor aún a
derribar un árbol tendrá su castigo.
Ella se aparece todo el tiempo y de muchas maneras. Pero particularmente empieza su recorrido en los bosques con el canto de los grillos, el vuelo de las luciérnagas y en la quietud de la noche. Recorre las veredas y acaricia a sus preciados árboles cada día, y a toda la naturaleza en general. Cuida de que no padezca sed, se ocupa de mantenerla fuerte y viva. A las frondas de los árboles les da forma para que su sombra proteja a los animales. Procura que sus ramas crezcan para que sean refugio de las aves, y sus hojas produzcan el invaluable oxígeno que mantiene el ritmo de la vida otorgada a la humanidad. Por tal motivo a ella le enfurece cualquier irreverencia a sus dominios. Ella es capaz de hacerse diferentes transformaciones y aparece en el lugar que haga falta para dar un escarmiento.
Un hombre contó que en una tarde él se
internó en el bosque para recorrer el sendero que atravesaba hasta un poblado. Al paso de las horas la visión de la senda se
hizo difícil. El sol en el horizonte se apreciaba cada vez más abajo y estaba a
punto de dar paso a las sombras de la noche.
De pronto a lo lejos divisó una figura. Al parecer era una mujer. Su
cabello era largo y se agitaba con el viento. Vestía de largo y en su imaginación
pensó que tal vez era hermosa. Pero algo era extraño. En aquella región era
frecuente que se levantara una bruma tenue desde dónde la mujer lo miró fijamente.
Él pudo
percibir la fuerza de su mirada y un resplandor en sus ojos con una tonalidad rojo brillante. Además,
ella parecía deslizarse flotando. Se acercaba lentamente a veces y como una
ráfaga de pronto apareciendo a su espalda o en cualquier lado a la redonda. Cruzaba
el camino entre los árboles que la acompañaban con el movimiento de sus ramas
al compás del viento que la empujaba. El hombre empezó a inquietarse
transformando aquella visión en algo espectral.
El nombre de La Maramonta resonó en su cerebro. ¡Si era ella, había que huir lo más rápido que se pudiera! Muchas afrentas tenían guardadas por la gente que destruían sin compasión a los árboles y dañaba sin escrúpulos a los animales y a las plantas de todo tipo. Cualquiera que atravesara en la noche su terreno era el culpable que tendría que pagar en nombre de los suyos.
En su desesperación el hombre corrió sin rumbo fijo, pero cada vez se acercaba a él aquella visión más nítida y aterradora. Empezó a escuchar como un siseo de una voz seca y grave. Contempló un rostro cadavérico que batía sus mandíbulas entonando un susurro para el sacrificio. Todo fue uno al contemplar de proto aquel rostro frente a sí mismo. Sus ojos se abrieron con enorme espanto, y un aire gélido le paralizó el movimiento. ¡Perdón Maramonta! Pensó; ¡PERDÓN! yo he procurado no matar a alguna criatura!. El rostro que aparecía frente a él se fue difuminando, y la noche recuperó su negrura. Ésa vez la Maramonta había tenído piedad...
En la obscuridad y temblando, el hombre comenzó a moverse e intentó orientarse. Como la Luna había empezado a iluminar el bosque, el sendero se hizo nuevamente visible. Dando tras pies reinicio el camino. A lo lejos vio las luces que iluminaban el poblado. Logró llegar lleno de pesar y de espanto para revivir su historia, contando sobre aquella visión aterradora.
Todos lo escucharon
bajando la mirada y cruzando los brazos para sacudirse la sensación de frío que
los embargaba. Todos sabían de la Maramonta. Algunos de vista, algunos de oído.
Era una presencia poderosa. No obstante, sólo la sentían con pavor al saber que
de vez en cuando, si alguien entraba al bosque nadie volvía a tener noticias de
si estaba vivo. Si tenían que atravesar, cada uno sabía de las afrentas que hubiera cometido,y de su castigo. Había
que ir con cuidado. Ya conocían las consecuencias. Más valía encaminarse temprano porque siempre había relatos de una
muchacha preciosa que se paseaba por el bosque. Pero que se convertía en un espectro
letal que los acechaba al caer la noche.
La aparición de la Maramonta también es relatada en los caminos. Una persona cuenta que por el rumbo de la carretera vieja hacia Zumpango, de pronto vislumbró al salir de una curva, a una mujer con un vestido largo de color blanco. Le hacía señas para que se parara. Tenía la cabeza cubierta con un velo y no se veía con claridad su rostro. Al principio él estaba emocionado, pero al acercarse y poner el carro para darle paso y que subiera, tuvo una sensación de escalofríos. Cuando volteó a la ventana hacia donde ya la mujer se encaminaba, ella se asomó y una gran cabeza de caballo era lo que tenía por cara! Arrancó el automóvil lo más rápido que pudo y por el espejo retrovisor ya no pudo ver más a aquel espanto que lo detuvo en la carretera. Mucha gente de los lugares cercanos confirma haberla visto, y por eso alertan a los viajeros sobre una mujer, que si les hace señales para que paren, y se la lleven a su lado, mejor aceleren y lleguen pronto a su destino.
En otro lugar un guía relató el cómo un día él iba por un camino cerca de la costa en su motocicleta, con el casco puesto. Una mujer levantó sus brazos haciendo señales para que la llevara... él dice que efectivamenté, se detuvo. Le dijo que iba a un lugar cercano, pero ella no respondió por lo que supuso que el "raite" le servía.
Sintió cómo ella se subió al asiento trasero. Dijo que algo emocionado calculó su peso por como se movió la moto. Ella lo tomó de la cintura para agarrarse y emprendieron el camino.
Cuando llegaron al lugar al que él iba, volteó para ver a su acompañante. Se quedó frío al ver que no había alguien en el asiento. La sensación de pánico se apoderó de él y no se explica que sucedió pero todas sus sensaciones fueron reales y después espeluznantes!
Quien sabe si el nombre de todas esas mujeres pudiera ser el de la Maramonta. Que cambia su aspecto,y aparece en distintos lugares. Hace que la gente cuente sus historias para tenerla siempre presente. Pero sin poder explicar realmente cuál de esos espectros en los bosques, las playas, caminos o lugares inesperados subyuga a los que se les presenta con un toque de duda y espanto para lograr sus fines.
Ahora mismo agradezco que se oscurezca tarde, recuerdo a mi abuelo contar que allá por los viveros de Coyoacán, le pasó algo muuuy extraño y siempre que voy por ahí, me le quedo viendo a las piedras... Por si acaso...
ResponderBorrarHola ! buena tarde es realmente muy interesante la forma de escribir los cuentos y recordar lo que se a perdido y seria bueno rescatar que los abuelos cuenten a sus nietos vivencias de su vida ,así los niños vuelan con su imaginación y crear en ellos el escribir posteriormente lo que ellos también están viviendo.
ResponderBorrarCierto! La imagen de un abuelo, o padre, contando una historia a sus hijos o nietos es realmente encantadora. sobre todo es valiosa para fortalecer los lazos de familia. Es algo que se queda para siempre y se guara con mucho cariño. Gracias por tu comentario!
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