Han llegado para realizar un experimento muy peculiar. Tienen la posibilidad de utilizar una balanza que como saben es un instrumento de medición. Es de un modelo clásico antiguo. Similar a la que sostiene la alegoría de la justicia en una de sus manos. Está formada por una columna central y dos platillos que comparten un fiel. Así se le conoce al justo medio que indica que hay equilibrio entre lo que se compara. ¿Tienen la imagen en mente? Ahora la pueden poner enfrente suyo.
Pues bien. Este experimento con una balanza tan singular les da la
posibilidad de comparar “pesos” mucho más complejos que una simple mercancía. En
esta ocasión serán ingredientes que pueden inclinar los platillos hacia su
propia percepción de valor. Es decir que el fiel lo ajustarán conforme al
significado que ustedes consideren es más representativo en su vida cotidiana.
De acuerdo con unas preguntas que les haré. Pueden tomar sus respuestas para
agregarlas al lado de la balanza que les convenga.
Iniciaremos con dos elementos que son determinantes para formar un
carácter como individuos. No teman confrontar los significados aun que los
hayan manipulado para sostener una imagen ideal inexistente. Muchos alumnos
desertan al descubrir que les es imposible forzar el indicador que nivele sus
creencias. Particularmente porque dichos elementos son a la vez piedras de
toque para configuran el mundo en el que ustedes existen. Para los que
persistan será una experiencia que enriquece su mente y su acción.
-Tomen ahora lo que está en la gaveta. Les leeré algunos puntos de
referencia para que orienten su experimento, y empiecen a agregar los
componentes que entiendan les sean de utilidad-. Los participantes abrieron la puertecilla
y encontraron etiquetados: Responsabilidad. Obediencia.
Cada uno eligió en cual platillo poner lo uno y lo otro. En un
primer momento era curioso que el fiel no se moviera. Pero empezaron a
escuchar:
-Qué tanto pesa la responsabilidad contra la obediencia en el caso
de desarrollar una personalidad cuyo anhelo es el ser independiente, y a sentirse
sin ataduras. El desprenderse de las dependencias adquiridas por las buenas
intenciones de quienes conformaron su educación entre las normas de un
comportamiento correcto, de acuerdo con costumbres sociales cambiantes. Percepciones
particulares, y Condiciones que son variadas para cada uno de ustedes-
Los practicantes quedaron en silencio. Se sentían parte de los
grupos sociales en donde habían crecido. La familia, la escuela, el trabajo
eran algunos de los ambientes conocidos y comunes. Cuestionar si habían sido
moldeados de manera enajenante los desconcertó. Creían que su idea de “lo
correcto” era el modo aceptable para conducirse. Que en eso consistía el
posicionarse en una situación ventajosa y de confort en su presente y a largo
plazo para su vida. Se miraron unos a otros tratando de reaccionar de manera
parecida para no equivocarse.
-De nada les servirá fincar su decisión en lo que otros hagan. Decidan
conforme a su experiencia. ¿Se ha puesto en una situación de obediencia para
tener a quien culpar por lo que les sucede? ¿Han eludido un compromiso para no
ser señalados como los culpables de un mal resultado? ¿Han perdido el amor
propio para complacer modelos ajenos para ser aceptados por miedo al rechazo?
Por fin alguien tomó la iniciativa y empezó a colocar partes de
aquellas frases en uno de los platillos.
Las preguntas continuaron. - ¿Han sentido la satisfacción de tomar
una decisión y estar conscientes de las consecuencias? ¿Realizan acciones para para resolver conflictos?
¿Confrontan las causas de lo que les incomoda? -
Un participante retiró de manera brusca la mesa de trabajo y se
dirigió hacia la salida, vociferando que era ridículo “pesar” conceptos intangibles,
mezclados con emociones y materializar algo con eso.
-Sin saber su compañero ha declarado una fórmula que han utilizado
los magos desde tiempos inmemoriales. Tiene por lo tanto un conocimiento. Pero
por ahora lo desconoce y permanecerá para él oculto hasta que resuelva desear
encontrarlo-.
-Los que consideren que pierden su tiempo pueden seguirlo. Porque seguirán
las preguntas molestas por decir lo menos. La mente se quedará sin argumentos para
lo desconocido. Las emociones se desbordarán para resistir el embate a su
seguridad. Pero tenemos que continuar. ¿Alguien quiere decir algo? -
Tengo una duda para poder ajustar mi fiel. El peso en uno de los
platillos se ha vencido hacia un lado. Pero yo sé que en alguna etapa de
desarrollo era imposible hacerme responsable por mis actos. Es confuso. Me
siento a disgusto con el desnivel que muestra mi balanza.
Es una duda importante. Veamos: Necesariamente en la edad infantil dependemos
del cuidado de otros. Generalmente, la fuerza física y mental están en proceso
de maduración. La capacidad para medir riesgos es incipiente. Las habilidades manuales,
de movimiento, y de conocimientos no permiten la autosuficiencia. Pero al paso
en el tiempo, si enfocan los años de adolescencia, recuerdan la rebeldía que se
apoderaba de los actos para cuestionar si lo que les obligaban a obedecer era
lo que les era propio. Empezó una etapa que más bien le obligaba a rebelarse. Se
detestan las normas, las imposiciones, y hay una lucha, por así decirlo, contra
todo lo establecido que no encaja en la propia percepción de identidad y del
mundo circundante.
Cada transición en edad conduce a darse cuenta de los cambios que se
necesitan llevar a cabo para por fin lograr la independencia. Cualquier titubeo
al ceder ese espacio vital es causa de desdicha. Aquí hay practicantes de todas
las edades. Sin embargo, cada uno tiene la experiencia suficiente para diferenciar
lo que ha hecho y cómo se siente después, sobre todo ante sí mismo. La
dependencia, la insatisfacción constante, la rebeldía normalmente corresponde a
las etapas infantiles y de adolescencia. Pero la edad en años no garantiza la
realización de un impulso para ser independiente. Algunas circunstancias favorecen
hasta un retroceso o quedarse sometido en etapas inmaduras.
Las buenas intenciones de los que ayudan al crecimiento como
individuo, están plagadas de taras que entorpecen, como en la balanza, al fiel que
muestre un punto de equilibrio. Es por lo tanto muy oportuna su duda. La
ignorancia que se promueve como apoyo malentendido, desafortunadamente en
muchos casos confunde. como ha dicho. Dificulta esclarecer hasta dónde llegan
los límites de un intercambio de crecimiento saludable. No obstante, la
intervención de la inteligencia que se ha desarrollado señala con variadas sensaciones
qué se necesita corregir con voluntad férrea para definir los linderos que nos corresponden.
El deber obligado con la obediencia sucumbe al confrontarlo con la
responsabilidad.
Las taras más pesadas se utilizan sin distinción. por ejemplo; La
sobreprotección. La culpa. La vergüenza y demás sentimientos que obligan a la
cobardía. Muchos de los que son orientadores en diferentes roles, no han
terminado de crecer ellos mismos. Se entiende por lo tanto que instruyen a
partir de su ignorancia. Sin mala intención unos y otros con toda la alevosía y
ventaja. Pero les aseguro que en ambas circunstancias se tiene un obstáculo
formidable que domina. El miedo. Es como un elixir para los maleficios. Todo lo
paraliza o lo tergiversa. Impide la acción consciente. En los cuentos lo dibujan como una gigantesca
zarza con espinas. Sus ramas se entrecruzan aprisionando totalmente a su presa.
He apelado a las narraciones para niños, porque se ha tratado el tema desde
siempre.
Los intentos para señalarlo como el principal lastre lo han descrito
precisamente para que en una etapa temprana se le reconozca, en las leyendas y
cuentos infantiles. Se vea como el enemigo a vencer. En la infancia se encubre
temporalmente el proceso de darse cuenta. Pero por eso persisten también las historias
que dicen los ancianos a sus nietos. La sabiduría popular que repiten los
padres y madres a sus hijos. Este espacio es creado para que con la imaginación
se muevan los recuerdos y las realidades de cada uno. La misión es estar en alerta
sobre esas taras y más sobre el miedo a partir del cual se deforma cualquier
personalidad.
Con esa advertencia, los participantes tomaron nuevos bríos. Me
interesa saber si los ingredientes que nos ha proporcionado para comparar son posibles
de equilibrar. Es decir; ¿La responsabilidad y La obediencia aplicadas al mismo
tiempo logran la estabilidad?; Mi balanza no se estabiliza. de esa manera. Se mueve
a menos que quite uno y empieza a equilibrar con las respuestas que agrego en
el plato de contrapeso.
-Excelente observación. Para todos esos hallazgos hay una respuesta.
Han preguntado si es posible encontrar un equilibrio al usar la obediencia y la
responsabilidad al mismo tiempo. No. Se excluyen mutuamente. Es necesario en
algún momento de desarrollo tomar las riendas. La obediencia despersonaliza y
permite la manipulación que resignadamente renuncia, y cede a intereses ajenos.
Trae efectos colaterales sumamente adversos.
La responsabilidad, pueden comprobarlo, les hace usar sus
capacidades. Cada vez con mayor eficiencia. Sus habilidades para responder ante
las circunstancias y ante las personas es acumulativa. Lo que han conquistado
con esa fuerza ya no se pierde. Les sirve para cimentar lo que necesiten
construir para sí mismos. Además de favorecer la armonía con otros y en su
medio ambiente. -
Todos se dedicaron a revisar cómo habían situado los ingredientes.
El cómo habían considerado las preguntas y respuestas para sí mismos. No les
interesó voltear a ver las otras balanzas. Se concentraron en quitar el
ingrediente inútil y añadieron las respuestas personales.
-Hasta aquí hemos cubierto la primera parte del experimento. Sus
dudas, las preguntas y sus inquietudes indican lo que les llama la atención
para atenderlo. Corresponde ahora llevarlo como tarea a la práctica. Para eso
se les ha proporcionado instrumentos que les son comunes. Cada uno tiene cinco
sentidos para calibrar lo que haga falta. Llegará uno más cuándo estén
preparados. Se les otorgarán muchos más cuándo descubran que los hay.
Mientras tanto:
*Usen sus ojos para observar: ¿Qué es lo que veo de mí y de lo que
me rodea? *Usen sus oídos: ¿Escucho felicidad en mí y con quienes me encuentro?
Utilicen toda la combinación de sus sentidos. * ¿Que sienten de sí mismos?
Les deseo mucho éxito. Están a punto de crear su realidad.
muchas gracias Ana, muy buena reflexion
ResponderBorrarGracias por tu comentario! Lo bueno es que te sea de utilidad:)
BorrarMuy interesante lo que describes.
ResponderBorrarMe llevo a la época cuando estudiaba.
Felicidades Ceci..!!!
Muchas gracias Clau!
Borrares real:)
Es un ejercicio genial y totalmente anacrónico, sirve en cualquier etapa de nuestra vida a diferentes niveles claro está, muchas gracias.
ResponderBorrarSí. Es aplicable en diferentes etapas de reflexión personal.
ResponderBorrarGracias por tu comentario!