ALTO RIESGO

Veamos un proceso que sucede de manera sigilosa. Inadvertida en muchos casos. Determinante para adaptar al organismo humano ante situaciones ambientales. Pero, sobre todo, para generar el sentimiento de múltiples emociones en su interacción con sus semejantes, y en un factor clave para decidir su identidad.

La manera en que cada individuo responde desde los aspectos fisiológicos autónomos, hasta los conceptos subjetivos que se involucran en su interpretación de la realidad es sumamente compleja. Se sabe que cada persona asimila de manera particular situaciones que le permiten mantener un equilibrio integral en su devenir cotidiano. Mediante el uso de sus sentidos realiza los procesos mentales que su cerebro ajusta para dar respuesta ante el entorno en varios niveles. La cantidad de información que se procesa para reaccionar ante el peligro, enfrentar retos, la incertidumbre hacia lo desconocido etc. es definitiva para su comportamiento, y la procesa por medio de su cerebro.

Actualmente se han creado para su servicio procesadores artificiales cada vez más poderosos.  Con una capacidad asombrosa para relacionar en instantes millones de datos que configuran nuevas agrupaciones de información. Calculan constantemente relaciones casi infinitas sobre cualquier tema. La avalancha de información que construyen y son capaces de procesar deja muy atrás, vulnerable y frágil la atención natural del cerebro humano.

Las ideas, creencias, acciones y pensamiento en general de las personas están expuestas en todas las páginas de la red y corren a alta velocidad para ofrecer respuesta a cualquier pregunta. Realzan los temas de interés más solicitados y ofrecen alternativas de consulta direccionando hacia múltiples sitios las dudas del usuario. La gran cantidad de información es abrumadora. Representa un alto riesgo sobre su atención consciente. Por lo tanto, es posible que ante la recepción masiva de estímulos audio visuales, y el flujo constante de información preconfigurada para definir ciertos contextos, el cerebro humano se sature. Se vea influenciado a responder sin discriminar lo que se le presenta con facilidad, de manera continua, sin tamiz siguiendo una ruta del menor esfuerzo. Hay que resaltar que usualmente se hacen todas estas búsquedas, consultas, y relaciones, con el distanciamiento de sus semejantes por dispositivos electrónicos “amigables” atractivos, con costos accesibles, y muy eficientes para dispersar a gran escala todo tipo de opiniones.

Con todo lo anterior seguro ya se han visto diversos comportamientos de manera individual o colectiva que cuestionan que está sucediendo. Se sabe de personas y grupos en las redes sociales que reciben cientos o miles de mensajes. No les da tiempo según dicen, ni de revisar a diario todo lo que se acumula en sus dispositivos. Poco a poco se pierde la sensibilidad sobre saludos de buenos días, buenas noches, y demás rutinas de mucha gente que ni se frecuentaba antes. El sentido de amistad se ve en entredicho. Se habla de tener muchos amigos sólo por señales iconográficas que pueden parecer de aceptación o agrado.  Los buenos deseos para el bienestar pierden significado. Realmente no hay retroalimentación personalizada si se reciben muchas imágenes iguales por un cumpleaños, bodas, y felicitaciones, aunque sea por algún evento muy especial.

El hastío ha empezado incluso a cerrar grupos, a bloquear contactos y a poner en “modo avión” no sólo al teléfono celular que es el de uso más popular, sino al propio cerebro que es el de poco uso de manera consciente. La advertencia en estos términos suena hasta graciosa. Pero devasta sin lugar a duda la fragilidad del cerebro. Pone en evidencia su vulnerabilidad para recibir información que lo confunde y acaba por producir indiferencia colectiva. El sin fin de opiniones deteriora los procesos para la toma de decisiones en aspectos que no están limitados solamente a los asuntos cotidianos sino a la asignación de valores y significados. Los cuales son de suma importancia para la comprensión común sobre la cual se fundan sentimientos de unidad.  

Es cierto que, para la investigación científica, especializada en los diversos campos de conocimiento, la velocidad de procesamiento de datos es una ayuda invaluable. El intercambio formal de información en tiempo real facilita la sistematización y promueve el diseño de estrategias y el logro de resultados sobre algún problema específico. Favorece la colaboración en los aspectos de las diversas disciplinas que comparten sus hallazgos y crean bases de datos cuantiosos y útiles. Es interesante señalarlo. Pero esto es un aspecto excepcional. Se hace el esfuerzo para tener sus propios mecanismos de validación que le permiten conformar marcos de pensamiento con un rigor metódico y estricto.

No obstante, para la mayoría de las personas en la vida cotidiana, la creencia indiscriminada de ideas es un tema de alto riesgo para la salud mental en la percepción de la realidad y los comportamientos de empatía consecuentes. El sentido de unidad y de interdependencia se fractura. Cada día con mayor frecuencia se escucha que cada uno haga “lo que quiera” y se fragmenta un pensamiento de integración. Hasta las intenciones que abogan por la unión en causas comunes como la preservación del planeta, la sensibilidad hacia toda clase de vida, los animales, el agua, y temas trascendentes para el colectivo humano, pierden fuerza. Se desvanecen con tanta información polarizada y antagonista. El cerebro naturalmente ha elegido el camino más fácil. No necesariamente para el desarrollo sino para un nivel instintivo de la base animal que lo compone.

La indiferencia hacia las emociones que distinguen a una persona se manifiesta con un trato frío y distante. Normalmente la permanencia y evolución hacia la unidad ha sido el motivo que ha alentado a la mayoría de las sociedades. Sin embargo; Ha sido complicado para los individuos mantener una estabilidad emocional sobre el asunto, puesto que se cree que hay un solo camino para lograrlo y eso ha sido el principio del desastre. Además, a la posible intención altruista, se han agregado intereses de muchos tipos que cuestionan el fin último de la convivencia unificada. Una frase que resume el conflicto desatado para las buenas intenciones es que: A partir de que alguien quiere ser o se cree “el más bueno de todos”, pelea por tener ese privilegio y hace la guerra a cualquiera que se proponga como el otro “más bueno de todos”. Así que hemos creado un gran problema.

Es increíble que ahora se está sufriendo por una vida desestructurada. Por toda clase de reacciones compulsivas. El sentido de libertad se ha pervertido. El egoísmo está merodeando a partir de las dudas sobre todo y especialmente sobre el humanismo que es construido por la capacidad de ser sensibles hacia otro semejante. Es notable que, si a veces el comportamiento tiende hacia su estado animal, en otro momento se manifiesta para ofrecer ayuda y solidaridad. Los cambios de humor y respuestas conflictivas se están haciendo cada vez más evidentes. La identidad trastornada se puede visualizar con ideales falsos que se perciben con la facilidad que proporciona el ocio, el vacío existencial sin la ambición de transformar las cosas con el potencial de las capacidades humanas.

Cada vez el cerebro recibe una enorme o reiterada cantidad de información que complica la visión de sí mismo y de la similitud con otros. Se nota a pasos agigantados que algo está sucediendo, y no exactamente para la armonía. Cuando “el quien es quien” lo enumeran sitios sobre millones de individuos, la percepción de valores sobre los que se sustenta, por ejemplo; La credibilidad y la honestidad de alguien se pone en entredicho. La famosa imagen que se exhibe con las indumentarias, marcas, artefactos, y bienes superfluos trastorna. Decidir sobre siete mil millones de humanos deja sin entendimiento. ¡La desconfianza está en su apogeo!

 

Pero por lo menos es posible volver a señalar la importancia de procesar la información en las características de un cerebro natural cuyos recursos y respuestas son fundamentalmente elaborados mediante el uso de los sentidos. Lo que se ve, se oye, se siente, etc. se procesa para asimilar “de primera mano” a una persona. Se valora, se utilizan con sensibilidad de auto referencia con elementos de parecido. Se emite una respuesta, y se integra al comportamiento adecuado incluso para rechazar lo que produce disgusto.

Hay que decir que, por lo tanto; Existe un alto riesgo. Que las consecuencias están en un espacio incierto. Pero es interesante el propio juicio. En las próximas vistas de saludos, mensajes, anuncios, memes, videos, podcast, etc. las preguntas no deben faltar. Te sientes comprendido, realizado; ¿Con aspiraciones hacia el logro de algo importante para tu vida? Tus ideas sobre los temas que te interesan las creas y usas la información disponible para la mejora común; O la información te está usando para descalificar con ira o cinismo a otros.  ¿Te hace creer lo que es “correcto” deseable para ti, y tus sentimientos en un contexto que desconoces por tu propia experiencia?

La libertad de elegir es una característica distintiva sin comparación para el ser humano. Ninguna otra especie elige sobre lo que se le presenta. En la cadena de evolución Lo “humano” decide que hacer, cómo, cuándo, dónde y con quien. ¿Te das cuenta?  


2 comentarios:

  1. GRACIAS MUY interesante una realidad incierta

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  2. Muy interesante lo que mencionas.
    Hemos caído en lo práctico, lo corto.
    Ya no se toma un el tiempo para llamar y preguntar cómo se encuentra la persona que está al otro lado del teléfono.
    Con poner una emoji ya dice uno todo, si estás contenta o triste.
    Es lamentable a lo que estamos cayendo.
    Aunque está en uno romper con esto.

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