ENVIDIA

 Te digo que no es envidia; es que da coraje que alguien que no ha hecho un esfuerzo por tener algo, le sea tan fácil estar feliz; disfrutar de lo que sea sin que le importe cómo se ganan realmente las cosas… Pues ya que me confías tu frustración; voy a darte otra versión del asunto; he conocido muchas personas a quienes lo que les molesta es la felicidad que irradian los que disfrutan de la vida. No es tanto lo que tienen, ni las cosas, ni la situación; para justificar su enojo dicen que la gente se conforma con muy poco. Pero el caso es que les choca ver como a otros igual les da estar en un lugar lujoso, en una ranchería, en un hotel calificado con muchas estrellas o en uno modesto, pero que comparten con un grupo de amigos, tienen buenos ratos que pasan platicando, comiendo, bailando, riendo de todo y de nada. Después de haber visto y te diré sinceramente que también de haberlo sentido, a todo esto, se le llama envidia. El que te moleste mucho que otros tengan beneficios de los cuales tú consideras que no son merecedores, es ni más ni menos; envidia.

Lo que sucede es que cada uno mide su enojo desde la perspectiva de lo que se niega a aceptar y agradecer en su momento, si te fijas, se han inventado muchos pretextos para rechazar lo que ha estado al alcance, y se deja de lado por comparar, meterse en la vida de otros, querer imponer puntos de vista, entre otra serie de intromisiones para corregir a los demás, en lugar de empezar por revisar el propio entorno. El por qué se hacen tales cosas es cuestión de cada uno. Tal vez empieza desde la infancia con una variedad de sentimientos mal encausados de posesión; de premios o castigos, inculcados cuando no se quiere prestar una pelota o le quieres quitar un juguete al compañerito que se entretiene con alguien. Si por fin obtienes lo que crees que te pertenece, resulta que si el otro sigue jugando; se sigue riendo, y no le importa la tal pelota, ni determinado juguete, tu enojo sube de tono, hasta que posiblemente durante la adolescencia, o mucho más tarde en otra etapa de tu vida, puedes ver que no es la pelota o el juguete, sino la risa, la compañía que se  tiene, la atención que se logra, y que tú no has conseguido, es lo que te lastima.

En este sentido ya no es la envidia solamente, se van sumando sentimientos de vacío que tú tienes y posiblemente no supiste ni has sabido cómo llenar. Es un tema muy complejo que se inicia para cada persona de diversas maneras, y perdura como un lastre, una tara como la que jalan los vagones de los trenes, que para transportar mercancías útiles de todo tipo, necesitan de contenedores que suman un peso para el transporte. Para las personas, las taras a las que me refiero, son malformaciones por creencias infundadas; son pesos de sufrimiento, que carecen de un contenido valioso para apreciar lo que muchas veces está al alcance y se desprecia.  Prueba para ver qué tanto te ofuscas cuando ves a otros enfrentar los días, aun en las peores condiciones, con entusiasmo. Aunque superficialmente se los califique de inconscientes, hay grandes diferencias.

Los que han aprendido de su experiencia para tomar de la vida lo mejor que en un momento les ofrece saben que quedarte en la envidia te carcome sin sentido. Si insistes en poner tus anhelos con un comparativo de lo que otros tienen, o hacen, o quieren, tu vida no es tú vida sino la imitación dolorosa de propósitos que no son tuyos, que no te corresponden. El merecimiento de los otros que te incomoda resulta que para colmo; ¡tampoco es un asunto tuyo!  te amarga la existencia y es un desperdicio de tiempo, eso es seguro. Inclusive, entre mayor es tu afán de juzgar si merecen o no tal o cual cosa, mayor es el enojo que te consume la energía de vida que es lo que verdaderamente te corresponde; que desperdicias aferrado al juicio y a creerte dispensador de premios o castigos, que al final se vuelven a ti con la intensidad que has puesto, especialmente para merecer lo indeseable en tu propia vida.

Lo interesante es que a pesar de los tropiezos que te fabricas, (léase, que te mereces) se vale repetir las lecciones; Te lo digo con conocimiento de causa; ¡se repiten! Además, en muchas ocasiones, hay que dar gracias si las consecuencias son fáciles de superar. De otra manera se complican y se multiplican en perjuicios mayores para hacerte ver que es muy cara la necedad; que no tiene caso convertirte en juez, fiscal, y condenado al mismo tiempo, puesto que  como se sabe desde hace mucho, la jaula en la que te metes tiene puerta, tiene llave y te tiene a ti para accionar el conjunto, encerrarte o dejarte libre, cuando tú quieras y elijas. Entre este laberinto la envidia igual que otros sentimientos que limitan, son aliados si los reconoces como factores para el cambio. Cuando se atenúan dan paso a diferentes beneficios que por cierto tienen la misma capacidad de multiplicarse, al reconocer lo que le hace contrapeso. Si me dices que no es envidia lo que sientes, entonces pon un nombre que reconozcas para estar alerta. Las consecuencias sólo tú las mides.

Escuché hace poco una frase fulminante, que despierta los recuerdos de todo esto que hemos platicado: “La memoria es una convicción emocional” por lo tanto en una misma situación cada uno recuerda selectivamente lo que le ha tocado. ¿Envidia?; ¿Enojo?; ¿Venganza?; ¿Desquite?; ¿Anulación de tú persona por darles fuerza o mantener tales sentimientos?; yo sé que un mismo padre y una misma madre, evocan para cada hijo diferentes sentimientos. Los hermanos difieren en sus recuerdos y olvidan detalles que otros tienen muy presentes. Cuando se cuentan historias seguramente alguien interviene para declarar, “que así no fue”. También sé que los otros que tanto te molestan seguirán con sus sonrisas; puede que hasta sin juguetes se diviertan, con o sin compañía no dejarán pasar un momento agradable, y hasta agradecen el estar vivos nada más. Pero tu versión es la que cuenta. Se te ha concedido un don enorme. Tú decides. Aquí estoy para escuchar.

 

 

4 comentarios:

  1. Querida creo que todo comienza en estar midiéndose con los demás cuando uno está conforme con sigo mismo la vida es más placentera, gracias por seguir escribiendo Lucía

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    1. Gracias a ti por seguir leyendo!;) juzgar si otros merecen, o no algo, es el inicio de sentimientos indeseables.

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  2. Como todas las personas tengo sentimientos desagradables y negativos, pero agradezco que la envidia no ha sido uno de ellos o al menos no me he dado por aludida, sin embargo, me ha tocado padecerla, por cosas tan nimias que ni siquiera las entiendo, tales como tener amigos o poder sonreír en situaciones complicadas, al final de cuentas el amor propio hace (o por lo menos ayuda)no envidiar nada de nadie, para mí lo que trabajo me provee de lo más maravilloso del mundo y no lo cambio por lo de nadie.
    Si es posible tener anhelo de la situación o alguna posesión de otra persona pero es muy diferente a la envidia, en el anhelo lo ves y trabajas por ello lo ves y sonríes por la felicidad de la otra persona, inclusive eres capaz de ver los pros y los contras de ello.
    En fin, que ojalá no les embargue ese sentir, desgasta el alma.

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  3. Hola, gracias por comentar tu experiencia. Efectivamente ver hacia dentro, y aprovechar lo propio resulta con mejores beneficios!:)

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