SUSPENSO

 Ya era hora de irse, me concentré en meter en cada bolsa los paquetes y cosas que tenía que llevar, comprobé que el peso jalara más o menos igual a cada brazo y comencé a caminar para dirigirme a la puerta; había distribuido toda la carga para equilibrarme y bajar por la rampa para salir. La tarde era apacible, la lluvia no regó el amplio jardín ni el camino de cemento cuya pendiente de bajada, con la humedad, se tornaba resbaladiza y peligrosa. Como no había gente en la casa si sucedía algún tropiezo, tendría que arreglármelas como fuera para no quedar atrapado, especialmente por la tarde noche cuando el ambiente de aquel lugar se envolvía con un “excesivo silencio” que provocaba una sensación de inquietud, por más que la casa estuviera en medio de otras fincas y rodeada de predios que tenían perros alborotando con sus ladridos, en algún momento el lugar se transformaba y parecía un espacio apartado. Dentro de sus muros reinaba una paz que ni el viento movía las hojas de los árboles, la sensación podía ser de calma, o producir un vacío que pudiera dejar entrar algo indescriptible que causaba temor y a veces espanto. Había sin embargo varios perros que cuidaban toda la propiedad, me conocían bien, se acercaban amigables para recibirme, y me seguían a la salida, éso me tranquilizaba un poco, pero cuando se alejaban corriendo quedaba la duda del porqué se iban.

Con esos pensamientos, de repente sentí como un leve toque al nivel de la mano derecha, supuse que era uno de los perros que le gustaba escaparse, me detuve de golpe para girar la cabeza hacia atrás, y decirle   que retrocediera, para evitar que se escabullera o me hiciera caer, pero me sorprendió la nada. No había algún perro que me acompañara, o algo que hubiera tocado la bolsa. Una sensación fría recorrió mis brazos y empezó a acelerar el pulso en mi mano. Con la presión del peso, y la vista alrededor, comprobé que efectivamente estaba solo.Terminé de recorrer la bajada y dejé las bolsas en el suelo un momento para tomar la llave y abrir lo más rápido que pudiera el cerrojo de la puerta. Pero la llave se atoró y entre más me apresuraba, el cilindro que debía girar para liberar el seguro no cedía. 

Con los ojos cerrados imploré que diera vuelta, pero entonces empezó a soplar una corriente de aire helado que chocaba en la pared dónde se encontraba la puerta frente a la cual yo seguía en mi intento de salir. El aire que rebotó hacia abajo daba la sensación de pasar rosando las piernas con la visión de un reptil cuya piel es viscosa y se desliza entre aguas turbias dentro de un estanque. Instintivamente sacudí las piernas y froté con las palmas de las manos los brazos para sacudirme. Tenía que calmar el miedo que mi mente puso en el recuerdo de estar en un lago lleno de maleza entre el lodo espeso que con cada paso que intentaba liberar jalaba al mismo tiempo mis pies. La orilla no estaba lejos pero el esfuerzo de levantar las piernas para caminar y esquivar el roce con animales invisibles en el fango era de angustia. Si me quedaba parado mi propio peso hacía un hueco que parecía hundirme más y en cada paso adelantaba muy poco para salir. En aquella circunstancia la ansiedad iba en aumento, no me di cuenta hasta ese momento que las llaves estaban en el suelo.

No supe cómo las solté o se habían caído del cerrojo. La puerta permanecía cerrada; con los ojos apretados hice el intento de cambiar el panorama. Ni estaba en un pantano, ni había algo que quisiera impedirme la salida.  Para tratar de calmarme, recordé que en aquella casa en un tiempo hubo muchos perros que guardaban todo el terreno, al levantar la vista vislumbré entre las sombras la imagen de uno que fue el líder, al lado de un montón de tierra recién removida; yo había ayudado días atrás a excavar para enterrar a una perrita negra que fue parte de su manada, corrían por todos lados al escuchar cualquier murmullo en la hojarasca alrededor o  dentro de la casa que por temporadas se quedaba a su cuidado. Ellos habían formado un grupo que con ladridos y el aullar del líder ponía un alto a ruidos que los concentraban a todos para atacar si era necesario. Me tocó ser testigo de cómo especialmente por la madrugada de los días en que la luna se ocultaba, se escuchaban solamente las carreras que emprendían juntos ante las señales de alerta. Olfateaban al viento en la obscuridad y el guía rasgaba con un profundo aullido escalofriante la quietud. Si era luna llena, la luz plateada inundaba con sombras la tierra y las paredes, pero los perros seguían su instinto entre la luz fría para rastrear hasta que se tranquilizaban. Sólo ellos sabían cuándo todo estaba bien.

 A pesar de la prisa que tenía por salir, como en presente, llegó el recuerdo de la casa en las fechas  1, 2 de noviembre, en las cuales mi valor requirió de refuerzo.  Al abrir la puerta, quedé fascinado por la visión de muchos pétalos fulgurantes de las flores anaranjadas que brillaban en los tonos del atardecer y en la noche resplandecían iluminadas por la luz de la luna. Indicaban una vía hacia el altar que los dueños de la casa habían puesto para hacer las ofrendas a los difuntos. La comida y los adornos aparecían y desaparecían con las luces de las veladoras que apenas se movían tenues con el aire que se filtraba por una rendija. La primera vez que me tocó asistir a renovarlas, pude ir ya de tarde. Los rayos del sol casi se perdían y quedaba un resplandor que se impregnaba con el olor del cempasúchil y aumentaba el color anaranjado con un destello que era a la vez hermoso y solemne. Por más que hice, llegué en el crepúsculo así que las sensaciones se mezclaron con la senda fantasmal y la presencia de los invitados que ya no están de carne y hueso, entre el aroma del copal y el incienso. Con las mascotas que yo sabía estaban enterradas en el jardín, y que en aquella tarde seguro andaban entre la manada viva. Los dueños habían dejado un brasero con los carbones rojos y todavía el humo se elevaba en círculos hacia el techo y se desviaba un poco por la chimenea. Los últimos rayos del sol se colaron entre las cortinas, rebotaban en los objetos de la ofrenda para proyectar sombras que se movían junto con las flamas de las veladoras a punto de apagarse. Estaba yo como en un trance entre mis propios recuerdos y la visión del altar.

De pronto, me despertó de mi ensueño un ruido seco, se escuchó en la parte posterior del patio en el fondo que tenía un cuarto para trebejos. Oí la rápida carrera de los perros entre ladridos y atropellos que hacían para llegar veloces al sitio. Me quede por un momento paralizado, pero la curiosidad ganó; dejé de encender las velas y lentamente salí hacia un estrecho corredor que rodeaba la casa, tocando la pared en los tramos que los focos fundidos colgaban inútiles pero que se movían levemente. No se me ocurrió pensar cómo era eso, si no había aire o al menos yo no lo sentía porque apenas alcanzaba a respirar con el pecho oprimido en el suspenso de saber la causa del ruido seco que había oído. Cuando estaba a mitad del camino ya de frente al cuarto oscuro del fondo, los perros emprendieron el regreso como en huida hacia el frente de la casa y me dejaron solo. Con un gran peso quedé parado sin poder moverme. La puerta del cuarto estaba derribada, alcancé a ver entre la penumbra una figura sentada a la mesa alumbrada con una lámpara, al acercarme más, se formó una sombra que volteó su cara, vi sus ojos entreabiertos de color amarillo verdoso, se me quedó mirando; con una inhalación mi respiración quedó suspendida. La figura se levantó con fuerza y empujó la mesa, el sonido de muchas monedas que caían al piso me hizo exhalar el aire contenido, por instinto retrocedí, y  con media vuelta  corrí tan rápido como pude para alcanzar el pasillo y  llegar a la puerta de salida.

Me froté las manos, y me hice ovillo apretado con mis brazos en el pecho.  Escuchaba los latidos de mi corazón empujando como golpes en la cabeza y con el cuello adolorido me incliné a recoger las llaves. Ahora sí que empezaron los ruidos de las hojas secas que se arrastraban, con los pasos que venían del fondo, los aullidos de los perros que sonaban profundo, lastimeros y muy fuertes. Ya no quise poner atención más que a dar vuelta como fuera a la cerradura, empujé el cilindro atorado y la llave por fin entró para destrabar el cerrojo.   


GUARDIANES

 Te olvidas de ti mismo, estarás librando una batalla sin saber en qué sitio tendrá lugar, ni contra que te enfrentarás… ¿Es en serio? ¡A quien  se le ocurre acudir en esas condiciones!

La conversación se daba entre un grupo de jóvenes muy aguerridos que buscaban emprender tal vez una aventura que los retara para sentir emociones extremas; iniciar un camino de preparación para intervenir en momentos críticos de ayuda para las personas en riesgo; ocupar su tiempo en acompañar a otros cuya vida, posiblemente, salvaría su propia vida. Todo era parte de un llamado que más tarde lo recordarían como una mezcla entre la añoranza, la gratitud y el orgullo.

La tranquilidad de aquella tarde fue rota; había que acudir de inmediato; la escena era desoladora, fierros retorcidos, lamentos, rastros de dolor por todas partes. Había que Improvisar aditamentos para contener la vida a como diera lugar. Poner toda la capacidad en lo conocido y suplicar por ayuda en lo que se ignora, pero que es la diferencia como una respuesta eficiente y solidaria ante un compromiso que se adquiere por voluntad propia. - Te acuerdas de lo que prometimos? Nunca me imaginé la magnitud de su significado. Entre risas y entusiasmo es simple afirmar que sí lo harás, que estás dispuesto...  Cada vez que había un llamado de emergencia se disparaba el latigazo de adrenalina que pone el cuerpo en alerta. Todos los integrantes de cada tripulación debían trabajar como equipo y no había pretextos válidos; hay que ejecutar el trabajo desconectando las emociones; clasificar en grados de probabilidad de supervivencia, sin miramientos. Visto desde afuera es como un sorteo que ganará “al que le toque” con la frialdad que se impone en una gran paradoja a veces incomprensible, de la propia vida que está en juego.

Uno a uno de los que había respondido a cualquier llamado guardaba la impresión indeleble de lo que le  tocaba.  La edad, la posición económica, o cualquier medida en apariencia de garantía, quedaba anulada. Ellos lo habían visto innumerables veces. Eran cuestiones usuales que a veces compartían desde lo más profundo de su experiencia y se quebraban en llanto al no encontrar una explicación válida para la angustia que experimentaban. Estar de cara frente a sus propios miedos como un escudo para proteger el miedo de otros, era una carga que los dejaba exhaustos. Sin embargo, se preparaban nuevamente para otro llamado que sabían tarde o temprano llegaría; tenían el temple para sacar fuerzas de donde fuera y salir adelante.

Hoy no hablaremos más con detalle de la incertidumbre oscura o la diversidad luminosa de todas estas vivencias. Queda claro de manera muy simple la complejidad enorme de una vocación de servicio. No obstante, se entiende que implica fenómenos entre lo inhumano y lo divino, que transcurre en la humanidad que llega hasta lo sobrenatural. En este corto espacio, por lo pronto, lo que sí quiero que quede inscrito es que cada uno de los que se dedican a cuidar de la vida, del bienestar del prójimo o del próximo, como escuché que se diría con más acierto, cuando de ayudar se trata, es que tienen por seguro Guardianes que los acompañan. Sobre todo, la guarda de lo que Todo lo contiene en su bondad. De lo que en su intuición les llama y les hace saber que vale la pena mantenerse unidos.  Que existe una presencia atenta siempre para cuidarlos, mientras se dedican en conciencia a cuidar de otros, para que su atención se enfoque con la calma inquebrantable de su hermandad.

Como un reconocimiento a Aries y a sus hermanos de SOS.

¡Felicidades a todos!

DECISIONES

 Elegir debe ser afirmado.

O sea que tienes la cualidad de predecir el cómo se sentirán las personas. A ver, yo no he dicho eso… Las dos amigas se habían reencontrado después de un viaje al que una de ellas quiso embarcarse para poner en orden un nuevo comienzo. La conversación dio inicio con una afirmación que seguro, daría mucho de que hablar. Mara normalmente hacía una propuesta para ir a un lugar a reunirse, tomar un desayuno o comida; pero ya que estaban de acuerdo, ponía en consideración otra opción que le venía a la mente y que ofrecía un menú diferente, un sitio más concurrido, con opiniones calificadas y un sinfín de alternativas que terminaban por hacer la decisión complicada, por lo que casi siempre la conclusión era; “entonces, no sé decide tú”. Para Nadín era un tanto fastidioso que, ya habiendo elegido, se trajeran a discusión múltiples opciones que ni ella ni Mara conocieran, pero que sólo les hacía dudar, y terminar sin decidir. Así que muchas veces se despedían diciendo que luego se pondrían de acuerdo. Al parecer era un modo  de indecisión molesto, pasado de generaciones; ellas ya lo habían notado y por eso, en esta ocasión la amiga viajera la invitó a su casa a tomar café.

Nadín había emprendido el viaje casi huyendo de situaciones ambiguas, inclusive de los titubeos para decidir algo. Mara se había quedado con preguntas y más preguntas sobre asuntos personales con planes de irse a vivir con alguien sopesando, que si el plan resultaría en un compromiso mutuo o sería un ensayo que terminaría ya que ella hubiera puesto su tiempo, dinero y esfuerzo, como reza la frase popular, sin conseguir una relación estable. Tenía en mente muchos ejemplos de mujeres que después de años de matrimonio formal se enfrentaban a la separación y ni siquiera se había dado cuenta de cuál era el motivo.  Siempre había imaginado alternativas para “llevar la fiesta en paz” y procuraba ceder la última palabra cuando de decidir se trataba. 

El tema lo habían platicado varias veces, Nadín ya le había externado su opinión diciendo: Ahí está el detalle; sigues sin decidir y eso es muy tedioso para cualquiera que tiene un panorama claro de lo que desea. No te digo que atropelles y que ganes la elección de lo que pretendes, pero sí que afirmes lo que quieres. Para Mara resultaba muy pesado tomar una decisión que pudiera lastimar, herir, hacer sentir mal o alterar de alguna manera a la persona que tenía enfrente. No sólo con un posible compañero de vida sino en general. Con esas suposiciones la mayoría de las veces quedaba mal con todos y se preguntaba con frecuencia qué había hecho mal.

Como amigas se tenían paciencia, pero después del viaje Nadín había ganado otra perspectiva para ver a las situaciones y a las personas. Al mirar a su amiga tan agobiada, comprendió que hay prioridades que definitivamente empiezan por entender qué impide confrontar a alguien o mantener una situación suspendida en pausa con suposiciones que desgastan; qué complica las acciones sin culpa, ni remordimiento, o sin la carga de lastimar a otros; si es que se trata de evitar tocar heridas que se guardan ocultas como dudas que dificultan actuar simplemente. Con un gesto amigable le preguntó: ¿No te cansa Mara, el estar atorada o moverte lentamente en situaciones que deseas sean ligeras y felices? ¿Crees de verdad que tienes la responsabilidad de la respuesta para todo el mundo sobre tu espalda? Conocemos a personas que se han hundido literalmente por llevar una carga que no les corresponde, al final, reciben reclamos y quejas por “lo mal que lo hicieron” sobre todo de quienes creyeron ayudar. Es difícil comprender pero ellas mismas se sienten defraudadas y tristes. Te lo voy a decir directo: Deja tu creencia de que tienes el control de todo y de todos.

Mara se levantó para mirarla con un gesto contrariado y replicó: ¡Pero cómo me dices eso! Me interesa el bienestar de todos, que no se  tengan problemas, mi felicidad y conseguir metas.  Hay tanto por elegir que trato de que vean lo amplio que es el mundo y la variedad de personalidades con las que tendrán que conciliar para llevar una buena vida, por eso me preocupa evitarles dolor y complicaciones. Tú y yo hemos recorrido mucho más camino y sabemos en dónde hay trampas, obstáculos y engaños. ¿O es que, no te importa que la gente se tropiece y tenga una vida de infelicidad? Nadín la miró consternada. Tomó aire y con voz calmada le indicó que se sentara. Guardó un breve silencio y empezó a relatar lo que había visto en algún lugar de su recorrido. Hay personas Mara, que sienten una gran compasión por sí mismas. Han tenido que enfrentar el abandono que les ha dejado huellas de soledad y sentimientos de ser vulnerables porque no hubo quien las defendiera, en una edad temprana de niñez o adolescencia, inclusive acumulando años de experiencia. Hicieron un esfuerzo enorme, pero en desventaja, y desafortunadamente el sentimiento de fracaso muchas veces se presentó en sus vidas, porque además el fracaso se aprende de otros en similares situaciones, y ellos lo vieron de cerca con humillación e impotencia.

En mi aventura conocí personas que me confiaron un aprendizaje fantástico. Me dijeron que cuando se dieron cuenta de cómo eran el reflejo en otros empequeñecidos en su conmiseración, decidieron que eso no eran ellos. Si los otros se compadecían para no atinar a mostrarles otra imagen de sí mismos, ellos tenían el coraje y la fuerza que habían desplegado. Dejaron de depender de la lástima y limitaciones que pretendían aniquilarlos con máscaras de condolencia. Repasaron cada frustración y aprendizaje con sentimientos de indefensión; reconocieron debilidades ajenas. Recordaron por todo lo que habían pasado, lo cual les facilitó estar ahora como viajeros, con equipaje ligero, en un muelle esperando zarpar sobre un crucero, o a veces en un desierto que reverbera de calor, pero les brinda abrigo y camaradas. La gente que había permanecido sólo con sentimientos de ser buenos no les habían consolado. Les fue necesario cambiar y decidir internarse en tierras desconocidas. Navegar en mares atemorizantes hasta sentir un merecimiento propio.

Fue revelador escuchar que una barca en apariencia frágil construida por principiantes como se consideraban ellos, resistía tormentas. En cambio, grandes navíos diseñados por expertos se hundían irremediablemente estancados en su aparente bondad llena de inseguridades para no lastimar a otros ni exponerlos al peligro de transitar caminos desconocidos por sus miedos imaginarios que los paralizaban. Mara reaccionó con la frialdad de quien no se siente valorado. Cómo es que su buena intención de dar a manos llenas se pudiera interpretar como una traición a sí mismo y una mentira para los demás. Le parecía humillante que su gran amiga dijera aquellas cosas. Cuando algo se escucha amenazante se exagera la sensibilidad hacia la crítica. Nadín  se retiró un momento para preparar el café y dejar un tiempo a solas a su amiga que movía la cabeza en señal de rechazo, pero que sus recuerdos le llegaban como eco de las veces que persiguió a quienes no la querían, a buscar más atención con ofrecimientos de todo tipo que eran despreciados y que por cierto no le conseguían más que dificultades.

 ¿Ya más tranquila? Preguntó Nadín. Todavía si me lo permites, quiero contarte que en otro lugar conocí a mujeres que con sollozos se perdían en reclamos y lamentos por haber decidido terminar relaciones que involucraban a gente muy joven que ahora las repudiaba. Podían haber sido madres o compañeras cuyos hijos se alineaban con quienes las habían maltratado, y en lugar de amarlas a ellas, le concedían comprensión y cariño al que de acuerdo con esas mujeres los había separado. ¡No puede ser! volvió a reaccionar Mara y la miró con amargura para decirle: No te creo. A qué lugares te fuiste a meter para ver tanta incoherencia.

Lentamente Nadín respondió: Posiblemente en la soledad del alma que ha aprendido que aun los más fuertes lazos se tienen que desatar como las amarras de los cruceros gigantes que sólo están de paso en los puertos. Como las caravanas interminables que viajan por el desierto entre nómadas y oasis temporales. Mara insistió en su incredulidad, y  retomó la palabra. Pues te diré que estás muy mal. Las relaciones entre los padres, los hijos, la gente que te importa, como los nudos más intrincados no se disuelven. Con tranquilidad Nadín se acercó y le habló en un tono claro y alegre: Nadie me dijo lo contrario querida amiga. Sólo me dijeron entre todos, que en la honra que se les brinda a cada uno de esos lazos, agradecen mucho ver sus miedos superados, sentir su enojo aquietado, la idealización excesiva que aterriza sin resentimientos. Desde puntos vulnerables, pudieron apreciar mucho mejor la libertad, y a los seres que conocieron en cualquier rol que ejecutaron. Me mostraron como afirmar la elección con la voluntad de dejar ir, y permanecer vivo por un contrato decidido mucho antes, que consigna ser mejor a pesar de todo.    

 

CONTRADICCIÓN

 Ahora vamos con un tema que es tan evidente, que se pasa desapercibido. ¿Te parece una contradicción? pues vamos a desmenuzarlo un poco. Normalmente se diría que lo evidente es lo que se ve, se percibe de alguna manera para realizar las actividades cotidianas; sirve en la planeación de asuntos, e inclusive es parte de lo que se recuerda. Sin embargo, lo evidente se vuelve rutinario; poco a poco insensibiliza la visión y la escucha inteligente; normaliza desatender lo más importante. Se vive como si el paso temporal de una vida pudiera ser subordinado a la espera y a la postergación. Se piensa que el “mañana” está garantizado; así que se puede seguir con posponer la oportunidad que se presenta como única vez para participar en una convivencia; intentar un reencuentro; ofrecer un regalo; invitar a una aventura, aprender o des-aprender, y en general a lo que se considera con un sentido vital que favorece la continuidad, y se convierte en fuente de inspiración. Todo esto sucede entre evidencias que muestran constantes pérdidas como señales de que es muy rápido el paso del tiempo en la convencionalidad establecida para dar inicio y término a ciclos que transcurren para mejorar algo. Especialmente para valorar a las personas que con diferentes vínculos forman parte de la experiencia individual en núcleos de familia, trabajo, amistades, y compañeros de vida.   

Las personas se debaten para dar sentido a su existencia y no obstante se repiten rompimientos, disgustos, y alejamientos a pesar de ser evidente que sin previo aviso muchas personas, situaciones y cosas “desaparecen”. Cada vez es más apremiante reajustar la adaptación al cambio que se entienda o no, es vertiginoso y no espera ni a la necedad ni a un enfoque egocéntrico. Hay que admitir que la percepción de cualquier proceso de vida o muerte es individual, no obstante, también es actualmente  reconocida la evidencia de la interconexión que existe por los sentimientos de hermandad, y compasión entre los seres que expresan vida en una gama inmensa de múltiples formas. Hay innumerables corrientes de pensamiento cuyo interés se funda en encontrar explicaciones al origen y evolución del ser humano. Se suman infinidad de interpretaciones desde diversos puntos de vista muchas veces en contradicción, pero que se justifican en la diversidad de la vivencia personal que las valida para poder, en el mejor de los casos, empezar a vivir con certeza la oportunidad que se da con abrir los ojos cada mañana, en lugar de idealizar una realidad o un  futuro incierto.

La posibilidad de entender, otra vez, en contradicción a un sentido más cercano a un ser integral pero fragmentado surgió de manera inesperada. Se puso a la vista en una frase que provoca un par de reflexiones muy personales pero prometedoras. Se resume en lo siguiente:

Al inicio; “Las ideas se han tragado a los dioses. En el transcurso; los dioses se han tragado a las ideas”

Nuevamente la cuestión de si resulta una contradicción o es tan clara una respuesta aparece como un desafío para aventurarse en un ejercicio de rebeldía propia de las mentes juveniles, y de las que han acumulado años para mantenerse inmersas en un proceso de maduración que sugiere confrontar a las creencias “heredadas”; el sometimiento a patrones repetidos como calcas  desgastadas, cuya copia empaña la visión fija en costumbres y comportamientos subordinados al poder de la fuerza bruta; entender que los marcos de referencia estáticos son un contradicción que se disuelve dentro de un proceso altamente dinámico. Sin embargo, existe un centro de atención que requiere unificar al pensamiento y lo integra de tal manera que lo vuelve una guía inquebrantable. Pareciera contradictorio pero es evidente que cuando alguien “se quiebra” la fuerza de la imagen que se genera en los otros se contagia, coincide, se comparte y une. Al final resurge interminable la reiterada búsqueda hacia la inteligencia superior. Qué se necesita para quitar los velos del entendimiento humano; trascender su ignorancia para hacer innecesario el lamentar tardíamente lo que pudo ser, ya sin remedio.

Me atrevo a decir que la frase que apareció inesperada, afirma lo que cada uno adora, a lo que le reza, ante lo cual eleva una oración sincera que le trae consuelo o esperanza; le sugiere recapacitar de su sentimiento de vacío que se extingue o fortalece con la misma insensibilidad hacia lo evidente, pero aprecia  que en un momento se acaba. Aún más; lo urge para apresurar el paso, reivindicarse con la idea que le llama para ser mejor mientras se pueda. Con la vida que le pide coherencia en el actuar para estar en paz consigo mismo y de paso con todo lo demás que le rodea; dar forma a la parte de ésa idea de un dios muy personal, que lo integre y lo unifique.

¡Que las ideas se coman a los dioses es grandioso! Que los dioses se coman a las ideas es devastador para un ser por esencia pensante, y constructor de infinidad de realidades en coexistencia imprescindible, a menos que se decida excluirse en aislamiento como ermitaño y servir a un dios ajeno a sí mismo, que irremediablemente en contradicción, le preguntará sobre su realidad aun que lo niegue. La esencia divina, no se oculta, es un núcleo evidente, constante, eterno que no necesita de permisos para estar presente. Los acertijos sobre todo los que se formulan para uno mismo en un afán rebelde, son muy valioso para despertar con un amor propio un primer baluarte y hogar permanente. Aquí una postrera acotación; se ha escrito ser pensante, pero para que aplique certeramente la frase mencionada se requiere anexar la emoción que propulsa al pensamiento. Un binomio intrincado muy complejo, que contradice lo que se ejecuta desde las sensaciones desbordadas sin control, evidente en gestos, y actos que desplazan al pensamiento.

La comprensión de si las acciones se rigen por las emociones, o por los cálculos minuciosos del pensamiento racional para tomar decisiones es otra contradicción evidente.  Los dioses desde siempre han adoptado símbolos, significados, y formas para contradecir o legitimar su propia supervivencia.  Por lo tanto, celebro que haya aparecido la frase y quisiera dar el crédito debido a quien la haya formulado. Sinceramente lo desconozco. Pero seguramente en el devenir del tiempo y del espacio alguien lo reencuentre, aparezca y desaparezca en sucesivos actos de magia que, en contradicción, se tragan el espacio y el tiempo para contribuir al entendimiento de la vida que, por lo pronto, es lo más importante de salvaguardar para trascender al lugar que más le plazca a cada uno, dentro del gran todo que lo comprende.