Elegir debe ser afirmado.
O sea que tienes
la cualidad de predecir el cómo se sentirán las personas. A ver, yo no he dicho
eso… Las dos amigas se habían reencontrado después de un viaje al que una de
ellas quiso embarcarse para poner en orden un nuevo comienzo. La conversación
dio inicio con una afirmación que seguro, daría mucho de que hablar. Mara
normalmente hacía una propuesta para ir a un lugar a reunirse, tomar un
desayuno o comida; pero ya que estaban de acuerdo, ponía en consideración otra
opción que le venía a la mente y que ofrecía un menú diferente, un sitio más
concurrido, con opiniones calificadas y un sinfín de alternativas que
terminaban por hacer la decisión complicada, por lo que casi siempre la conclusión
era; “entonces, no sé decide tú”. Para Nadín era un tanto fastidioso que, ya
habiendo elegido, se trajeran a discusión múltiples opciones que ni ella ni
Mara conocieran, pero que sólo les hacía dudar, y terminar sin decidir. Así que
muchas veces se despedían diciendo que luego se pondrían de acuerdo. Al parecer era un modo de indecisión molesto, pasado de generaciones; ellas ya lo habían notado y por eso, en esta ocasión la amiga viajera la
invitó a su casa a tomar café.
Nadín había emprendido el viaje casi huyendo de situaciones ambiguas, inclusive de los titubeos para decidir algo. Mara se había quedado con preguntas y más preguntas sobre asuntos personales con planes de irse a vivir con alguien sopesando, que si el plan resultaría en un compromiso mutuo o sería un ensayo que terminaría ya que ella hubiera puesto su tiempo, dinero y esfuerzo, como reza la frase popular, sin conseguir una relación estable. Tenía en mente muchos ejemplos de mujeres que después de años de matrimonio formal se enfrentaban a la separación y ni siquiera se había dado cuenta de cuál era el motivo. Siempre había imaginado alternativas para “llevar la fiesta en paz” y procuraba ceder la última palabra cuando de decidir se trataba.
El tema lo habían platicado varias veces, Nadín ya le había externado su opinión diciendo: Ahí está el detalle; sigues sin decidir y eso es muy tedioso para
cualquiera que tiene un panorama claro de lo que desea. No te digo que
atropelles y que ganes la elección de lo que pretendes, pero sí que afirmes lo que quieres. Para Mara
resultaba muy pesado tomar una decisión que pudiera lastimar, herir, hacer
sentir mal o alterar de alguna manera a la persona que tenía enfrente. No sólo
con un posible compañero de vida sino en general. Con esas suposiciones la
mayoría de las veces quedaba mal con todos y se preguntaba con frecuencia qué
había hecho mal.
Como amigas se tenían paciencia, pero después del viaje Nadín había ganado otra perspectiva para ver
a las situaciones y a las personas. Al mirar a su amiga tan agobiada,
comprendió que hay prioridades que definitivamente empiezan por entender qué impide confrontar a alguien o mantener una situación suspendida en pausa con suposiciones que desgastan; qué complica las acciones sin
culpa, ni remordimiento, o sin la carga de lastimar a otros; si es que se
trata de evitar tocar heridas que se guardan ocultas como dudas que dificultan actuar
simplemente. Con un gesto amigable le preguntó: ¿No te cansa Mara, el estar
atorada o moverte lentamente en situaciones que deseas sean ligeras y felices? ¿Crees
de verdad que tienes la responsabilidad de la respuesta para todo el mundo sobre tu
espalda? Conocemos a personas que se han hundido literalmente por llevar una
carga que no les corresponde, al final, reciben reclamos y quejas por “lo mal
que lo hicieron” sobre todo de quienes creyeron ayudar. Es difícil comprender pero ellas mismas se sienten defraudadas y tristes. Te
lo voy a decir directo: Deja tu creencia de que tienes el control de todo y de
todos.
Mara se levantó para mirarla con un gesto contrariado y replicó: ¡Pero cómo me dices eso! Me interesa el bienestar de todos,
que no se tengan problemas, mi felicidad y conseguir metas. Hay tanto por elegir que trato de que vean lo
amplio que es el mundo y la variedad de personalidades con las que tendrán que
conciliar para llevar una buena vida, por eso me preocupa evitarles dolor y complicaciones. Tú y yo hemos recorrido mucho más camino y sabemos en dónde hay
trampas, obstáculos y engaños. ¿O es que, no te importa que la gente se
tropiece y tenga una vida de infelicidad? Nadín la miró consternada. Tomó aire y
con voz calmada le indicó que se sentara. Guardó un breve silencio y empezó a
relatar lo que había visto en algún lugar de su recorrido. Hay personas Mara,
que sienten una gran compasión por sí mismas. Han tenido que enfrentar el
abandono que les ha dejado huellas de soledad y sentimientos de ser vulnerables
porque no hubo quien las defendiera, en una edad temprana de niñez o
adolescencia, inclusive acumulando años de experiencia. Hicieron un esfuerzo enorme,
pero en desventaja, y desafortunadamente el sentimiento de fracaso muchas veces
se presentó en sus vidas, porque además el fracaso se aprende de otros en
similares situaciones, y ellos lo vieron de cerca con humillación e impotencia.
En mi aventura
conocí personas que me confiaron un aprendizaje fantástico. Me dijeron que cuando
se dieron cuenta de cómo eran el reflejo en otros empequeñecidos en su conmiseración,
decidieron que eso no eran ellos. Si los otros se compadecían para no atinar a
mostrarles otra imagen de sí mismos, ellos tenían el coraje y la fuerza que
habían desplegado. Dejaron de depender de la lástima y limitaciones que pretendían aniquilarlos con máscaras de condolencia. Repasaron cada frustración
y aprendizaje con sentimientos de indefensión; reconocieron debilidades ajenas. Recordaron por todo lo que
habían pasado, lo cual les facilitó estar ahora como viajeros, con equipaje ligero, en un muelle esperando
zarpar sobre un crucero, o a veces en un desierto que reverbera de calor, pero
les brinda abrigo y camaradas. La gente que había permanecido sólo con
sentimientos de ser buenos no les habían consolado. Les fue necesario cambiar y decidir internarse en tierras desconocidas. Navegar en mares atemorizantes hasta sentir un merecimiento propio.
Fue revelador
escuchar que una barca en apariencia frágil construida por principiantes como
se consideraban ellos, resistía tormentas. En cambio, grandes navíos diseñados
por expertos se hundían irremediablemente estancados en su aparente bondad
llena de inseguridades para no lastimar a otros ni exponerlos al peligro de transitar
caminos desconocidos por sus miedos imaginarios que los paralizaban. Mara reaccionó con la frialdad
de quien no se siente valorado. Cómo es que su buena intención de dar a manos llenas
se pudiera interpretar como una traición a sí mismo y una mentira para los
demás. Le parecía humillante que su gran amiga dijera aquellas cosas. Cuando
algo se escucha amenazante se exagera la sensibilidad hacia la crítica. Nadín se
retiró un momento para preparar el café y dejar un tiempo a solas a su amiga
que movía la cabeza en señal de rechazo, pero que sus recuerdos le llegaban
como eco de las veces que persiguió a quienes no la querían, a buscar más
atención con ofrecimientos de todo tipo que eran despreciados y que por cierto no le conseguían más que dificultades.
¿Ya más tranquila? Preguntó Nadín. Todavía si
me lo permites, quiero contarte que en otro lugar conocí a mujeres que con sollozos
se perdían en reclamos y lamentos por haber decidido terminar relaciones que
involucraban a gente muy joven que ahora las repudiaba. Podían haber sido
madres o compañeras cuyos hijos se alineaban con quienes las habían maltratado,
y en lugar de amarlas a ellas, le concedían comprensión y cariño al que de
acuerdo con esas mujeres los había separado. ¡No puede ser! volvió a reaccionar Mara y la miró con amargura para decirle: No
te creo. A qué lugares te fuiste a meter para ver tanta incoherencia.
Lentamente Nadín
respondió: Posiblemente en la soledad del alma que ha aprendido que aun los más
fuertes lazos se tienen que desatar como las amarras de los cruceros gigantes
que sólo están de paso en los puertos. Como las caravanas interminables que
viajan por el desierto entre nómadas y oasis temporales. Mara insistió en su incredulidad, y retomó la palabra. Pues te diré que estás muy mal. Las relaciones entre los padres, los hijos, la gente que te importa, como los nudos más intrincados no se disuelven. Con tranquilidad Nadín se acercó y le habló en un tono claro y alegre: Nadie me dijo
lo contrario querida amiga. Sólo me dijeron entre todos, que en la honra que se
les brinda a cada uno de esos lazos, agradecen mucho ver sus miedos superados, sentir su enojo aquietado,
la idealización excesiva que aterriza sin resentimientos. Desde puntos vulnerables, pudieron apreciar mucho
mejor la libertad, y a los seres que conocieron en cualquier rol que ejecutaron. Me mostraron como afirmar la elección con la voluntad de dejar ir, y permanecer vivo por un
contrato decidido mucho antes, que consigna ser mejor a pesar de todo.
Es confuso estar con una persona tan complaciente que se pisotea a si misma en aras de lo mejor para todos.
ResponderBorrarYo veo el principio ecológico, lo mejor para mí y es el bien de quienes te rodean, gracias.
Lucía
Gracias por tu comentario Lucía!
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