TRAGICOMEDIA

 De acuerdo. Es incierto lo que sucederá después, pero ahora mismo hay maneras de entender que se muere de muchas formas particularmente por el habla chismosa  y sin un sentido de vida. Sin embargo, es muy complejo encontrar que solamente con contrastes de desequilibrio se vislumbre la experiencia de una evolución eterna. Ni hablar que cada situación implica cosas de supervivencia, instintos que reaccionan al hambre, al frío, y a la protección de cualquier clase de amenaza. En esos estados es imposible un deseo superior. No obstante, lo quieras o no, la dinámica de la existencia funciona, sin atender a la ignorancia, ni a la inconciencia.

Casi siempre el diálogo reiniciaba con alguna cuestión sobre el más allá, cuando en el “más acá” seguían los conflictos reiterados por los sentimientos en contra del comportamiento esperado, en situaciones parecidas, con gente conocida, que se presentaban una y otra vez como una mala obra de teatro que llevara en cartelera toda la vida hubiera o no espectadores. Los involucrados en esta interminable discusión, tenían nombres fuera de lo común casi como indicio de su eterna inconformidad. Madre Selva era muy activa, no esperaba que la vida la pusiera delante de algún desafío, sino que se ocupaba de buscarlo. Su carácter inquieto, deseaba conocer cada rincón de la tierra. Hacía ahorros para que en la primera oportunidad viajara hacia lugares que las guías de turismo no contemplaban, decía que de esta manera llegaba como un supervisor que sin previo aviso, puede darse cuenta de cómo van las cosas realmente, sin la apariencia conveniente para un reporte favorable. Así que en sus andanzas había encontrado territorios inhóspitos, y gente integrada con la naturaleza que por cierto ella calificaba como un modelo de comportamiento de alto riesgo puesto que ahí se atiende al salvajismo; la competencia por supervivir de toda clase de criaturas; con la ley del más fuerte, que sigue vigente sin misericordia.

Ptolomeo Augusto era su interlocutor y, por lo tanto tenía grandes argumentos para rebatir lo salvaje, igual que lo inmisericorde. Entonces se posicionaba en otra narrativa para evocar los grandes avances del conocimiento en las áreas consideradas claves de la evolución humana y anexas. Solía decir esto para aquietar la exaltación de carácter de su prima que se desbocaba en la crítica de lo perverso del modelo natural que una gran mayoría tomaba como referencia de crecimiento o desarrollo. Él pensaba que cada individuo tiene la opción de cambio o adaptación de acuerdo con su propia experiencia. Que hasta el método de prueba y error era válido. Por eso el retraso en adquirir otros comportamientos acordes con la vida en una diversidad de modelos, que sugerían la convivencia en armonía. Esta parsimonia prendía como mecha a Madre Selva con lo cual, el espectáculo de verlos discutir se tornaba una maravilla para los ociosos que por casualidad pasaban cerca de los lugares donde se reunían.

A ver Ptolomeo Augusto, decía Madre Selva. Tanto el comportamiento humano que a mí me parece mejor dicho Inhumano, como lo que calificas de “anexas” es la vida misma, hoy, cada día, un ambiente que después de tanto discurso, me topa con el reiterado drama sobre la queja de alguien porque no lo aman como el quisiera ser amado; que nadie valora lo que en su opinión es lo más valioso que existe; la percepción de gente odiosa al tratar mal lo que merece respeto, y así sigue una lista interminable hasta el hastío y ¡lo peor!, no es una vez que lo escucho sino todo el tiempo, como una grabación de las que se usan para aplazar una respuesta o solución en un asunto, y se repite con innumerables opciones a elegir mediante un aparato para la supuesta comunicación, que en interminable espera queda sin resolver algo…Ptolomeo Augusto respiraba hondo y procuraba responder con una voz suave que invitaba a la comprensión de un ser que se desconoce en principio, a sí mismo; llega al mundo en un estado de indefensión absoluta. Es la única criatura que depende en sus primeros años del cuidado de otros, que, a su vez, han sido cuidados con la suma de un montón de creencias transmitidas como herencias supersticiosas o desequilibrios mentales llenos de miedo, incertidumbre, y anexas. Con lo cual explicaba a Madre Selva, me refiero a ese cúmulo de experiencias incompletas, entornos fraccionados, paradojas

latentes características de un cambio constante. Más aún Madre Selva; ¿has observado que la criatura humana es la única que al ver el fuego gatea, o camina directo a tocarlo sin temor alguno? Luego durante su supuesto desarrollo se convence o lo convencen de alejarse, porque le inducen en prejuicios, manipulado para hacerlo inseguro, le repiten que las llamas pueden lastimar, son peligrosas, “malas” de manera que olvida su primera inocencia, la espontaneidad pura que lo alimentó un día. Sin embargo, en lo profundo de su ser sabe que le pertenece una identidad oculta, que existe con un abrazo lo suficiente grandioso para que en algún momento se atreva a tocar cualquier llama sin quemarse.

Con un gesto cansado Madre Selva soltó un ¡Ufffff! Para proseguir: ¿Sabes? has repetido tantas veces lo mismo, que hasta la idea del cambio para crecer en esa conciencia parece estática. Me recuerda el antiguo modelo terráqueo que se resiste a quitarse de ser el centro del universo. Es tan grande el apego a la materia que la gente se ha adherido a la tierra; la considera su única fuente de satisfacción; su afán queda vacío, aunque adquiera y acumule sin medida lo que alcanza a mirar de reojo, sin importarle ni el más allá ni el más acá. Continúan haciendo historias de terror en luchas con armamentos letales sumamente sofisticados, mientras su atención queda atrapada en telenovelas y series, que sin variar representan dramas de engaños, hipocresía, deslealtad y anexas como tú dices. Sin distinción, cualquier cosa es permitida; nada vale más, que la necedad de salir sin culpa. Entonces prefieren replicar en su propia vida lo que han visto miles de veces y ha llegado a sus oídos por medio de narrativas maliciosas. Han admitido supuestos de amor y desamor que es una perversión quizás de la única fuerza que valdría entender fuera de la ambición de un intercambio egoísta, ventajoso las más de las veces que normalizadas los llevará al vacío y desequilibrio en un círculo vicioso. Para colmo, ¡les sorprende! Se adjudican una frase muy trillada: ¿por qué a mí? Y empiezan dramas aumentados, asumen una posición de víctimas para justificarse y vuelven al mismo camino conocido, con la misma ruta y pretenden tener otros resultados. Así que lo que me dices del avance, en un cambio constante parece imposible.

Ptolomeo Augusto tomó la palabra: Pues, aunque te parezca difícil de entender, lo que ahora declaras indica un avance. El deseo que te mueve para conocer lo que a otros no les importa coincide con el movimiento imperceptible de la evolución que existe. Sin necesidad de que se la exhiba. Pero que deja huellas, y se manifiesta contundente, aunque ciertamente puede decirse que no le interesa ser observada ni necesita del reconocimiento de alguien, ni mucho menos de las masas insensibles. Es el único aliento creador que pasa desapercibido en cuya presencia se invalida la negligencia. Es tan callado que el silencio lo envuelve y aparece de un modo calificado de desastre o de milagro. Tú lo estas viviendo por estar atento, curioso y hasta frustrado. Pero veo que perseveras, lo tienes reconocible de cerca o de lejos con la consigna propia de tener un encuentro más allá de las tragicomedias individuales o colectivas. Por eso te aseguro que volveremos a discutir y será muy agradable escucharte.

Madre Selva replicó: Sé que ahora mismo se revela en nuestro encuentro la certeza de tu idea, la confianza en mi idea. Es consabido que resuena en el tono amable, las palabras dichas con calma y se agradece el coincidir. De algún modo entre el revuelo que me encanta, considero lo apacible como un centro para hacer un alto y recalcular lo andado. Al fin, no voy a aquietarme, no es lo mío, y sé que tampoco es lo tuyo. Entiendo esos dramas inagotables, lo vulnerable de un ser que no termina de madurar; continúa con incertidumbre impuesta, inseguro al sentirse rechazado por sus propios congéneres, que lo empujan a ser fuerte, a la par que se burlan sobre una base débil de conflictos no resueltos guiados por miedos inmemoriales. Así y todo, habrá que enfrentar cada uno con lo suyo, un cambio permanente, ahora con repercusiones determinantes. Comprendo que el fuego también se ha cansado de la espera; se muestra

de frente desafiante; se haya recordado o no la inocencia primigenia, y la confianza para acercarte a él sin perecer.

DESENCANTO

 Si hay algo terrible es que pase desapercibido lo que te daña. Es increíble el poder destructivo que a todas vistas existe y que sin embargo se esconde de la mirada del que poco a poco sucumbe en sus garras…
El Concurso había convocado a quienes tuvieran una historia congruente dentro del contexto de las tradiciones, costumbres y leyendas de un pueblo, con la intención de mantener vivos sus principios de vida ejemplar. El jurado era muy peculiar. Un solo personaje desconocido para la mayoría. Un ser poderoso, sumamente crítico, imposible de engañar, dado que sabía de la complejidad de las relaciones humanas; la dificultad para sostener una idea; la incoherencia en la práctica de ideales, por el desconocimiento de una identidad superior para realizar una vida plena. Cada determinado tiempo enviaba una convocatoria, le encantaba poner a prueba la imaginación de los aspirantes para constatar el avance de las poblaciones que acudían a su llamado. Tenía previsto un gran premio, lo suficiente importante tanto para alentar al autor, como para mejorar a la comunidad ganadora. Hoy era el día para iniciar las presentaciones. El juez único tenía un palco que dominaba todo el escenario. En principio se leería la obra y con la ayuda de dispositivos audiovisuales se produciría un fondo para animar el relato del presentador, que podía ser el propio autor o alguien contratado para leer el relato.
Con todo preparado dio comienzo el concurso. El primer narrador inició la descripción.

Es la historia de un pueblo muy tradicional… en el fondo se desplegó la imagen de personas con vestimentas sencillas, el centro de un parque, comercios, en un ambiente amigable y de tranquilidad… Es la historia de un encuentro romántico, charlas amorosas sobre formar una familia, el compromiso sellado para ser apoyo, tener los cuidados necesarios de los recursos económicos, dentro de una sociedad fincada en la convivencia de respeto, y todos los requisitos del deber ser… la pantalla de fondo presentaba en serie, las imágenes de una pareja, la celebración de una boda, niños recién nacidos que se transformaban en adolescentes, y jóvenes alegres en escuelas, universidades, adultos en empresas, oficinas, y en la transición una mujer embelesada haciendo las limpieza del hogar… En el palco preferente, el juez escuchaba un poco contrariado el relato y agregó como un monólogo: No obstante, cada día resultaba penoso, cada amanecer se tornaba nublado y frío.

El narrador seguía…Toda la gente que conocía aquel matrimonio comentaba lo bien que se trataban, el esposo con un trabajo estable, ingresos en aumento por su excelente desempeño, lo cual permitía proveer de lo necesario, que alcanzaba incluso, para comodidades extra como viajes al extranjero, regalos costosos, fiestas y podría decirse que lo suficiente para comprar en cualquier momento lo que hiciera falta… en el escenario fulguraban imágenes de autos, aviones, playas, celebraciones de cumpleaños, y toda clase de comodidades… Los ojos del juez que acompañaba el relato empezaron a brillar mucho más que las luces del escenario; en la obscuridad desde su lugar, se proyectaban para opacar las imágenes artificiales que servían de fondo, y con el semblante de enojo completó a su modo la historia: Sí claro, cosas, muchas cosas que se desechan; distracciones temporales con la avidez de acumular y tener cuanto sale al mercado como otra novedad costosa que puede presumirse.

El narrador se sintió desconcertado con los reflejos de las luces que cruzaban por todos lados, pero continuó: La esposa se dedicaba a que su casa se convirtiera en un hogar como le habían enseñado; como la obligación que la caracterizaba. Es decir que  el domicilio fuera mucho más que un lugar en donde se habita, sino como un remanso de paz, armonioso, y con las cualidades que la mujer transmite con su encanto a un espacio de belleza, comodidad, elegancia… El escucha en su palco comenzó a tener nauseas, le resultó chocante aquel relato tan empalagoso, lleno de adornos idílicos sobrados de la apariencia que en su saber eran falsos,malas interpretaciones de las fuerzas que gobiernan en integridad a toda la existencia. Con una actitud displicente se acomodó; dejó de prestar atención al relato, y pensó para sí: Te voy a decir lo que realmente he visto, lo que ahora mismo sucede en una casa X que viene a mi memoria. La querida esposa, y el flamante esposo, están a punto del colapso. Tal como sucede en una mezcla desequilibrada que favorece al desorden.

El ente misterioso tenía la habilidad de escuchar y ver por encima de las pretensiones de quienes tenían el descaro de venderle un libreto, inclusive adivinaba los pensamientos. Por lo tanto, cada vez su impaciencia era mayor al escuchar frases como: …la mujer se levanta casi de madrugada a preparar el desayuno para la familia…su esposo y los hijos que han procreado, necesitan alimentos nutritivos, que se antojen a la vista; servidos de manera bonita en recipientes adecuados…se esmera para poner su mejor esfuerzo en el papel de ama de casa aceptado, igual que el rol heredado del comportamiento para cada cada hijo y marido en la comunidad.  El juez único con furia contenida elevó su voz y en el teatro resonaron sus palabras: Echa a volar tu imaginación y reescribe si es que puedes, los detalles que detrás de los telones pueden sacarte del cuadro que pretendes venderme como una gran obra. Desecha los libretos que copias y reproduces por ignorancia y comodidad. Se levantó de su asiento y se asomó para observar la reacción de la audiencia. 
El ambiente parecía tranquilo, pero más bien de indiferencia. Al parecer ni la presentación hablada, ni las imágenes de fondo y, peor aún, ni su voz potente de amenaza airada provocaban una respuesta. ¡Jamás en sus correrías había visto que su presencia fuera desapercibida! Qué sucedía con esa gente; nuevamente las frases trilladas por siglos estaban presentes; miraban sin ver; oían sin escuchar, posiblemente había llegado caminando sin entender hacia dónde se dirigían sus pasos y finalmente se sentaban cómodamente, para pasar un rato sin sentido. Atraídos tal vez por el rumor de un gran premio o por el morbo de una contienda de la cual eran ajenos en forma y en contenido. Mientras en sus casas representaban roles cada vez más desgastados, con la pretensión de cumplir el deber ser que les habían enseñado; que les funcionaba a medias, pero sin necesidad de esfuerzo, con la complacencia general.

Con un ademan de asombro el ente se desplomó en su asiento. Entre todo este tinglado estaba presenciando su propio destierro; Estaba siendo desplazado por cada una de las personas que formaban los pueblos que había convocado. Los individuos se habían fragmentado a pesar de su advertencia, su dureza para mostrar las señales de la ignominia las había convertido en dramas y comedias para entretenerse, desconocían su posición dentro y fuera de aquel recinto. Qué le dejaban entonces para su labor de generar la destrucción creativa que era el juego que él había diseñado en perfección del equilibrio. El desencanto lo envolvió como un velo denso, la oscuridad, como si fuera posible, adquirió un tono de negrura mucho más profundo, solamente sus ojos conservaron el brillo luminoso propio de su naturaleza inteligente. Salió del palco sin que alguien lo notara, el concurso continuaba y ninguno se dio cuenta de que el juez se había marchado aburrido de palabrerías ;rostros resignados, y perdidos en un vacío inerte.  

En la calle sin embargo, se encontró con que se habían reunido varios grupos que charlaban sobre las mejoras que harían en su localidad. Algunos ofrecían materiales de madera, hierro, ladrillos o algo para construir. Otros proponían diseños funcionales para las nuevas necesidades, trabajadores de todo tipo intercambiaba ideas para la acción.¡Vaya! No todo está perdido, se dijo para sus adentros el juez desconocido. Nadie ha convocado a esta otra gente, ni ofrecida recompensa alguna, pero parecen divertidos. Que tal si empiezo a compartirles alguna sombra para su descanso, o un lugar más cómodo para aquietar su entusiasmo. Qué maravillosa es mi labor ante tantas oportunidades. Por un momento creí en el desencanto, sabiendo que estoy al frente; que los matices dentro y fuera me pertenecen. El ente poderoso tomó nuevos bríos, el velo antes denso se tornó ligero y vaporoso con un color sumamente atractivo, al punto que llamó la atención de muchos entre los grupos reunidos, cuyos participantes empezaron a dispersarse para unirse al extraño que entre risas y anécdotas capturaba la atención con su encanto y decía: ¡Si mis amigos! ¡Encanto y desencanto, cualquier cosa hombre! Hay que divertirse. Sus ojos resplandecientes fulguraban otra vez. Qué fácil era retomar su juego. Aunque ésta vez, se aseguraría de mostrarse con mucho más fuerza para que no pasar desapercibido en el letargo apático de la multitud. La destrucción no daría cabida para aquellos indiferentes y resignados. La retomarían los que lo pudieran ver, escuchar y actuar en consecuencia. 

LAS BRUJAS EXISTEN

 Las brujas existen, ¡punto!, y son mujeres, punto. La señora que había llegado para pasar una temporada en casa arrugó el entrecejo con un gesto inquisidor, pero enternecido, y replicó: ¿Quién te ha dicho eso? ¿De verdad lo crees?

La charla había iniciado en el desayuno y ahora continuaba en el jardín. La persona más resuelta en sus convicciones tenía pocos años; irradiaba energía por todas partes, y corrió hasta una fuente en dónde nadaban peces dorados que le regalaron en su cumpleaños; le fascinaba darles de comer y verlos acercarse a sus manos abiertas. La mujer que la acompañaba era una vecina que a veces se animaba a estar como huésped para convivir con la criatura que le resultaba tan graciosa. Hacía tiempo que vivía sola, en una casa de campo en la cual hizo construir una habitación especialmente para poder contemplar la salida y puesta del sol. El silencio que rodeaba su propiedad era muy agradable; le daba la oportunidad de apreciar la naturaleza, leer para conocer filosofías de vida, y en algún momento,  visitar a quienes conservaba como buenos amigos que le ofrecían la hospitalidad en sus casas para volver de vez en cuando a los lugares que con diferentes ritmos de vida le hacían agradecer y compartir lo que apreciaba de la convivencia y de su propia vida. 

Con pasos mesurados, se acercó a la fuente y se sentó en la orilla para iniciar un diálogo, y conversar. Con cuidado eligió las palabras y dijo: Sabes, puede que tengas razón, pero conozco brujas muy hermosas, así como la Maléfica de ojos verdes centelleantes, con unas alas enormes que le permiten volar y hacer encantamientos a su antojo. O como la fea vieja encorvada y fachosa de manos huesudas y uñas largas que ofrece una manzana hechizada para producir un letargo parecido a la muerte. ¿Recuerdas? La criatura que estaba reclinada jugando con el agua se puso de pie; entornó los ojos al cielo y respondió que realmente había visto a muchas brujas, algunas eran bellas pero muy torpes, otras muy listas pero temerosas de un amo que las controlaba… en una película aparecía una que hacía trampa y se burlaba de todos hasta que su misma magia le jugó en contra y se enfermó de un resfriado… Ahora que lo pensaba había de todo tipo, pero todas eran mujeres.

La mujer mayor emitió una enorme sonrisa, y no perdió tiempo para comentar: Pues sí, efectivamente al parecer todas las brujas son mujeres. Pero no te parece que los magos de algún modo son parecidos a las brujas; hacen lo mismo, y son hombres. De inmediato la pequeña señaló: Ellos no usan tanto sus manos, casi siempre consiguen una varita mágica, ¡y con movimientos fuertes y precisos ¡ZAZ! aparecen o desaparecen cosas; se enfrentan con monstruos furiosos y casi siempre les ganan. ¿Casi? Preguntó la señora. Pues sí, contestó la niña, les ganan o huyen. Por eso las brujas son más poderosas…De pronto las dos escucharon el llamado de la mamá que regresaba a casa. Saludó con un fuerte abrazo a su hija y a la señora que con mucho cariño correspondió el saludo, la felicitó por lo bien que se encontraba su hija. Muy despierta,comentó, con argumentos dignos de “gente mayor”. La verdad, contestó la mamá, Coralillo se ha vuelto muy traviesa y rebelde. Su imaginación la lleva a otros mundos; se ha convencido de que las brujas existen, y todo el tiempo relaciona lo que ve con eso. Cuando tengo la paciencia la escucho, pero es absorbente, demanda toda mi atención y mi cansancio del trabajo aunado a sus ideas me agota.

Te entiendo contestó la invitada, y por eso tal vez piensa que las brujas son mujeres. ¿Te digo algo? Tiene razón. Pero si te has fijado, en las historias que relatan aventuras imaginarias,  el modelo resaltado de belleza, delicado y obediente, ha cambiado. Ahora está lleno de heroínas aguerridas, indomables y salvajes.; con diferentes tonos de piel y vestimenta; en ambientes de tierra, agua, aire y fuego. Me preocupa un poco lo “indomable y salvaje” que por otro lado también se asume como valentía, arrojo y atrevimiento. La mamá agregó: ¡Y que lo digas! Para colmo su papá la alienta. Le compra cuanta cosa se le ocurre, ya no sé si porque lo deje un rato en paz o porque entiende que ES la era femenina. El haber tenido una hija le causó una confusión terrible. Tuvo que enfrentar desde burlas solapadas hasta confrontar sus propias ideas de género. La amiga interrumpió: ¿y, tú? ¿Te has preguntado cómo entiendes lo que has dicho?

La era femenina… que no del género sino de LO femenino. Señales por todas partes, aunque difíciles de entender. La creencia popular de adjudicar por separado cualidades inflexibles en los estereotipos humanos de hombre/mujer es causa de confusión perniciosa. Es constante el refuerzo de las características que describen fragmentado a un ser, que en una idea superior, integra las fuerzas activas y pasivas que lo hacen poderoso. Por eso son tan atractivas para los niños las historias de los magos que se visten con capas de estrellas y las brujas o hadas que usan varitas mágicas para transformar todo tipo de cosas. La inocencia de tu hija tiene un fondo en donde prevalece lo simple de la Sabiduría que se viste con capas que vuelven invisibles al que las porta; entiende lo mágico de las varitas en manos ágiles y poderosas sin distinción de género…Pero a veces se pregunta en la vida cotidiana, por qué les agobian a otras mujeres de cualquier tamaño y figura, el rol de ama de casa; les incomodan actividades empresariales que las comparan y retan en su capacidad, sin pensar que la lucha constante por el reconocimiento fincado en la competencia afecta por igual a los estereotipos aprendidos de hombre/mujer bajo la crítica ignorante, soberbia que los encasilla y afecta a todos.

Por eso quizás solamente las brujas y los magos de todos los tiempos han podido lidiar con monstruos de muchos ojos, que escupen fuego, y tienen la mirada nublada por la ira y el deseo de dominio oculto en la oscuridad. Debe ser grande la frustración por el desconocimiento de su identidad. Enorme el desafío para superar la ignorancia enquistada por temores colectivos; confusión de hombres y mujeres por igual. Tu hija es una gran maestra. Insiste a su corta edad que las brujas son mujeres porque las han vestido de rosa, tonos pastel sutiles que suponen fragilidad. Pero recuerda los conflictos que por esos colores te distanciaron en un momento de tu esposo y hasta de las familias; por esas apariencias hubo enojo y sufrimiento en los tres. Observa la complacencia que persiste para el hijo/hombre, pero ha puesto en claro que por éso “a veces” ganan los monstruos, y las brujas los enfrentan a pesar de que no tengan capas de invisibilidad, realmente es sorprendente…

La carrera de la niña las distrajo, sus gritos alegres y emocionados les llamaban. ¡Vengan pronto! ¡Los he visto! ¡Viven juntos en la fuente, alimentan a mis peces! Son todos transparentes. Han salido y traspasaron los muros del jardín. Me han dicho que esperan cada noche la aparición de la luz para dirigir con sus rayos los pasos de los que despiertan, pero todavía tienen que trabajar en las sombras. Las mujeres se miraron mutuamente asombradas, y voltearon para contestar al mismo tiempo el saludo del esposo que llegaba. El abrazó a la niña; correspondió a las sonrisas de bienvenida, e hizo un gesto de pregunta en silencio por las caras que lo contemplaban. Su hija de inmediato le preguntó si había comprado el libro para leer en la noche, ahora le interesaba mucho imaginar las armaduras de hierro, los caballos desbocados, las murallas resistiendo la embestida de los arietes formados con troncos tallados de cabezas de carneros, y dragones; las catapultas lanzando bolas ardientes del fuego que derriten a los enemigos. 

La mujer se puso de pie; le causó mucha alegría saber que clase de explicaciones podrían surgir por parte de la pareja para comprender la inquietud de su hija. Aprovechó para despedirse diciendo: Historias para niños pero, ¡Muy interesantes!

INCREÍBLE

 La plática transcurría entre un grupo de personas que decían ser compasivas para su comunidad y sobre todo para la gente más cercana de familiares y conocidos. Quien tomó la palabra comenzó con voz pausada: Quiero describir en primera instancia los hechos sin la carga emocional que genera respuestas de sobre reacción. Es personalmente una lección de vida ante situaciones que nos señalan; preguntas sobre lo que criticamos; justificaciones para desviar la culpa o la vergüenza de acuerdo con lo que sabemos es una doble moral. Es un asunto de los que se catalogan generalmente como algo increíble. Un tema que reta al ego como un desafío de supervivencia o inclusive de salud mental. Me refiero a los juicios que se emiten para las personas a quienes ni siquiera conocemos su historia de vida, pero se presentan en el camino como una prueba para la famosa empatía que sugiere la convivencia humana.

Hace un par de meses, recibí una llamada telefónica, era una persona que conocía nuestro grupo. Supongo que la primera vez marcó mi número de teléfono al azar de la lista de contactos, pero de inmediato reconocí su voz apagada con la súplica de apoyo. Me dijo que necesitaba ayuda económica para preparar un pedido de unos clientes, le faltaba dinero para comprar unos ingredientes y cumplir con lo que le habían encargado. Su llamada provocó mi disgusto puesto que con anterioridad ya había yo ayudado en diferentes asuntos y cantidades que realmente eran mínimas, pero a veces servían para completar mis propias cuentas. Así que de muy mala manera le cuestioné por qué nuevamente requerían ayuda; como un sermón le dije que, desconocía sus gastos, pero de sus ingresos bien podían prever o aumentar de alguna manera lo que ganaban… con cada crítica, aumentaba mi enojo para señalar lo incómodo que resulta que alguien crea que pedir prestado o que le regalen dinero era una manera de sobrellevar sus responsabilidades… Del otro lado de la línea ni se me ocurrió imaginar los sentimientos de quien escuchaba sin decir una palabra.

Finalmente le solicité el numero de la cuenta bancaria para hacer un depósito bajo la advertencia de que era realmente molesto oír sus razones para terminar en lo mismo cada determinado tiempo, por lo que sería la última vez que accedería a su petición. Tomé nota y colgué con mal humor. Retrasé el depósito hasta casi “que me diera la gana hacerlo” y me olvidé del asunto con un malestar general. La sobre reacción ante lo que consideraba falta de responsabilidad, flojera, ignorancia, y demás calificativos puso en evidencia mi propia falta de control emocional y prejuicios de todo tipo. Sobre todo, me molestaba que yo “tuviera” que sentir tales emociones negativas, como miembro de un grupo especial, comprometido y amable ante las necesidades de los demás. Por la tarde noche ya un poco más calmada, reconocí que había exagerado mi reacción. Pero al mismo tiempo me justificaba diciéndome que lo que tenía, me lo ganaba con esfuerzo, que evitaba hacer gastos, y a veces hasta me limitaba en comprar cosas que realmente me gustaban con tal de tener un ahorro o prever alguna situación que requería dinero en efectivo. Total, que el asunto de la llamada y mi respuesta se repitió mentalmente hasta el cansancio. En resumen, con un lío mental terminé el día muy  intranquila. 

Pasó una semana de aquello; mi amiga "M", omito su nombre, me invitó a ir de visita con unas personas que le dieron hospedaje cuando tuvo que ir a un lugar para hacer unos trámites urgentes. Les iba a llevar un presente de agradecimiento por su hospitalidad y el trato amable que le brindaron. En mi mente surgió el pensamiento sobre lo complicado de tener a un huésped en casa. Trastorna la rutina y de alguna manera hay que estar al pendiente de sus salidas, entradas, comprar algo más de comida, cambiar actividades de horario y un sinfín de incomodidades. Ella me platicaba que aun que esta familia carecía a veces de lo esencial, eran personas atentas y se ganaban la vida de la manera que se presentara, era un matrimonio bien avenido, tenían dos hijos, quienes estudiaban y trabajaban al ritmo que se podía. Es decir que colaboraban todos; si había que suspender los estudios; buscar trabajo para sobrellevar crisis de salud; falta de recursos para materiales escolares, así como ropa o calzado para asistir a la escuela, hacían un alto para ver qué hacer,  y retomaban cada uno su rutina hasta que hubiera mejores circunstancias.Me platicó detalles que en mi entorno jamás se hubieran presentado. Carencias de todo tipo como el ambiente “normal” para todos ellos. 

Nuevamente mi tendencia a la crítica me distrajo en pensamientos para descalificar. En mi esquema social la falta de esfuerzo, la casi costumbre de tener problemas que padecen muchas personas se debía a su ignorancia, falta de empuje, coraje, y un sinfín de etiquetas negativas. Mis pensamientos descarriados se daban vuelo para señalar y criticar a ese tipo de personas…

Cuando llegamos al domicilio salió a nuestro encuentro una pareja de mediana edad, dándonos la bienvenida. Nos invitaron a pasar, ofrecieron agua, y nos invitaron a sentarnos en unos sillones maltratados. Mi amiga empezó a agradecerles,  les relataba sus peripecias con la burocracia y de los requisitos casi interminables para conseguir el sello que requería. Mientras tanto, comencé a divagar entre lo que oía y me habían dicho del ambiente de la casa en la cual no había agua caliente por falta de gas; tenía una serie de faltantes en servicios y reparaciones, pero que, al decir de sus habitantes, incluida mi amiga, era un hogar que apreciaban mucho dadas las circunstancias de empleo, atención de los hijos, enfermedades de la pareja, y demás. Lo que para mi, resultaba increíble, agobiante.

En otro momento, el esposo tomó la palabra, para relatar que últimamente se encontraba mejor de una especie de marcas que habían estado en carne viva, muy difíciles de cicatrizar. El dolor que le causaban era constante, pero comentó que afortunadamente poco a poco, estaban cicatrizando. Como algo casual, recordó que cuando era niño, sus padres lo habían llevado a un lugar en dónde le hacían pruebas de formulaciones farmacéuticas para afecciones en la piel. Él estaba sano y desconocía para qué iban a ese lugar. Le decían que solamente dejara que  el personal de batas que ahí trabajaba, le pusieran pomadas, ungüentos, o lo que fuera. Al terminar, otros empleados, lo sacaban para que sus padres se lo llevaran. En su voz no se advertía ningún tono de reclamo. Se preguntaba si tal vez esos procedimientos estaban relacionados con su “enfermedad” que a veces se calmaba y otras se exacerbaba sin motivo aparente. Para constatar su dicho se levantó; nos mostró la piel seca y agrietada de sus brazos y manos, también en su espalda había lesiones que si se abrían, eran sumamente dolorosas hasta por el rose de la camisa… dijo que se había acostumbrado a padecer casi como un ritual; aguantar las crisis, y esperar la mejora mientras tenía que trabajar sin descanso para solventar los gastos con el apoyo de su esposa e hijos.

Cada palabra que el señor pronunció capturó mi atención hasta el punto de llegar a comprender uno de tantos motivos que la gente tiene para pedir ayuda. A partir de aquel relato fue imposible seguir con la actitud de queja para cualquier persona. Realmente el enojo que había personalmente demostrado, con quien me había solicitado ayuda, me heló la sangre. Fue como presenciar un diálogo propio, con el mismo ente del mal que se apropia de la conciencia; pone en tela de juicio el actuar sin consideración, con ignorancia y egoísmo extremo. En dónde aplicaba la empatía que era el lema de grupo de “ama a tu prójimo o al que tengas más próximo”. Para qué las reuniones que planeaban ayudar a los necesitados. Entendí qué lejos está la teoría de la compasión con la realidad lacerante que nos encara para corroborar la imagen idealizada de bondad inexistente. Me había tocado una prueba  “de a deveras” y prevalecieron los prejuicios, la insensibilidad hacia otros. Sin duda existen en paralelo diferentes estados de conciencia y de humanidad que pasan desapercibidos, hasta que conoces otras realidades. 

La mujer terminó su narración y esta vez no hubo aplausos ni felicitaciones.  El ambiente estaba tenso, posiblemente se contagió lo helado de la sangre, al confrontar a la indiferencia y la molestia que le causaba a cada escucha en su particular comodidad. Una persona levantó la mano para replicar: Querida socia, no tienes porqué sentirte culpable ni avergonzada. Los que participamos en este grupo trabajamos duro para ganar lo que tenemos, nadie nos regala lo necesario para comprar lo que hace falta. Su discurso pretendía ser conciliador, en su opinión no había porqué ni culparse ni sentir vergüenza. Para muchos, dijo, es más difícil supervivir, pero las circunstancias adversas se presentan, para superarse y salir adelante. Te consta que algunas veces ni para nuestro grupo se da la ayuda como se quisiera.

 La audiencia se quedó muda y por un momento permanecieron en sus lugares. Increíble comentaron algunos que se pusieron de pie para retirarse dando por terminada la junta.

A Salvo

 Le habían dicho que, si tomaba el contenido de ese frasco, estaría a salvo… Pero ahora tenía enfrente a esa entidad que también sostenía en sus manos una réplica con el mismo líquido y lo contemplaba absorto mirando de reojo su reacción…

Todo comenzó cuando se dio cuenta que lo que enseñaba, cada vez era más cuestionable. Su vida había transcurrido en repetir ideas que hasta entonces eran útiles para lograr un modo de vida de acuerdo con las normas de su entorno, pero cada vez eran más lejanas a diversas realidades en la medida que se atrevió a conocer otros lugares, a confrontar otras creencias y a imaginar alternativas. Su entusiasmo inicial por transmitir lo que se esperaba del comportamiento en su comunidad, además de que a veces resultaba contraproducente ahora se había transformado en indiferencia. Al parecer se estaba formando un ambiente en el cual las reglas establecidas habían servido para ocultar una amplia gama de maneras de ser, o tal vez de un ser, que puede elegir su actuar sin un entorno limitado. Esta disyuntiva era muy confusa. Se sabe que para crear algo hay que diseñar un marco de referencia; hay que dar un orden, o mejor respetar un orden que funciona por sí mismo, y lo que corresponde es entenderlo para construir en equilibrio lo que cada uno descubre tiene para aportar. Sin embargo, eran crecientes los enfrentamientos y cuestiones que en conjunto provocaban separación.

Era urgente encontrar respuestas, las evidencias de deterioro en áreas consideradas sagradas, universales, eran amenazadas bajo el criterio de someter, de dominar. Las líneas de acción necesariamente implicaban dividir en partes para resguardar lo importante, lo valioso, en una paradoja de clasificación, lo que en principio es único y completo. Así que ahora el desafío era personal dentro de un conjunto complejo. No obstante, persistía la certeza de un todo unificado. Así como el símbolo de infinidad de círculos entrelazados con un principio compartido en una estructura interconectada para dar sentido a la vida, que es independiente y a la vez encuadra una forma infinita. Las primeras veces que esta visión aparecía, su ánimo para compartir esta experiencia sobrepasaba la incertidumbre que aparecía en los rostros de quienes escuchaban. Pero también advertía el poco interés que causaba en otros que con obediencia oían, pero preferían distraer su atención con pensamientos más atractivos.

Por lo tanto, llegó un momento en dónde ya no quiso continuar con aprendizajes y enseñanzas que le resultaban absurdos. El riesgo era grande porque posiblemente no tendría cabida en ninguno de esos terrenos cercados que eran lo usual para mantenerse estable con un modo de vida seguro. Pero era inevitable atreverse; había visto de frente a personas con la mirada perdida; gente que sufría su vida convencida de un destino ineludible; liderazgos de todo tipo que allegaban seguidores convencidos de ignorar hechos para imponer modelos distorsionados que les reportaban la curiosidad y el sometimiento. Sin duda era más cómodo dejar que otros tomen las decisiones cuando el panorama era incierto y atemorizante. Hay tanta historia en cada experiencia que se entiende la dificultad de ver con claridad. Pero de una cosa estaba cierto, que la vida es un continuo de momentos, igual que la evolución fincada en procesos destructores que pueden intimidar, pero que definitivamente cambian el rumbo para volver a construir.

Justamente en uno de esos momentos se vio con aquel frasco pequeño en sus manos, para decidir hacia dónde emprender el sendero, esa palabra que lo había seguido tanto como se encuentra lo que se busca… En su propio laberinto de pensamientos y realidades, como las películas que se filman entre la imaginación de un cineasta ansioso por compartir una visión multiplicada en el caleidoscopio que cada uno mira y le da vueltas para obtener una imagen fragmentada, colorida, que a su modo adquiere una forma con un significado satisfactorio y lo hace feliz, por un momento; sólo un momento que se difumina al salir de la

sala de proyección para retomar un camino conocido hacia la casa, el trabajo, las relaciones de amistad, del vecindario o la sociedad. Puffff! Que complicado… Entonces afinó con gran sorpresa, la mirada hacia la entidad que se acercaba, con la familiaridad de un conocido, desplegando una sonrisa y haciendo gestos de cordialidad. ¿Qué te ha parecido la presentación que elegiste? ¿Verdad que es espectacular? Sabes cuanto tiempo me ha llevado armar todo el escenario para complacerte y poder ahora hacerte la pregunta, insisto: LA PREGUNTA, ¿Te quedas o te vas? Ya no podía esquivar al personaje, aunque su aparición era como en un acto de magia. ¡Cómo era que se lo ponía delante para impedirle el paso, pero con la intención de dejar libre su decisión hacia… nadie sabía hacia dónde! Con la incógnita presente, agradeció la distinción de los arreglos, la paciencia de la espera, y al fin confrontó al que lo interrogaba: ¿Se puede saber quién eres? De dónde has salido, y con un ademán de reto finalmente preguntó; ¿Te conozco? Estoy en una encrucijada de suma importancia, deseo entender, después de haber creído que sabía, y reconozco que es sorpresivo cada encuentro, cada situación y para colmo apareces de improviso, tan cercano, que me inquieta a qué has venido y para qué te plantas enfrente mío.

El personaje se quedó maravillado. Podría decirse que enternecido, puesto que, con calma, pero con firmeza levantó la mano para mostrar el frasco pequeñito idéntico al que su interlocutor guardaba, y comenzó un monólogo. Que quien soy, que de dónde he salido, para qué he venido, y si me conoces… ¡Sabes? Te podría dar mil respuestas a cada una de tus preguntas y no obstante te quedarías con un millón de nuevas interrogantes y tal vez con las mismas preguntas iniciales. Pero bueno, es comprensible tu inquietud. No te parece, sin embargo, ¿que algo de familiaridad tenemos al conservar como precioso el frasco pequeñito que guardas en tu bolsa? Escúchame ahora, voy yo. ¿Quién te crees que eres? ¿De dónde has venido?, y agrego, ¿hacia dónde vas?

Me queda claro que has evocado el símbolo de la Flor de la Vida, uno de los componentes que encierra la preciada esencia que atesoras. Sin embargo, desconoces y a la ves sabes que las líneas que la forman se entrelazan en instantes. Dónde empieza y dónde termina se confunde, en esa red de belleza y equilibrio, que al final es armoniosa y te permite tomar el trazo que elijas para seguir un sendero propio. Para tu tranquilidad sea cual sea el punto de partida, es el centro quien domina. Ningún fragmento es completo ni se unifica si pretende en un fragmento abarcar lo infinito de su forma. Sé que has renunciado a tu enseñanza, que deseas un aprendizaje mejor y más enfocado hacia un fin que como has gritado, nadie sabe. Pero te das cuenta de que, aun así, estás dispuesto a continuar, cuidas un frasco del cual ignoras su contenido y su procedencia, igual que yo, que te he esperado; colaboro sin que sepas a generar tus escenarios; te acompaño a todas partes; hasta he aceptado el mismo frasco como señal para encontrarnos. Sin decir más se quedó en espera.

El silencio se convirtió en un remanso de paz. Volvió a su mente quien le había dicho que si tomaba el líquido del frasco estaría a salvo. En un instante las preguntas que se revolvían en su mente se alinearon como un rayo luminoso. Con toda su valentía se movió hacia el personaje callado y lo invitó a acompañarlo. Se dirigieron hacia un precipicio imponente desde cuya altura la visión mostraba despejada la distancia, la profundidad entre los valles y las montañas. La vista era magnífica. Sacó el frasco pequeño de su bolsa y le pidió a su acompañante que juntos vertieran el líquido en la profundidad sobre la que se encontraban y utilizó pocas palabras para declarar que todo está en su lugar en el momento preciso. Que estaban a salvo.