A Salvo

 Le habían dicho que, si tomaba el contenido de ese frasco, estaría a salvo… Pero ahora tenía enfrente a esa entidad que también sostenía en sus manos una réplica con el mismo líquido y lo contemplaba absorto mirando de reojo su reacción…

Todo comenzó cuando se dio cuenta que lo que enseñaba, cada vez era más cuestionable. Su vida había transcurrido en repetir ideas que hasta entonces eran útiles para lograr un modo de vida de acuerdo con las normas de su entorno, pero cada vez eran más lejanas a diversas realidades en la medida que se atrevió a conocer otros lugares, a confrontar otras creencias y a imaginar alternativas. Su entusiasmo inicial por transmitir lo que se esperaba del comportamiento en su comunidad, además de que a veces resultaba contraproducente ahora se había transformado en indiferencia. Al parecer se estaba formando un ambiente en el cual las reglas establecidas habían servido para ocultar una amplia gama de maneras de ser, o tal vez de un ser, que puede elegir su actuar sin un entorno limitado. Esta disyuntiva era muy confusa. Se sabe que para crear algo hay que diseñar un marco de referencia; hay que dar un orden, o mejor respetar un orden que funciona por sí mismo, y lo que corresponde es entenderlo para construir en equilibrio lo que cada uno descubre tiene para aportar. Sin embargo, eran crecientes los enfrentamientos y cuestiones que en conjunto provocaban separación.

Era urgente encontrar respuestas, las evidencias de deterioro en áreas consideradas sagradas, universales, eran amenazadas bajo el criterio de someter, de dominar. Las líneas de acción necesariamente implicaban dividir en partes para resguardar lo importante, lo valioso, en una paradoja de clasificación, lo que en principio es único y completo. Así que ahora el desafío era personal dentro de un conjunto complejo. No obstante, persistía la certeza de un todo unificado. Así como el símbolo de infinidad de círculos entrelazados con un principio compartido en una estructura interconectada para dar sentido a la vida, que es independiente y a la vez encuadra una forma infinita. Las primeras veces que esta visión aparecía, su ánimo para compartir esta experiencia sobrepasaba la incertidumbre que aparecía en los rostros de quienes escuchaban. Pero también advertía el poco interés que causaba en otros que con obediencia oían, pero preferían distraer su atención con pensamientos más atractivos.

Por lo tanto, llegó un momento en dónde ya no quiso continuar con aprendizajes y enseñanzas que le resultaban absurdos. El riesgo era grande porque posiblemente no tendría cabida en ninguno de esos terrenos cercados que eran lo usual para mantenerse estable con un modo de vida seguro. Pero era inevitable atreverse; había visto de frente a personas con la mirada perdida; gente que sufría su vida convencida de un destino ineludible; liderazgos de todo tipo que allegaban seguidores convencidos de ignorar hechos para imponer modelos distorsionados que les reportaban la curiosidad y el sometimiento. Sin duda era más cómodo dejar que otros tomen las decisiones cuando el panorama era incierto y atemorizante. Hay tanta historia en cada experiencia que se entiende la dificultad de ver con claridad. Pero de una cosa estaba cierto, que la vida es un continuo de momentos, igual que la evolución fincada en procesos destructores que pueden intimidar, pero que definitivamente cambian el rumbo para volver a construir.

Justamente en uno de esos momentos se vio con aquel frasco pequeño en sus manos, para decidir hacia dónde emprender el sendero, esa palabra que lo había seguido tanto como se encuentra lo que se busca… En su propio laberinto de pensamientos y realidades, como las películas que se filman entre la imaginación de un cineasta ansioso por compartir una visión multiplicada en el caleidoscopio que cada uno mira y le da vueltas para obtener una imagen fragmentada, colorida, que a su modo adquiere una forma con un significado satisfactorio y lo hace feliz, por un momento; sólo un momento que se difumina al salir de la

sala de proyección para retomar un camino conocido hacia la casa, el trabajo, las relaciones de amistad, del vecindario o la sociedad. Puffff! Que complicado… Entonces afinó con gran sorpresa, la mirada hacia la entidad que se acercaba, con la familiaridad de un conocido, desplegando una sonrisa y haciendo gestos de cordialidad. ¿Qué te ha parecido la presentación que elegiste? ¿Verdad que es espectacular? Sabes cuanto tiempo me ha llevado armar todo el escenario para complacerte y poder ahora hacerte la pregunta, insisto: LA PREGUNTA, ¿Te quedas o te vas? Ya no podía esquivar al personaje, aunque su aparición era como en un acto de magia. ¡Cómo era que se lo ponía delante para impedirle el paso, pero con la intención de dejar libre su decisión hacia… nadie sabía hacia dónde! Con la incógnita presente, agradeció la distinción de los arreglos, la paciencia de la espera, y al fin confrontó al que lo interrogaba: ¿Se puede saber quién eres? De dónde has salido, y con un ademán de reto finalmente preguntó; ¿Te conozco? Estoy en una encrucijada de suma importancia, deseo entender, después de haber creído que sabía, y reconozco que es sorpresivo cada encuentro, cada situación y para colmo apareces de improviso, tan cercano, que me inquieta a qué has venido y para qué te plantas enfrente mío.

El personaje se quedó maravillado. Podría decirse que enternecido, puesto que, con calma, pero con firmeza levantó la mano para mostrar el frasco pequeñito idéntico al que su interlocutor guardaba, y comenzó un monólogo. Que quien soy, que de dónde he salido, para qué he venido, y si me conoces… ¡Sabes? Te podría dar mil respuestas a cada una de tus preguntas y no obstante te quedarías con un millón de nuevas interrogantes y tal vez con las mismas preguntas iniciales. Pero bueno, es comprensible tu inquietud. No te parece, sin embargo, ¿que algo de familiaridad tenemos al conservar como precioso el frasco pequeñito que guardas en tu bolsa? Escúchame ahora, voy yo. ¿Quién te crees que eres? ¿De dónde has venido?, y agrego, ¿hacia dónde vas?

Me queda claro que has evocado el símbolo de la Flor de la Vida, uno de los componentes que encierra la preciada esencia que atesoras. Sin embargo, desconoces y a la ves sabes que las líneas que la forman se entrelazan en instantes. Dónde empieza y dónde termina se confunde, en esa red de belleza y equilibrio, que al final es armoniosa y te permite tomar el trazo que elijas para seguir un sendero propio. Para tu tranquilidad sea cual sea el punto de partida, es el centro quien domina. Ningún fragmento es completo ni se unifica si pretende en un fragmento abarcar lo infinito de su forma. Sé que has renunciado a tu enseñanza, que deseas un aprendizaje mejor y más enfocado hacia un fin que como has gritado, nadie sabe. Pero te das cuenta de que, aun así, estás dispuesto a continuar, cuidas un frasco del cual ignoras su contenido y su procedencia, igual que yo, que te he esperado; colaboro sin que sepas a generar tus escenarios; te acompaño a todas partes; hasta he aceptado el mismo frasco como señal para encontrarnos. Sin decir más se quedó en espera.

El silencio se convirtió en un remanso de paz. Volvió a su mente quien le había dicho que si tomaba el líquido del frasco estaría a salvo. En un instante las preguntas que se revolvían en su mente se alinearon como un rayo luminoso. Con toda su valentía se movió hacia el personaje callado y lo invitó a acompañarlo. Se dirigieron hacia un precipicio imponente desde cuya altura la visión mostraba despejada la distancia, la profundidad entre los valles y las montañas. La vista era magnífica. Sacó el frasco pequeño de su bolsa y le pidió a su acompañante que juntos vertieran el líquido en la profundidad sobre la que se encontraban y utilizó pocas palabras para declarar que todo está en su lugar en el momento preciso. Que estaban a salvo.

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