Si hay algo terrible es que pase desapercibido lo que te daña. Es increíble el poder destructivo que a todas vistas existe y que sin embargo se esconde de la mirada del que poco a poco sucumbe en sus garras…
El Concurso había convocado a quienes tuvieran una historia congruente dentro del contexto de las tradiciones, costumbres y leyendas de un pueblo, con la intención de mantener vivos sus principios de vida ejemplar. El jurado era muy peculiar. Un solo personaje desconocido para la mayoría. Un ser poderoso, sumamente crítico, imposible de engañar, dado que sabía de la complejidad de las relaciones humanas; la dificultad para sostener una idea; la incoherencia en la práctica de ideales, por el desconocimiento de una identidad superior para realizar una vida plena. Cada determinado tiempo enviaba una convocatoria, le encantaba poner a prueba la imaginación de los aspirantes para constatar el avance de las poblaciones que acudían a su llamado. Tenía previsto un gran premio, lo suficiente importante tanto para alentar al autor, como para mejorar a la comunidad ganadora. Hoy era el día para iniciar las presentaciones. El juez único tenía un palco que dominaba todo el escenario. En principio se leería la obra y con la ayuda de dispositivos audiovisuales se produciría un fondo para animar el relato del presentador, que podía ser el propio autor o alguien contratado para leer el relato.
Con todo preparado dio comienzo el concurso. El primer narrador inició la descripción.
Es la historia de un pueblo muy tradicional… en el fondo se desplegó la imagen de personas con vestimentas sencillas, el centro de un parque, comercios, en un ambiente amigable y de tranquilidad… Es la historia de un encuentro romántico, charlas amorosas sobre formar una familia, el compromiso sellado para ser apoyo, tener los cuidados necesarios de los recursos económicos, dentro de una sociedad fincada en la convivencia de respeto, y todos los requisitos del deber ser… la pantalla de fondo presentaba en serie, las imágenes de una pareja, la celebración de una boda, niños recién nacidos que se transformaban en adolescentes, y jóvenes alegres en escuelas, universidades, adultos en empresas, oficinas, y en la transición una mujer embelesada haciendo las limpieza del hogar… En el palco preferente, el juez escuchaba un poco contrariado el relato y agregó como un monólogo: No obstante, cada día resultaba penoso, cada amanecer se tornaba nublado y frío.
El narrador seguía…Toda la gente que conocía aquel matrimonio comentaba lo bien que se trataban, el esposo con un trabajo estable, ingresos en aumento por su excelente desempeño, lo cual permitía proveer de lo necesario, que alcanzaba incluso, para comodidades extra como viajes al extranjero, regalos costosos, fiestas y podría decirse que lo suficiente para comprar en cualquier momento lo que hiciera falta… en el escenario fulguraban imágenes de autos, aviones, playas, celebraciones de cumpleaños, y toda clase de comodidades… Los ojos del juez que acompañaba el relato empezaron a brillar mucho más que las luces del escenario; en la obscuridad desde su lugar, se proyectaban para opacar las imágenes artificiales que servían de fondo, y con el semblante de enojo completó a su modo la historia: Sí claro, cosas, muchas cosas que se desechan; distracciones temporales con la avidez de acumular y tener cuanto sale al mercado como otra novedad costosa que puede presumirse.
El narrador se sintió desconcertado con los reflejos de las luces que cruzaban por todos lados, pero continuó: La esposa se dedicaba a que su casa se convirtiera en un hogar como le habían enseñado; como la obligación que la caracterizaba. Es decir que el domicilio fuera mucho más que un lugar en donde se habita, sino como un remanso de paz, armonioso, y con las cualidades que la mujer transmite con su encanto a un espacio de belleza, comodidad, elegancia… El escucha en su palco comenzó a tener nauseas, le resultó chocante aquel relato tan empalagoso, lleno de adornos idílicos sobrados de la apariencia que en su saber eran falsos,malas interpretaciones de las fuerzas que gobiernan en integridad a toda la existencia. Con una actitud displicente se acomodó; dejó de prestar atención al relato, y pensó para sí: Te voy a decir lo que realmente he visto, lo que ahora mismo sucede en una casa X que viene a mi memoria. La querida esposa, y el flamante esposo, están a punto del colapso. Tal como sucede en una mezcla desequilibrada que favorece al desorden.
El ente misterioso tenía la habilidad de escuchar y ver por encima de las pretensiones de quienes tenían el descaro de venderle un libreto, inclusive adivinaba los pensamientos. Por lo tanto, cada vez su impaciencia era mayor al escuchar frases como: …la mujer se levanta casi de madrugada a preparar el desayuno para la familia…su esposo y los hijos que han procreado, necesitan alimentos nutritivos, que se antojen a la vista; servidos de manera bonita en recipientes adecuados…se esmera para poner su mejor esfuerzo en el papel de ama de casa aceptado, igual que el rol heredado del comportamiento para cada cada hijo y marido en la comunidad. El juez único con furia contenida elevó su voz y en el teatro resonaron sus palabras: Echa a volar tu imaginación y reescribe si es que puedes, los detalles que detrás de los telones pueden sacarte del cuadro que pretendes venderme como una gran obra. Desecha los libretos que copias y reproduces por ignorancia y comodidad. Se levantó de su asiento y se asomó para observar la reacción de la audiencia.
El ambiente parecía tranquilo, pero más bien de indiferencia. Al parecer ni la presentación hablada, ni las imágenes de fondo y, peor aún, ni su voz potente de amenaza airada provocaban una respuesta. ¡Jamás en sus correrías había visto que su presencia fuera desapercibida! Qué sucedía con esa gente; nuevamente las frases trilladas por siglos estaban presentes; miraban sin ver; oían sin escuchar, posiblemente había llegado caminando sin entender hacia dónde se dirigían sus pasos y finalmente se sentaban cómodamente, para pasar un rato sin sentido. Atraídos tal vez por el rumor de un gran premio o por el morbo de una contienda de la cual eran ajenos en forma y en contenido. Mientras en sus casas representaban roles cada vez más desgastados, con la pretensión de cumplir el deber ser que les habían enseñado; que les funcionaba a medias, pero sin necesidad de esfuerzo, con la complacencia general.
Con un ademan de asombro el ente se desplomó en su asiento. Entre todo este tinglado estaba presenciando su propio destierro; Estaba siendo desplazado por cada una de las personas que formaban los pueblos que había convocado. Los individuos se habían fragmentado a pesar de su advertencia, su dureza para mostrar las señales de la ignominia las había convertido en dramas y comedias para entretenerse, desconocían su posición dentro y fuera de aquel recinto. Qué le dejaban entonces para su labor de generar la destrucción creativa que era el juego que él había diseñado en perfección del equilibrio. El desencanto lo envolvió como un velo denso, la oscuridad, como si fuera posible, adquirió un tono de negrura mucho más profundo, solamente sus ojos conservaron el brillo luminoso propio de su naturaleza inteligente. Salió del palco sin que alguien lo notara, el concurso continuaba y ninguno se dio cuenta de que el juez se había marchado aburrido de palabrerías ;rostros resignados, y perdidos en un vacío inerte.
En la calle sin embargo, se encontró con que se habían reunido varios grupos que charlaban sobre las mejoras que harían en su localidad. Algunos ofrecían materiales de madera, hierro, ladrillos o algo para construir. Otros proponían diseños funcionales para las nuevas necesidades, trabajadores de todo tipo intercambiaba ideas para la acción.¡Vaya! No todo está perdido, se dijo para sus adentros el juez desconocido. Nadie ha convocado a esta otra gente, ni ofrecida recompensa alguna, pero parecen divertidos. Que tal si empiezo a compartirles alguna sombra para su descanso, o un lugar más cómodo para aquietar su entusiasmo. Qué maravillosa es mi labor ante tantas oportunidades. Por un momento creí en el desencanto, sabiendo que estoy al frente; que los matices dentro y fuera me pertenecen. El ente poderoso tomó nuevos bríos, el velo antes denso se tornó ligero y vaporoso con un color sumamente atractivo, al punto que llamó la atención de muchos entre los grupos reunidos, cuyos participantes empezaron a dispersarse para unirse al extraño que entre risas y anécdotas capturaba la atención con su encanto y decía: ¡Si mis amigos! ¡Encanto y desencanto, cualquier cosa hombre! Hay que divertirse. Sus ojos resplandecientes fulguraban otra vez. Qué fácil era retomar su juego. Aunque ésta vez, se aseguraría de mostrarse con mucho más fuerza para que no pasar desapercibido en el letargo apático de la multitud. La destrucción no daría cabida para aquellos indiferentes y resignados. La retomarían los que lo pudieran ver, escuchar y actuar en consecuencia.
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