TRAGICOMEDIA

 De acuerdo. Es incierto lo que sucederá después, pero ahora mismo hay maneras de entender que se muere de muchas formas particularmente por el habla chismosa  y sin un sentido de vida. Sin embargo, es muy complejo encontrar que solamente con contrastes de desequilibrio se vislumbre la experiencia de una evolución eterna. Ni hablar que cada situación implica cosas de supervivencia, instintos que reaccionan al hambre, al frío, y a la protección de cualquier clase de amenaza. En esos estados es imposible un deseo superior. No obstante, lo quieras o no, la dinámica de la existencia funciona, sin atender a la ignorancia, ni a la inconciencia.

Casi siempre el diálogo reiniciaba con alguna cuestión sobre el más allá, cuando en el “más acá” seguían los conflictos reiterados por los sentimientos en contra del comportamiento esperado, en situaciones parecidas, con gente conocida, que se presentaban una y otra vez como una mala obra de teatro que llevara en cartelera toda la vida hubiera o no espectadores. Los involucrados en esta interminable discusión, tenían nombres fuera de lo común casi como indicio de su eterna inconformidad. Madre Selva era muy activa, no esperaba que la vida la pusiera delante de algún desafío, sino que se ocupaba de buscarlo. Su carácter inquieto, deseaba conocer cada rincón de la tierra. Hacía ahorros para que en la primera oportunidad viajara hacia lugares que las guías de turismo no contemplaban, decía que de esta manera llegaba como un supervisor que sin previo aviso, puede darse cuenta de cómo van las cosas realmente, sin la apariencia conveniente para un reporte favorable. Así que en sus andanzas había encontrado territorios inhóspitos, y gente integrada con la naturaleza que por cierto ella calificaba como un modelo de comportamiento de alto riesgo puesto que ahí se atiende al salvajismo; la competencia por supervivir de toda clase de criaturas; con la ley del más fuerte, que sigue vigente sin misericordia.

Ptolomeo Augusto era su interlocutor y, por lo tanto tenía grandes argumentos para rebatir lo salvaje, igual que lo inmisericorde. Entonces se posicionaba en otra narrativa para evocar los grandes avances del conocimiento en las áreas consideradas claves de la evolución humana y anexas. Solía decir esto para aquietar la exaltación de carácter de su prima que se desbocaba en la crítica de lo perverso del modelo natural que una gran mayoría tomaba como referencia de crecimiento o desarrollo. Él pensaba que cada individuo tiene la opción de cambio o adaptación de acuerdo con su propia experiencia. Que hasta el método de prueba y error era válido. Por eso el retraso en adquirir otros comportamientos acordes con la vida en una diversidad de modelos, que sugerían la convivencia en armonía. Esta parsimonia prendía como mecha a Madre Selva con lo cual, el espectáculo de verlos discutir se tornaba una maravilla para los ociosos que por casualidad pasaban cerca de los lugares donde se reunían.

A ver Ptolomeo Augusto, decía Madre Selva. Tanto el comportamiento humano que a mí me parece mejor dicho Inhumano, como lo que calificas de “anexas” es la vida misma, hoy, cada día, un ambiente que después de tanto discurso, me topa con el reiterado drama sobre la queja de alguien porque no lo aman como el quisiera ser amado; que nadie valora lo que en su opinión es lo más valioso que existe; la percepción de gente odiosa al tratar mal lo que merece respeto, y así sigue una lista interminable hasta el hastío y ¡lo peor!, no es una vez que lo escucho sino todo el tiempo, como una grabación de las que se usan para aplazar una respuesta o solución en un asunto, y se repite con innumerables opciones a elegir mediante un aparato para la supuesta comunicación, que en interminable espera queda sin resolver algo…Ptolomeo Augusto respiraba hondo y procuraba responder con una voz suave que invitaba a la comprensión de un ser que se desconoce en principio, a sí mismo; llega al mundo en un estado de indefensión absoluta. Es la única criatura que depende en sus primeros años del cuidado de otros, que, a su vez, han sido cuidados con la suma de un montón de creencias transmitidas como herencias supersticiosas o desequilibrios mentales llenos de miedo, incertidumbre, y anexas. Con lo cual explicaba a Madre Selva, me refiero a ese cúmulo de experiencias incompletas, entornos fraccionados, paradojas

latentes características de un cambio constante. Más aún Madre Selva; ¿has observado que la criatura humana es la única que al ver el fuego gatea, o camina directo a tocarlo sin temor alguno? Luego durante su supuesto desarrollo se convence o lo convencen de alejarse, porque le inducen en prejuicios, manipulado para hacerlo inseguro, le repiten que las llamas pueden lastimar, son peligrosas, “malas” de manera que olvida su primera inocencia, la espontaneidad pura que lo alimentó un día. Sin embargo, en lo profundo de su ser sabe que le pertenece una identidad oculta, que existe con un abrazo lo suficiente grandioso para que en algún momento se atreva a tocar cualquier llama sin quemarse.

Con un gesto cansado Madre Selva soltó un ¡Ufffff! Para proseguir: ¿Sabes? has repetido tantas veces lo mismo, que hasta la idea del cambio para crecer en esa conciencia parece estática. Me recuerda el antiguo modelo terráqueo que se resiste a quitarse de ser el centro del universo. Es tan grande el apego a la materia que la gente se ha adherido a la tierra; la considera su única fuente de satisfacción; su afán queda vacío, aunque adquiera y acumule sin medida lo que alcanza a mirar de reojo, sin importarle ni el más allá ni el más acá. Continúan haciendo historias de terror en luchas con armamentos letales sumamente sofisticados, mientras su atención queda atrapada en telenovelas y series, que sin variar representan dramas de engaños, hipocresía, deslealtad y anexas como tú dices. Sin distinción, cualquier cosa es permitida; nada vale más, que la necedad de salir sin culpa. Entonces prefieren replicar en su propia vida lo que han visto miles de veces y ha llegado a sus oídos por medio de narrativas maliciosas. Han admitido supuestos de amor y desamor que es una perversión quizás de la única fuerza que valdría entender fuera de la ambición de un intercambio egoísta, ventajoso las más de las veces que normalizadas los llevará al vacío y desequilibrio en un círculo vicioso. Para colmo, ¡les sorprende! Se adjudican una frase muy trillada: ¿por qué a mí? Y empiezan dramas aumentados, asumen una posición de víctimas para justificarse y vuelven al mismo camino conocido, con la misma ruta y pretenden tener otros resultados. Así que lo que me dices del avance, en un cambio constante parece imposible.

Ptolomeo Augusto tomó la palabra: Pues, aunque te parezca difícil de entender, lo que ahora declaras indica un avance. El deseo que te mueve para conocer lo que a otros no les importa coincide con el movimiento imperceptible de la evolución que existe. Sin necesidad de que se la exhiba. Pero que deja huellas, y se manifiesta contundente, aunque ciertamente puede decirse que no le interesa ser observada ni necesita del reconocimiento de alguien, ni mucho menos de las masas insensibles. Es el único aliento creador que pasa desapercibido en cuya presencia se invalida la negligencia. Es tan callado que el silencio lo envuelve y aparece de un modo calificado de desastre o de milagro. Tú lo estas viviendo por estar atento, curioso y hasta frustrado. Pero veo que perseveras, lo tienes reconocible de cerca o de lejos con la consigna propia de tener un encuentro más allá de las tragicomedias individuales o colectivas. Por eso te aseguro que volveremos a discutir y será muy agradable escucharte.

Madre Selva replicó: Sé que ahora mismo se revela en nuestro encuentro la certeza de tu idea, la confianza en mi idea. Es consabido que resuena en el tono amable, las palabras dichas con calma y se agradece el coincidir. De algún modo entre el revuelo que me encanta, considero lo apacible como un centro para hacer un alto y recalcular lo andado. Al fin, no voy a aquietarme, no es lo mío, y sé que tampoco es lo tuyo. Entiendo esos dramas inagotables, lo vulnerable de un ser que no termina de madurar; continúa con incertidumbre impuesta, inseguro al sentirse rechazado por sus propios congéneres, que lo empujan a ser fuerte, a la par que se burlan sobre una base débil de conflictos no resueltos guiados por miedos inmemoriales. Así y todo, habrá que enfrentar cada uno con lo suyo, un cambio permanente, ahora con repercusiones determinantes. Comprendo que el fuego también se ha cansado de la espera; se muestra

de frente desafiante; se haya recordado o no la inocencia primigenia, y la confianza para acercarte a él sin perecer.

1 comentario:

  1. La autora ha logrado transmitir de manera magistral el contraste entre las perspectivas de Madre Selva y Ptolomeo Augusto. Su capacidad para presentar temas tan complejos, como la evolución humana, el conocimiento y la naturaleza, de una forma tan accesible y reflexiva es admirable. Me encanta cómo, a través de estos personajes, nos invita a cuestionar nuestras propias creencias y a ser más conscientes del mundo que nos rodea, sin perder de vista la importancia de aprender de las dificultades. El artículo es una verdadera lección de cómo los diferentes enfoques pueden coexistir y enriquecernos mutuamente.

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